4. EL MUNDO SIMBÓLICO (2)
LOS SÍMBOLOS COMO VESTIDO SOCIAL
El mapa simbólico se teje en niveles diferentes. No es un relieve homogéneo y sin contradicciones. Se asemeja más bien a un extraño paisaje en el que se van resolviendo progresivamente las contradicciones de la experiencia social. Una de las primeras facetas que recoge la estructura simbólica en los períodos de formación de una cultura es la relacionada con las pautas del comportamiento social. El derecho o la ética social es una de las primeras etapas de las formaciones culturales.
La normatividad social ofrece los cimientos para la reflexión filosófica. La filosofía ha surgido en muchas ocasiones para definir el ámbito marcado por la normatividad jurídica. La filosofía viene así a justificar o contradecir las normas aceptadas o rechazadas por la experiencia social.
De una manera similar, las diferentes facetas de la expresión literaria corresponden a momentos culturales distintos. La épica se organiza como expresión de los sentimientos de valor, de competencia y de solidaridad en las culturas feudales en las que predomina la guerra caballeresca. La expresión lírica sólo tiene cabida cuando surge la aceptación de la experiencia personal. La dramática expresa las contradicciones de la experiencia de la libertad frente a los grandes imperativos naturales o sociales. Es la segunda fase de la lírica.
Esta sucinta enumeración quiere enfatizar la manera como el tejido simbólico se adapta al cuerpo social en sus diversos momentos de desarrollo. La literatura, el mito, la filosofía o las diversas expresiones del sentimiento artístico o literario no son vestidos que se pueda escoger arbitrariamente en el depósito de la cultura.
Ello se puede comprender con más claridad en algunos ejemplos históricos. La cultura racional griega se inicia con los grande juristas del siglo VII a.C, que reglamentan, en un período de crisis, la normatividad social. El desarrollo de la colonización, que se inicia algunos siglos antes, había modificado profundamente las estructuras del comportamiento social y la cultura requería un nuevo vestido jurídico. Las nuevas pautas del comportamiento social se empiezan a basar sobre los valores defendidos por los comerciantes, antes que sobre la ética del valor guerrero, que predomina todavía en Hornero.
La nueva ética requería, sin embargo, una justificación. El pensamiento filosófico que se inicia poco después de los grandes juristas va a cimentar y a justificar el ámbito de los nuevos valores sociales. Crea una nueva racionalidad, una nueva manera de ver el mundo y la sociedad. Heráclito intenta definir y precisar el concepto de libertad, mientras Anáxagoras establece los códigos para entender en forma distinta el mundo. La nueva ética de la subjetividad explora igualmente a través de la lírica, los nuevos caminos de la sensación, al mismo tiempo que cambian los patrones de la estética. La estatuaria empieza a desprenderse de las masas arquitectónicas.
Este mismo camino de construcción simbólica tiene que recorrer Europa durante la etapa de los Renacimientos. No era necesario, sin embargo, tejer de nuevo los vestidos simbólicos para la nueva etapa cultural que se abría con la conquista del Mediterráneo y la renovación del comercio. Bastaba desenterrar los viejos manuscritos conservados en las bibliotecas monacales. Humberto Ecco ha evocado con poder sugestivo esta etapa de reconquista simbólica. Renace el derecho romano y tras sus huellas tiene que renacer Aristóteles para cimentar el mundo de la nueva polis. La subjetividad lírica de Petrarca no es posible dos siglos antes ni Boticelli puede coincidir con las grandes Iglesias románicas.
La construcción simbólica es, por tanto un complejo tejido que permiten a cualquier formación cultural organizar el árbol de sus genealogías ideológicas. La ciencia no escapa a este destino. Aparentemente representa una elaboración objetiva, sin compromisos con los fantasmas de la cultura. De hecho, es un tejido más en la red compleja de símbolos. Las categorías científicas se elaboran en el contacto con la experiencia técnica o la praxis social. Tiene que abstraer sus categorías de la realidad inmediata, del colorido y de la aspereza contradictoria de la vida diaria. Generalmente la epistemología que subyace a los métodos científicos, pasa desapercibida. Se piensa con facilidad que se ha llegado al final de las ideologías y que en adelante imperará la austera objetividad de la ciencia. Esa esperanza sigue siendo una ilusión. Toda ciencia tiene sus compromisos con la realidad. La física fixista de Newton, justamente criticada por Prigogine obedece con igual sumisión a patrones sociales que las explicaciones biológicas que Darwin toma de Malthus.