EL SISTEMA CULTURAL (2)
2. EL REDUCCIONISMO CULTURAL
Ante todo, tenemos que explicar por qué asumimos el concepto de cultura o sistema cultural, para caracterizar la estructura del comportamiento humano. Como dijimos antes, no es la única expresión utilizada en ciencias sociales. Más aún, el término cultura ha sido acorralado para designar las expresiones artísticas y literarias, excluyendo incluso la formación del pensamiento científico.
Esta reducción del término tiene su explicación histórica. Se debe ante todo a la progresiva división del trabajo social. Es fácil ver a primera vista la articulación de los distintos niveles de una formación social en las culturas primitivas. La cultura para las comunidades primitivas, es su herramienta de trabajo, al mismo tiempo que sus formas organizativas y su mundo simbólico. Todo ello está articulado y forma una unidad consistente.
El análisis sociológico, que intenta interpretar la complejidad de la cultura moderna, se encuentra, en cambio, con dificultades, tanto por el objeto mismo de su análisis, como por los métodos adoptados. Por una parte la cultura moderna es, sin duda, mucho más compleja que las culturas anteriores. Los diferentes niveles de la estructura social se han desarticulado y con dificultad se pueden observar sus relaciones. La tecnología parece recorrer su propio camino sin contacto con los intereses sociales y sin relación con el mundo ideológico. Las ideas flotan en una extraña atmósfera de libertad. Las clases sociales, a pesar de su diferencias económicas, crecen cubiertas por el mismo ropaje ideológico, con pequeñas variaciones locales.
Por otra parte, las culturas se han ido homogeneizando al ritmo de la producción económica y del imperio de los medios masivos de comunicación. Los rituales, las modas, los detalles típicos de la cultura regional han ido desapareciendo durante el presente siglo a una velocidad difícilmente percibible. A lo largo de una generación se han ido perdiendo los encantos de ese parroquialismo regional, que al mismo tiempo ofrecían un sentido de pertenencia y recortaban los horizontes de la creatividad. La producción artesanal ha sido reemplazada por la producción en masa. Como cualquier producción, el individuo pasa a ser modelado en serie por el sistema educativo.
En este proceso, el individuo ha perdido contacto con el medio natural, porque cada vez depende menos de él en forma directa, para su propia subsistencia. Los productos le llegan al supermercado o a la plaza de abastos, como por arte de magia. El no tuvo que ver en su producción. Las máquinas se han encargado cada vez más de sembrar y recoger las cosechas. Lo único que necesita el individuo es el salario mensual, para intercambiarlo por mercancías anónimas. El trabajo, al igual que el dinero, es cada vez más abstracto, menos ligado al entorno inmediato.
El contacto con los instrumentos de trabajo es igualmente genérico e impersonal. Las herramientas son instrumentos que se fabrican lejos del entorno y que, al igual que los productos de consumo inmediato, se compran en el mercado. Estamos situados lejos de las culturas que fabricaban sus propios utensilios y que desarrollaban en su fabricación la creatividad artística.
Por estas razones, el mundo simbólico del hombre moderno tiene que ver cada vez menos con sus urgencias cotidianas. No se relaciona con los elementos inmediatos del mundo natural ni con la eficacia del trabajo manual. El oficinista o el obrero piensa, si es que puede pensar, en el estrecho espacio del ocio. Ese espacio, reducido prácticamente a los fines de semana, está copado por la fatiga o por el pasatiempo no creativo, cuando no por el tedio o por la fuga hacia los paraísos fáciles de la televisión.
La creatividad artística de los pueblos primitivos estaba arraigada en el esfuerzo transformador del medio. La tecnología partía del conocimiento de los ecosistemas y se coronaba en el mundo fantástico de los símbolos. El culto religioso, la filosofía de la vida, la expresión poética estaban ligados a las exigencias de la vida cotidiana. Eran igualmente frutos de la tierra. La cultura era una forma adaptativa.