LA CULTURA COMO FASE EVOLUTIVA

La reflexión ambiental tiene que basarse en la comprensión y la aceptación del hecho cultural. La cultura no es quizás un extrañamiento o una alienación. No es el don de Prometeo ni tampoco la conquista autónoma del hombre. Es un hecho tan natural como la evolución biológica. Más aun, es la prolongación de dicha evolución. Es la naturaleza la que se convierte en cultura. La cultura no constituye una intromisión extraña en el orden de la naturaleza. Es una fase de la misma naturaleza. La aceptación o negación de estos supuestos están cargadas de consecuencias para el pensamiento ambiental.

Es muy difícil aventurarse a pensar la razón de esta "salida" evolutiva. Hace unos dos millones de años, en el ecotono que separa la selva tropical húmeda de las praderas africanas, se inicia la carrera evolutiva hacia el manejo de la instrumentalidad. Los primates habían evolucionado de pequeños mamíferos, posiblemente emparentados con las musarañas. Insectívoros en un principio, se fueron adaptando poco a poco a la dieta vegetal. Los primates que se conservaron dentro del régimen de una dieta mixta, pudieron adaptarse al cambio de bioma inducido por los cambios climáticos.

Los primeros homínidos evolucionaron a partir de los primates antropoides, cuya cuna fue la selva húmeda tropical, que conquistaron lentamente el ecotono entre estas y las praderas abiertas. La mayor parte de los simios, sin embargo, desaparecieron junto con las selvas y los bosques montanos de Europa meridional y del Asia Central y Oriental. Algunos lograron adaptarse, a los biomas de transición y a las sabanas abiertas. Los cambios de dentición sugieren las exigencias de las nuevas formas adaptativas a dietas vegetarianas de cierta dureza. Es muy posible que esta dieta hubiera abierto el camino hacia la instrumentalidad, al igual que las exigencias de la defensa en campo abierto.

No ha sido fácil encontrar los hilos de este proceso evolutivo y su secuencia ha sido trazada en bocetos distintos por los antropólogos físicos. Antes se solía trazar un camino desde el australopithecus grácil, pasando por el australopithecus robustus hasta el homo eréctus, para desembocar en el Neanderthal y saltar de allí al hombre moderno. Sin embargo, la secuencia no es tan sencilla y los registros fósiles no permiten identificar si la evolución siguió una proceso gradual o se debió más bien a saltos episódicos.

El bipedismo y la posición erecta los encontramos ya desarrollados en el australopithecus hace unos tres millones de años. El desarrollo de la visión pudo haberse debido a las necesidades de defensa en el campo abierto. En ese hábitat se depende más de la vista que del oído para evitar los grandes predadores. Los ojos de los primates están mas desarrollados que los de cualquier mamífero, tanto por su capacidad estereoscópica, como por la capacidad de captar un mayor número de colores.

Podemos hacer, siguiendo a Eldredge, un breve resumen de las incertidumbres y las aproximaciones de la siguiente forma. Hace tres o cuatro millones de años apareció en Tanzania australopithecus afarensis, un homínido pequeño y bípedo, con un cerebro poco desarrollado aún y que no había desplegado todavía la habilidad técnica en el manejo de las herramientas. Estas aparecen, confeccionadas en piedra hace unos 2.5 millones de años, a pesar de que no se han encontrado los restos de la especie que las fabricaba.

El australopithecus robustus y el australopithecus bosei aparecen de pronto "hechos y derechos" hace dos millones de años, y desaparecen igualmente de repente hace un millón de años. Parece que durante algunas de estas etapas convivieron y se disputaron entre si el hábitat. Es posible que el robustus con sus grandes muelas planas se hubiese especializado en la dieta vegetal, mientras el grácil prevaleció gracias a su dieta generalizada. Tampoco es fácil identificar la secuencia de los distintos caracteres. Los últimos descubrimientos sugieren que la locomoción crecía precedió en un millón de años o más a la aparición de las herramientas.

Viene después el prolongado imperio del homo erectus, que domina la historia evolutiva desde hace 1.6 millones de años, hasta el hombre de Pekín, hace me-dio millón de años. El homo erectus tuvo éxito. Se extendió por las regiones tropicales y subtropicales y penetró en la zona templada. Para ello tuvo que armarse con el dominio técnico del fuego.

Durante esta época no parece que la evolución biológica coincida con la evolución técnica. "La aparición de una nueva especie no coincide con la introducción de una nueva tecnología". Tampoco los avances tecnológicos que una especie hace, desplazan necesariamente las tecnologías viejas. En Africa, la cultura oldowense se mantuvo intacta mucho tiempo junto a la cultura acheulense.

En los quinientos mil años que van desde el hombre de Pekín a la especie actual, nos encontramos ya con cerebros muy desarrollados, como los pertenecientes a la mandíbula de Mauer o al cráneo de Petralona y otros muchos encontrados a lo largo del Viejo Continente.

Entre ellos, el Neanderthal es nuestro próximo pariente. Se había dispersado por Europa y Asia desde hace unos 160 mil años, hasta su extinción en la etapa inicial del hombre moderno, del cual alcanzó a ser contemporáneo por un breve período. En él encontramos ya bastante consolidado el sistema cultural. Además de la multiplicidad de raspadores, puntas de lanza, piedras cortantes, etc., podemos barruntar quizás un vestigio de conciencia mítica en los rastros de polen posiblemente ofrecidos a los muertos. Parece, sin embargo, que su configuración gutural no le permitía todavía el manejo del lenguaje articulado. Hace un poco más de treinta mil años desaparece de manera súbita.

 



Universidad Nacional de Colombia
Carrera 30 No 45-03 - Edificio 477
Bogotá D.C. - Colombia
PBX: 3165000
webmaster@unal.edu.co

Aviso Legal - Copyright
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN