EL MUNDO SIMBÓLICO (5)

MUNDO SIMBÓLICO Y ECOSISTEMA

Lo importante desde la perspectiva ambiental es entender la manera como se relaciona el mundo simbólico con la naturaleza. Ello supone, dentro del modelo que estamos desarrollando, por lo menos tres tipos de análisis. Ante todo, la manera como el mundo ecosistémico entra a configurarse en la red de símbolos. Podría hablarse en primer instancia de una determinación del medio sobre los sistemas simbólicos. El segundo aspecto que interesa analizar es la manera como los símbolos, una vez formados, influyen en el manejo del medio. El tercer nivel analítico, que es el que estamos viviendo ahora de manera más acuciosa, se refiere a la manera como el mundo desestabilizado por la actividad humana exige un cambio en la estructura de los símbolos.

Ejemplos de estos tres niveles de análisis es encuentran fácilmente en la historia, si se aprende a interpretarla con una mirada ambiental. Ante todo la determinación del medio físico sobre las construcciones simbólicas. Basta remontarse a las cuevas paleolíticas o a cualquier etapa del desarrollo artístico para encontrar la naturaleza inmediata hecha símbolos. Sin embargo, la interpretación de la naturaleza por el arte o por la literatura sigue los complicados meandros de la formación cultural. Ello significa que la naturaleza no se expresa en el mundo simbólico de una manera inmediata. La apropiación de la naturaleza está mediada por la manera como se tejen las relaciones sociales y los símbolos reflejan directamente los intereses o desintereses de la cultura.

El análisis, por tanto, de este primer nivel, no es sencillo. Difícilmente podemos encontrar retratadas en el mundo simbólico las funciones primarias que cumplen las especies en el mundo ecosistémico. Plantas y animales pasan por el prisma de la sociedad. La cobra es venerada en la India porque se dice que en un día insolado cubrió al Buda con su cofia y el Hanuman (Pithecus entellus) porque le ayudó a Rama a conquistar la Isla de Ceilán y de allí robó el fruto del mango, para deleitar las poblaciones indias.

El elevado rango de estima por los halcones en Francia está estrechamente relacionado con la importancia nobiliaria de la cetrería. El ratón, en cambio, que se acomodó como parásito a la vida del hombre desde el neolítico, ha tenido que sufrir el desprecio social. El gato solamente toma prestigio en Europa desde la aparición de la rata negra en el siglo XIII. En cambio los carroñeros no siempre han recibido el maltrato cultural que los envilece en la cultura moderna. El buitre blanco de Egipto (neophron) era venerado por su labor permanente de limpieza y algo similar sucedía con el cóndor en el Imperio Incaico. El recuerdo de la lucha contra los grandes predadores está asociado al prestigio social.

El segundo nivel de análisis es de gran importancia para el estudio ambiental. Se trata de definir la manera como las formaciones simbólicas influyen en el manejo del medio. Algunos ejemplos saltan a la vista. El derecho romano basado en el "ius utendi et abutendi", o sea, en el derecho no sólo de usar, sino de abusar del medio natural una vez que ha pasado a ser propiedad privada, ha sido, sin duda, uno de los principales factores de deterioro ambiental del mundo moderno. Introducir los límites ambientales al derecho de propiedad es, sin duda, una de las revoluciones ideológicas más importantes que estamos presenciando. Logró introducirse, no sin discusión, en la nueva Constitución colombiana.

La historia del pensamiento se puede revisar desde esta perspectiva. Los símbolos forman una compleja trama que condiciona el comportamiento social. Muchas de las primeras leyes tienen un carácter ambiental. Los tabúes míticos obedecen en ocasiones a medidas de protección del medio.

El último nivel de análisis es quizás el más difícil de comprender, pero es algo que está sucediendo en nuestro medio. Cuando se habla de la necesidad de introducir la perspectiva ambiental en los métodos científicos de las distintas ciencias se está admitiendo que la crisis ambiental moderna tiene que transformar no sólo el paradigma tecnológico, sino igualmente esos nichos predilectos del hombre, que son sus ideas.

La revolución ideológica que apenas se inicia, irá, sin duda, mucho más lejos de lo que alcanzamos a percibir con la mirada miope de la actual perspectiva. Es una revolución que tendrá que abarcar la totalidad del mundo simbólico, desde las ciencias naturales hasta los templos sagrados del hombre. Las ideologías, sea cualquiera su nivel, que no se adapten a las exigencias de la vida, serán barridas de la historia.

Ello ya ha sucedido en múltiples ocasiones. Algunas de las revoluciones ideológicas de la historia humana tienen un trasfondo ambiental. El neolítico barrió con los antiguos dioses ociosos de los cazadores, que fueron reemplazados por los símbolos de la fertilidad. La tierra pasó a ser el centro de atención simbólica, desplazando a Uranos y a los dioses astrales. Se identifica con el poder materno, que conservó su preeminencia en las culturas protoagrarias. Las diosas gobernaban en el cielo, de la misma manera que las madres orientaban la tradición cultural en la tierra. El dios solar cede su paso al calendario lunar.

 



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