3. ORGANIZACIÓN SOCIAL (3)
Es difícil, sin embargo, aceptar sin reticencias esta conclusión. Las analogías no pueden tomarse en forma aislada y este es el criterio básico que seguimos en este Curso. El animal humano no está hedió por adición simple de partes. No es un animal al que se le añade la inteligencia individual y además sus características sociales. El hombre es una unidad indisociable. Con el criterio dualista se puede llegar a conclusiones como las que extrae Tiger y Fox que pretenden reducir "el estudio del comportamiento social humano a un subcampo de la zoología comparativa del comportamiento animal". Lorenz, por su parte, deplora que el hombre "no tenga mentalidad de carnívoro", dado que "buena parte de los peligro que lo amenazan provienen del hecho de que es un omnívoro relativamente inofensivo".
Las conclusiones más extremas las ha sacado Morris en su difundido libro "El Mono Desnudo", que es una amena divulgación de las investigaciones etológicas. En un lenguaje encantador quiere convencernos de que los problemas del hombre actual se deben simplemente al "plan mamífero", todavía no suficientemente concluido.
En realidad el hombre no es un mono desnudo, como lo pretende Morris, sino cubierto y armado con el vestido y los instrumentos de la cultura. La respuesta de Callan es clara y la queremos adoptar en nuestra propuesta. "La opinión que yo propongo no acepta estas 'propensiones naturales del hombre', debido a los claros indicios de que la programación genética del mismo lo hace inseparable de 'una' cultura y de 'una' tecnología".
Existen "claros indicios de que la programación
genética hace al hombre inseparable
de 'una' cultura y de 'una' tecnología"
(Callan)La continuidad o no de los comportamientos sociales del hombre se puede apreciar en el ejemplo de la agresión, preferido en el análisis de los etólogos y de los sociobiólogos. La pregunta es simple. ¿La guerra y la agresión humanas siguen las pautas del plan mamífero? En otras palabras ¿hasta qué punto la agresión biológica y por lo tanto instintiva está en la raíz de los controles sociales y consecuentemente de la formación de las organizaciones sociopolíticas? Este es un tema que ha sido extensamente debatido y es imposible seguir en el breve espacio de esta exposición sus incidencias. Varios simposios internacionales se han desarrollado entre biólogos y científicos sociales sobre temas concomitantes y sus resultados no han sido muy satisfactorios.
La posición que hemos asumido es la de que no hay ninguna dificultad en aceptar el análisis filogenético de los comportamientos sociales de la especie humana, con tal de que se comprendan dentro de la compleja estructura cultural aparecida al interior del proceso evolutivo. Las tendencias que vienen de la evolución son asumidas dentro de una compleja estructura de comportamiento que no puede reducirse a sus antecedentes biológicos.
En un contexto ambiental, la pregunta básica se refiere a las diferencias específicas que presentan las formas de organización social con relación a las desarrolladas por otras especies. Desde la perspectiva ambiental, no interesa analizar todos los elementos divergentes que puede presentar la conducta social humana, sino solamente aquellos que inciden en las formas adaptativas al medio. Para ello habría que partir del presupuesto de que la organización social puede considerarse también como estrategia adaptativa.
Este aspecto ha sido relativamente descuidado por los estudios sociales. Hegel y Marx introducen algunos elementos importantes al definir el papel social del individuo y al reconocer que la cultura se construye necesariamente sobre el trabajo de transformación del medio natural. A este esquema hay que incorporarle el concepto de "adaptación" que surge de la biología moderna. No es un concepto fácil de manejar y el abuso que ha hecho de él la sociobiología aplicándolo indiscriminadamente a la conducta social humana lo ha teñido de desconfianza.
Cuando hablamos de "adaptación" no nos referimos al individuo, como lo hacen Malthus, Spencer y los organicistas y sociobiólogos. No estamos imaginando el escenario del mercado social como una lucha competitiva entre individuos, en el que necesariamente se debería dejar triunfar a los más fuertes, para ser fieles al destino evolutivo. Tampoco nos colocamos dentro del "apriori kantiano", queriendo salvar al individuo como motor del desarrollo social ni queremos caer en la "jerga de la autenticidad" propia de la filosofía heideggeriana. Desde ninguna de estas perspectivas, en la que campea el individuo como explicación del hecho social, es posible entender la cultura como estrategia adaptativa.
Para una definición ambiental del hecho social habría que partir de presupuesto de la singularidad de la cultura, ampliamente aceptado por muchos de los científicos modernos. Tal como lo plantea Harris, en las especies animales anteriores al hombre, las innovaciones del comportamiento recaen en el fondo genético y siguen dependiendo de él para su perpetuación. En la cultura humana, en cambio "la misma selección natural ha reducido enormemente el significado del fondo genético para la preservación y la propagación de las innovaciones de la conducta".
De ello resultan dos consecuencias que definen en gran parte las diferencias entre sociedad animal y sociedad humana. Ante todo, el hecho de que los cambios puedan ser realizados dentro de una sola generación, sin necesidad de esperar la transformación del fondo genético. La transmisión de estos cambios culturales se puede lograr sin necesidad de traspaso genético. Un pueblo puede copiar o adaptar rasgos culturales, sin necesidad de intercambio sexual. De allí resulta la capacidad de la cultura para transformar sus instituciones y el complejo andamiaje de sus formas organizativas, sin cambios biológicos que indiquen el cambio en los depósitos de la herencia genética.