4. EL MUNDO SIMBÓLICO
Hemos visto que la crisis ambiental no es posible entenderla sin comprender las formas sociales de organización. Todavía más difícil de entender es la relación entre el mundo simbólico y la crisis ambiental. El impacto sobre el medio proviene no solamente del paradigma tecnológico, adoptado por cada cultura, o de las relaciones que se establecen en la producción o reproducción social. Depende igualmente de la manera como la sociedad teje su mundo simbólico. La red de símbolos es una de las características básicas de la sociedad humana. Es una red que puede ser trasmitida a través de un sistema codificado, a las generaciones futuras.
El lenguaje y los símbolos son el soporte básico de la producción y de la reproducción cultural. A través de ellos, cada generación recibe las orientaciones básicas sobre las pautas de comportamiento. La actitud que asuma frente al medio, dependerá en gran parte de los moldes culturales recibidos. La ciencia, la filosofía, el derecho, el mito o la poesía son también construcción culturales. Su estudio es igualmente importante para comprender la manera como cada cultura se apropia del medio y lo transforma. A través de ellos cada sistema cultural establece y trasmite las posibilidades o los tabúes que abren o cierran la puerta a la acción y a la creatividad.
Vamos a estudiar, por tanto, en forma muy breve, las relaciones que existen entre el mundo simbólico y un manejo adecuado del medio ambiente.
La capacidad para crear símbolos es posiblemente la característica más aceptada como prerrogativa de la especie humana. Dobzhansky, Monod y el mismo Wilson reconocen el mundo simbólico como una forma evolutiva que difícilmente entra en los esquemas del desarrollo genético. Como vimos, la posibilidad de un lenguaje articulado solamente se consolida con la aparición del Homo Sapiens hace unos cincuenta mil años. Es el último de los caracteres culturales que aparece en el proceso evolutivo.
La palabra es el instrumento fundamental de la cultura. Es el relacionador social, íntimamente vinculado con el instrumento físico. Palabra y herramienta son dos modos diferentes pero articulados de una misma estructura adaptativa. El instrumento físico exige la palabra como su complemento necesario. La herramienta ya de por sí es un relacionador de la experiencia. Como vimos antes, el instrumento sólo llega a serlo en su sentido humano en el momento en que puede ser utilizado en distintos momentos de la experiencia. Un objeto es seleccionado y conservado para ejercer una misma función en el tiempo y en el espacio. Supone la memoria, es decir, la capacidad de abstraer algunos aspectos de la realidad multiforme y relacionarlos para lograr el objetivo de una actividad consciente y unificada. Desde el momento en que un instrumento relaciona diferentes momentos de la experiencia, exige un nombre. La palabra viene a afianzar y a codificar la experiencia técnica del hombre. La palabra surge, por tanto, como una exigencia de la plataforma instrumental.
El símbolo es por lo tanto, el mapa abstracto que organiza la experiencia técnica y social. El logo está íntimamente ligado a la techne, tal como lo entendieron los griegos, para quienes "logos" significa al mismo tiempo acción y pensamiento. La experiencia técnica incluye la capacidad de relacionar la experiencia y de codificarla en el lenguaje. La técnica exige la comprensión abstracta de la realidad. Es al mismo tiempo un presupuesto y una consecuencia de la conciencia.
Por mundo simbólico entendemos, sin embargo, no solamente la palabra que designa el instrumento o la acción, sino la compleja estructura del lenguaje que codifica la experiencia social. Recoge las diferentes miradas culturales sobre el mundo. Sirve tanto para afianzar la experiencia social como para criticarla. Es al mismo tiempo tradicional e innovadora. Parece homogénea, pero oculta todas las contradicciones inherentes a cualquier sistema cultural.
Dentro de esta amplia perspectiva, el mundo simbólico recoge las pautas del que hacer social, organiza el mundo de los significados en un tejido filosófico, articula el lenguaje del conocimiento científico y expresa la sensibilidad poética o el relieve de la experiencia artística. Entendemos por mundo simbólico, por tanto, toda la rica experiencia del hombre, que recoge en el lenguaje escrito, oral o artístico, las múltiples facetas de su experiencia cultural. Es el extenso mapa dibujado por una cultura para orientar los caminos individuales. Sin esta orientación de la geografía simbólica, el individuo no tendría posibilidad de acceso a las condiciones de vida más elementales ni podría recorrer los complejos y muchas veces peligrosos caminos de la experiencia cultural.