4. EL MUNDO SIMBÓLICO (3)
La manera como el hombre se ha relacionado a través de la historia con el entorno natural está reflejado, tío sólo en las construcciones monumentales o en los instrumentos de trabajo recuperados por el esfuerzo arqueológico, sino igualmente en sus mitos, en sus construcciones científicas o en sus condensaciones filosóficas o literarias. El hombre no sólo ha actuado sobre la naturaleza, sino que la ha pensado y sólo ha podido actuar sobre ella, pensándola. En ocasiones se ha defendido de ella, no sólo construyendo diques, sino estableciendo tabúes u organizando filtros ideológicos. Para acceder a ella o transformarla, ha tenido que construir teorías, como ha construido igualmente herramientas. Explorar las máscaras ideológicas del hombre no significa solamente penetrar en su conciencia falsificada, sino igualmente en sus buenas intenciones. Para comprender las relaciones de las sociedades con el medio, es tan importante analizar los hechos, como estudiar las teorías.
Ya en el lenguaje críptico del mito se encuentran escondidas las relaciones de las culturas primitivas con el medio ecosistémico. El mito no es sólo una larga letanía de fábulas inventada por las culturas primitivas. Contiene una primera aproximación a la naturaleza, que desde el punto de vista ambiental, impacta por su cohesión y su forma articulada de comprender las relaciones entre naturaleza y cultura. Hasta el momento se han realizado muy pocos esfuerzos por descifrar el lenguaje del mito desde el punto de vista ambiental.
Los reflejos más antiguos de esta larga historia del hombre, se encuentran conservados de maneras diferentes en la memoria mítica. Algunos acontecimientos impactaron con especial vehemencia la imaginación y se conservaron en muchas tradiciones. Entre ellos, la conquista del fuego, como instrumento de transformación del medio y el hallazgo de la agricultura. El paso a la actividad tecnológica, que significó la transformación de los medios ecosistémicos a través del trabajo, es reflejado por la mentalidad mítica, como el f efecto de un castigo que destierra al hombre de los paraísos primitivos. El paraíso puede ser asimilado fácilmente a las condiciones naturales verdaderas o soñadas, de las cuales se desprende la especie humana a través de la actividad instrumental. En esta forma, la mayoría de los mitos percibe la historia como un proceso regresivo desde una realidad original, que se considera como prototipo de la perfección y de la cual el hombre ha sido desalojado por una fuerza superior.
La aparición de los imperios agrarios trae consigo por igual una radical revolución en las tradiciones simbólicas. En el momento en que el hombre se asegura un espacio urbano independiente, se replantea el concepto del orden. El mundo natural empieza a ser considerado como un espacio caótico que es necesario organizar a través de las grandes obras hidráulicas. El verdadero orden es la nueva racionalidad urbana o las inmensas obras de desecación o de conducción de aguas. Los dioses imitan de cerca los nuevos gustos urbanos. Marduk, que simboliza el nuevo orden, triunfa sobre Tiamat, creador del mundo caótico primitivo. Urubaba, el protector de los bosques, es asesinado, con la complacencia de ambos. El mundo ecosistémico, con su regulada armonía orgánica, queda relegado como un penoso recuerdo primitivo. El paraíso inicial se convierte en caos.
Durante milenios, el hombre cambió los tinglados de la escena mítica, pero permaneció fiel a los compañeros divinos que nacían y morían en el escenario de la historia, al vaivén de los avalares humanos. Era difícil prever que el hombre se despojase de pronto del manto acogedor del mito y se reinstalase en su propia dimensión natural. No era fácil abandonar a los compañeros de teatro y quedarse solo, desterrando para siempre a los dioses del paraíso terreno. Era más difícil todavía afrontar el desafío de sus propias responsabilidades, sin refugiarse en la protección continua de los personajes imaginados. ¿Cómo despojar, por otro lado a la naturaleza de su vestido mítico? ¿Cómo desalojar de los bosques a las ninfas protectoras o mirar al sol como una piedra incandescente?
La importancia de la cultura griega consiste en haber dado el paso del mito al pensamiento "racional". Su mérito histórico es haber intentado desterrar, por primera vez en la historia, a los compañeros de escena, que habían acompañado hasta entonces la aventura humana. Este paso va a tener una honda repercusión en la manera como el hombre enfrenta en el futuro las relaciones con el mundo "natural". De allí la importancia de comprender, desde la perspectiva ambiental, el significado de la racionalidad griega. Puede decirse que el hombre todavía, y a pesar de la revolución industrial, es el heredero de la tecnología del neolítico y de los instrumentos simbólicos construidos por los griegos.
Prácticamente todas las formas del pensamiento, con las cuales el hombre enfrenta el análisis de la realidad, fueron descubiertas por los griegos. Ellos organizaron el derecho en su significado actual, construyeron el análisis filosófico, plantearon las primeras hipótesis sociológicas, analizaron el lenguaje, forjaron los instrumentos para comprender la historia y elaboraron, por último, esos instrumentos analíticos que posteriormente recibieron el solemne nombre de ciencia. No se contentaron, sin embargo, con elaborar los métodos de análisis "racional". Recorrieron por igual prácticamente todos los caminos simbólicos de la literatura y el arte.
Esta forma "racional" de pensar la realidad significó una nueva forma de mirar la naturaleza y de plantearse la relación con ella. Significó ante todo la desacralización del cosmos y el estudio de los fenómenos naturales, como elementos manejables y, por consiguiente, controlables. El pensamiento racional significa, por tanto una desacralización no sólo del mundo, sino igualmente de la tecnología. El manejo tecnológico pasa a ser un fenómeno intramundano, sujeto a control y medida, de la misma manera que lo es la realidad exterior.