AGROECOSISTEMA Y CULTURA: UNA FORMA DE ENTENDER LA DIMENSION AMBIENTAL DEL DESARROLO AGRARIO1

Tomás León Sicard2

La reciente aparición del movimiento ambiental y su paulatina inserción tanto a escala global como nacional y regional, ha generado una serie de definiciones e interpretaciones sobre “lo ambiental” que en no pocos casos reducen el término a una visión estrecha del fenómeno, ligado casi siempre con los síntomas externos de deterioro de los recursos naturales. Se cree que lo ambiental es lo físico o lo biológico. En algunos instantes se asocia exclusivamente con los problemas relativos a la contaminación atmosférica o hídrica o con la desaparición de especies de fauna y flora, casi siempre vía deforestación.

La percepción de tales procesos de degradación varía con el grado de interés y educación de los individuos:

Para ciertos ciudadanos que se mueven en determinadas órbitas de trabajo y habitación, los principales problemas ambientales estarán relacionados con la contaminación, el caos en el transporte, los servicios públicos o los niveles de pobreza; otros, agregarán las deficiencias en las dotaciones de infraestructura para las áreas turísticas convencionales y, algunos, con mayor capacidad de consumo, se interrogarán sobre la calidad biológica de los alimentos o la disponibilidad de espacios privados para la recreación.

En el sector rural, los productores se enfrentan con preocupaciones básicas de subsistencia y rentabilidad que, en algunas regiones, posponen o enmascaran los desafíos ambientales. No obstante, es frecuente observar las reivindicaciones comunitarias o individuales en los planos de acceso al crédito, facilidades de comercialización, construcción de infraestructura de servicios, disponibilidad y calidad del agua, propiedad de la tierra y ausencia de alternativas rentables de cultivo. Otros fenómenos como erosión, desertificación y deforestación son invocados con insistencia por técnicos y planificadores del sector agrario.

En la esfera de la decisión política, a su vez, los funcionarios pueden identificar lo ambiental con la dotación de parques naturales, la biodiversidad, los grandes procesos de contaminación hídrica, atmosférica o edáfica, el manejo de cuencas hidrográficas o aún con las transformaciones globales del cambio climático o la destrucción de la capa de ozono.

Sin descartar la presencia de individuos o grupos que entiendan a cabalidad el fenómeno ambiental en cada uno de los sectores de población señalados anteriormente, es claro que, incluso en las esferas universitarias, existen fuertes tendencias reduccionistas que identifican lo ambiental con la degradación física del entorno y que, por lo tanto, ocultan las íntimas relaciones que existen entre la sociedad y la naturaleza. El propósito de este escrito es el de delinear algunos conceptos en torno a lo ambiental, a la luz de los postulados propuestos por una escuela de pensamiento, liderada en Colombia por el profesor Augusto Angel, Maya y que considera la dimensión ambiental en términos de relaciones ecosistema –cultura y complementada con las aproximaciones del ambientalismo complejo del profesor Julio Carrizosa Umaña.

Vale la pena aclarar que estas concepciones no son las únicas interpretaciones teóricas de los fenómenos ambientales. Otras escuelas proponen explicaciones diferentes que en algunos casos, no exentos de interés, chocan contra los enunciados propuestos en estas líneas. La razón es que la teoría ambiental coloca bajo su lupa una enorme cantidad de circunstancias, suposiciones y hechos complejos que pueden o no tener referentes empíricos y que por lo tanto exigen una serie de abstracciones mentales para entenderlos, juego en el cual caben distintas interpretaciones individuales o colectivas.

Los hechos físicos de la naturaleza están ahí, aparentemente inmutables, en equilibrios dinámicos de cambio, regulados por la entropía y perceptibles en función de los logros de los individuos y los grupos humanos, bien sea en el campo de la tecnología, como del pensamiento o de la organización social. Por su parte, los seres humanos se organizan de manera diferente para relacionarse con la naturaleza y entre ellos mismos, generando una enorme colección de intercambios, no solo de materia y energía, sino de valores intangibles y acciones de poder, autoridad y jerarquía. Todo ello en la historia del drama humano.

La teoría ambiental asume el reto de introducirse en estos juegos de múltiples escalas y categorías, para intentar una descripción comprensiva de sus causas y efectos. La percepción ambiental, en últimas, es una herramienta de análisis que ayuda a clarificar las múltiples variables inmersas en las complejas relaciones sociedad-naturaleza y que en la actualidad cobran mayor relevancia dada la intencionalidad de los denominados procesos de planificación del desarrollo y los retos que ello implica para el futuro de la humanidad. Es una manera de entender la realidad, que no es ni el último ni el primer intento que en esa dirección han planteado los seres humanos. Se basa, tanto en el discurso de la ecología en tanto que ciencia de la naturaleza, como en el discurso de la cultura, en tanto que ella explica la adaptación humana.

1 Documento preparado en octubre de 2003 para la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo basado en el artículo: “Las relaciones ecosistema/cultura: una forma de entender la dimensión ambiental” (León, ST. 1996), a partir de una revisión de agosto de 2000.
2 Agrólogo Ph.D. Universidad Nacional de Colombia. Instituto de Estudios Ambientales (IDEA)

 



Universidad Nacional de Colombia
Carrera 30 No 45-03 - Edificio 477
Bogotá D.C. - Colombia

Aviso Legal - Copyright
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN