Capitulo 5

 

El investigador moderno no es tanto un acumulador de conocimiento sino un generador de problemas. La investigación puede nacer allí donde aparece un problema y es menester hacer conciencia en que los problemas de la ciencia son parciales y por consiguiente lo son también sus soluciones. Al comienzo los problemas son estrechos, o es preciso estrecharlos, aunque a menudo lo más difícil es distinguir cuáles son en realidad los problemas investigables.

La identificación y clara delimitación de un problema con miras a su investigación científica no es cosa fácil de conseguir, pues no existen reglas para ello; el acto mismo de inventar o descubrir un problema es algo que escapa al análisis lógico. Sin embargo, pensar verdaderamente un problema determinado en forma teóricamente significativa y que en principio sea investigable, puede convertirse en una empresa de reflexión muy cuidado y que no suele emprenderse sin un mínimo de vocación.

La actitud problematizadora caracteriza a toda actividad racional y son tareas del investigador tomar conocimiento de problemas que otros pueden haber pasado por alto, insertarlos en un cuerpo de conocimientos, e intentar resolverlos con el máximo rigor, y, primariamente, para enriquecer el conocimiento.

La simple curiosidad no engendra problemas, ya que surgen entonces problemas respecto a procedimientos disponibles y problemas metodológicos. Tampoco basta con tener una técnica para la resolución del problema: es necesario poseer también un conjunto de datos. Pero, aunque la posesión de un acervo de datos, técnicas y teorías es necesaria para plantear y atacar un problema científico, no es suficiente; hay que estar razonablemente seguro de que se es capaz de reconocer la solución una vez que se la ha encontrado. Será necesario estipular por anticipado qué clase de solución va a considerarse adecuada y qué clase de comprobación de la solución propuesta se considerará satisfactoria; de no ser así, es fácil enfrascarse en una investigación estéril o en una discusión sin fin.

Para que la investigación científica sea fecunda hay que añadir una condición de orden psicológico muy importante, a saber, que el problema sea interesante para el investigador y que éste se encuentre bien equipado para estudiarlo; ello requiere una familiaridad previa con las motivaciones científicas cognoscitivas -no personales- del problema. Ahora bien, la familiaridad con el planteamiento de problemas y el desarrollo de una sensibilidad al respecto, dependen tanto de las tendencias del individuo como del estado de la ciencia por la cual se interesa; y esto se caracteriza, no sólo por los logros, sino también por las tendencias y modas del momento.

A este respecto, e infortunadamente, se registra un elemento de superficialidad dictada por la moda, pues la mayoría de la gente gusta de estar al día, no sólo en cuanto a conocimientos sino también respecto de temas mismos. Esto ya no es nada razonable, porque induce un clima de subestimación y consiguientemente la falta de apoyo a una investigación seria pero que no esté de moda. Frente a esta situación, hay que considerar seriamente que el valor de los problemas y de las investigaciones en ellos originadas no depende de los muchos o pocos que los apoyen en un momento dado, sino de los cambios que su estudio podría imponer a nuestro cuerpo de conocimientos.

No se conocen condiciones necesarias que garanticen la fecundidad de un problema, pero todo problema de investigación, si se estudia seriamente, dará algún fruto, antes o después.

Qué viene después de la solución de los problemas? Podría decirse que lo más probable es que el investigador mismo u otra persona suscite inmediatamente, o poco después, toda una nueva serie de cuestiones problemáticas, dudas o inquietudes relacionadas con la resuelta. La investigación es una cadena que se sostiene gracias al carácter imperfecto y sistémico del conocimiento científico: las soluciones obtenidas pueden mejorarse y provocar correcciones en el conocimiento anterior, y a su vez suscitar enteras líneas nuevas de investigación.

Si los problemas considerados se proclaman resueltos, no puede haber nada que progrese. El progreso humano depende cada vez más del investigador que libremente busca problemas , que del sabio que no conoce más que soluciones ya listas; por eso, el reconocer que son problemas los que como fuente inagotable de ideas mantienen en movimiento los procesos de investigación, debe modificar las corrientes de pensamiento y de concepción de la misma, centradas hoy más sobre los datos que sobre lo buscado.

Una organización inteligente de la ciencia, lejos pues de exigir resultados inmediatos, impulsará la investigación de todo problema bien formulado que haya surgido en la imaginación de un investigador competente.

 



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