3. ORGANIZACIÓN SOCIAL (9)
El segundo aspecto que deseamos analizar es el relacionado con la densidad poblacional urbana. Corresponde a otra manera de preguntarse y de responderse sobre los problemas del desarrollo y de responder a la pregunta clásica: ¿cuántos habitantes puede soportar la tierra? En el estudio de la densidad urbana se podrá ver igualmente que esta pregunta carece de sentido, si no se tiene en cuenta la estructura social del asentamiento. No es un problema solamente de números, sino de articulación de las variables culturales. Hay que preguntarse mejor, cuántos son los que verdaderamente viven y cuántos los que sobreviven dentro de la actual estructura del desarrolla urbano.
Con el aumento de la población, su concentración urbana y la intensa explotación del trabajo, aparece la miseria y los primeros problemas ambientales de la ciudad moderna, como la insalubridad o' el hacinamiento, descritos por Engels, con datos recogidos de los archivos públicos. Sin embargo, gracias a la concentración del capital, facilitada sobre todo por la explotación colonial, las ciudades modernas de los países desarrollados pudieron organizarse dentro de un costoso proceso de planificación urbana que dio como resultado la discreta elegancia de la ciudad europea, en la que se combina la tradición cultural con las exigencias de la ciudad industrial.
Algo muy distinto viene sucediendo en el desarrollo urbano de los países del tercer mundo y especialmente de América Latina. El proceso de urbanización de los países industrializados significó un crecimiento más orgánico, en el momento de expansión de la industria y de la modernización de la agricultura. La población excedente se volcó hacia las tierras vírgenes de Norteamérica y en menor proporción hacia otras regiones similares por sus condiciones ecológicas al continente europeo, que pueden caracterizarse como "nuevas europas", como son Australia, Nueva Zelandia y el Cono Sur de Latinoamérica. La industria por su parte se hallaba en expansión y podía absorber parte de la mano de obra expulsada de la actividad agrícola.
Las circunstancias actuales en los países pobres son exactamente antagónicas. El nuevo proceso de industrialización robotizada está desplazando mano de obra hacia el sector terciario o hacia la economía informal. Estas circunstancias han frenado los procesos migratorios desde los países subdesarrollados, ante las políticas proteccionistas de los países ricos dispuestos a defender la ocupación de la mano de obra nativa.
En el Tercer Mundo el flujo poblacional que llega a las ciudades no logra ser absorbido por la producción industrial y pasa a acrecentar la masa de desempleados o las actividades improductivas del comercio informal. Este sector de economía subterránea llegaba a 11 millones en 1970 y desde ese momento ha venido creciendo sobre todo durante la presente década. Se calcula que en algunos países puede ser superior al 25% del empleo total. El CELADE calculaba que el 90% de los inmigrantes a Santiago de Chile no lograban desarrollar ninguna actividad que les permitiese un mínimo ascenso social.
Todo ello se puede mapificar en el espacio urbano por el crecimiento de los suburbios tuguriales. Hay muy pocas probabilidades de que este problema se pueda resolver dentro de los esquemas productivos del actual estilo de desarrollo. Para 1970 se calculaba el déficit de viviendas urbanas en siete millones y en catorce el déficit rural. La sola construcción de las viviendas necesarias exigiría un
porcentaje del PIB que ningún país está dispuesto a invertir, porque no coincide con las exigencias prioritarias del desarrollo, tal como se le entiende en los círculos políticos. Además los grupos marginales crecen a un ritmo que ninguna inversión alcanzará a cubrir. El presidente del BID calculaba en 1967 en un 15% el ritmo de crecimiento anual de la marginalidad en algunas regiones.
Para hacer un justo análisis de los problemas ambientales de la ciudad, es necesario, por tanto, tomar en cuenta la forma como se organiza la centralización urbana, tanto desde el punto de vista ecológico, como social. Por una parte es necesario analizar las transformaciones de los ecosistemas inducidas por el crecimiento de los centros urbanos. Igualmente es necesario considerar la extensa red de captación de excedentes, que articula la ciudad en polos de crecimiento o de miseria, Con muy distintas formas de solucionar o de padecer los problemas ambientales inmediatos. Como lo expresa la sátira de Juvenal, sólo siendo rico se puede dormir en Roma.
Estas pocas reflexiones quizás nos ayuden a comprender que el problema ambiental urbano no se refleja solamente en la contaminación de los ríos, sino que tiene que ver con la malla social en la que se construye el que hacer de la ciudad. Los problemas ambientales no pueden ser entendidos mientras no se analice igualmente la manera como se ha venido tejiendo la red de las relaciones económicas y sociales al interior del perímetro urbano y en íntima relación con el entorno rural agrario y con el medio ecosistémico. Lo mismo se puede decir del sistema de producción alimentaria y en general de las formas agrarias de producción. Con estos dos ejemplos relacionados con los sistemas agrario y urbano se ha podido confirmar quizás la tesis desarrollada en los primeros capítulos de esta parte. No es posible entender el problema ambiental, sin penetrar en las estructuras sociales que hacen posible una determinada forma de apropiación del espacio.