3. ORGANIZACIÓN SOCIAL (6)
MEDIO AMBIENTE Y RÉGIMEN DE PRODUCCIÓN AGRARIO
Tal vez uno de los problemas básicos del mundo moderno consiste en abastecer de alimento a una población en continua expansión. Para entender la crisis ambiental, hay que superar los cálculos puramente físicos de la producción de alimentos, y analizar la estructura social de la producción. Ello significa superar el simple análisis malthusiano. Para abastecer de alimento a una población creciente, se han impulsado dos estrategias: la ampliación de la frontera agrícola y la intensificación de la producción
Durante los últimos cien años la frontera agrícola se ha abierto en una extensión superior al área cultivada durante toda la historia. Esta es una de las razones por las que el hombre empieza a comprender los límites del planeta. En efecto, la extensión de la tierra para cultivos no es ilimitada.
La mayor parte de la extensión no dominada todavía por la agricultura moderna se halla ocupada por bosques tropicales en países del Tercer Mundo. No son tampoco tierras baldías. Son suelos ocupados durante milenios por comunidades indígenas que han construido en ellos culturas adaptativas de una gran eficacia. La colonización de estas regiones está destruyendo los últimos vestigios de estas culturas y está talando el cinturón húmedo de la tierra, lo que puede ocasionar el desequilibrio térmico del planeta.
Según los cálculos optimistas de algunos tecnólogos agrarios, en América Latina se podría aumentar nueve veces la tierra actualmente cultivada y cinco veces en Asia. Estos cálculos físicos no pasan de ser meras suposiciones con poco empalme en la realidad y sobre todo, con muy poca visión de las consecuencias ecológicas y sociales que traería dicha ampliación.
Otra solución se busca en el desarrollo de la agricultura intensiva. A pesar de las extensas áreas abiertas al cultivo durante el presente siglo, la mayor parte del aumento cuantitativo de la producción es el resultado de la tecnificación agrícola. A la tierra se le ha hecho trabajar más con subsidios energéticos. En los últimos treinta y cinco años aumentó nueve veces el uso de fertilizantes, treinta y dos veces el de pesticidas y se duplicó la extensión de áreas irrigadas. Con ello se ha podido duplicar las cosechas, aumentar la biomasa de semillas y partes comestibles y disminuir las pérdidas. Es el triunfo de lo que se ha llamado con tono épico, "la revolución verde"
Esta revolución, sin embargo, ha tenido lugar sobre todo en los países desarrollados, que han alcanzado cierto equilibrio en el crecimiento poblacional, y marginalmente en los países del Tercer Mundo. Como lo reconoce el Informe Brundtland, en estas últimas décadas se ha ampliado la brecha que separa la tecnificación de la agricultura entre los países desarrollados y el Tercer Mundo. Esta brecha explica igualmente las diferencias crecientes en la producción. Así, por ejemplo, la media mundial de la producción de trigo de los países en desarrollo es cuatro veces menor que la de los países desarrollados. Mientras un sesenta por ciento de la tierra cultiva en Japón soporta dos cosechas al año, en la India ello sólo es posible en el 15% del territorios cultivado.
Mientras en Nueva Zelandia, un trabajador agrario produce suficiente alimento para cuarenta habitantes, en Nigeria sólo alcanza a producir un excedente de 0.2 sobre el alimento requerido para la dieta personal. Dicho de otra manera, mientras en los países desarrollados, un trabajador agrario produce en promedio 2.170 kilogramos de alimento al año, en los países del tercer mundo sólo alcanza a producir 370 kilogramos. Los países industrializados producen, pues, el 80% del trigo, de la carne y de la leche mundial, y el 60% del maíz.
Estas cifras escuetas quizás ayuden a comprender mejor el grave desequilibrio del mundo contemporáneo y la crítica relación entre población y recursos alimenticios. En efecto, si se considera a nivel global, en ningún otro momento de la historia se había producido tanto alimento, no sólo en términos absolutos, lo que es fácilmente comprensible, sino en relación a la población mundial. A pesar del explosivo crecimiento poblacional, el stock alimentario producido, gracias al programa técnico, alcanzaría de sobra para satisfacer las necesidades biológicas de toda la población. En 1985 se produjeron aproximadamente 500 kilogramos de cereales y granos por habitante a nivel mundial.
Sin embargo, a pesar de esta inmensa riqueza producida o en medio de ella, la desnutrición crece como una de las amenazas más graves del mundo moderno. Según un informe del Banco Mundial la población que está por debajo de las condiciones nutricionales mínimas pasará de 500 millones en la década de los 70 a 1.300 millones en el año dos mil. El acceso a los recursos básicos de alimentación va siendo cada vez más difícil para las poblaciones de los países pobres. En 26 países del África disminuyó el consumo de alimentos básicos per cápita, del año 70 al 84. Mientras la dieta mínima de proteína animal establecida por la FAO es de 7 gramos por día, hay países como Togo, Liberia, Haití, etc. en los que el promedio no sobrepasa el cuatro por ciento.