A PROPÓSITO DEL TRABAJO DE CAMPO
El Verdadero Encuentro
Como elemento propio del método etnográfico, el trabajo de campo se constituye en la posibilidad de compartir y participar de la cotidianidad, las formas de relacionarse y la comunicación con las comunidades que, como en el caso de la investigación, constituyen los grupos observados.
El proceso de "Salidas de campo" como denominamos esta fase de la investigación nos llevó a comprender y sentir las implicaciones de ponerse en el lugar del otro, de preguntarse por la identidad propia, de pasar de observadores a observados como lo denomina Mónica Espinosa en su artículo sobre la etnografía como juego de representaciones.
Es a partir de entender la condición reflexiva de la investigación y la participación que se da a través de la observación, como podemos expresar la transformación que cada uno de nosotros ha experimentado a partir del encuentro con las culturas, mediante nuestro acercamiento a Benjamín, Ignacio y Jorge y con ellos a cada una de las personas que nos han brindado su saber, su experiencia, su historia y el afecto, el sentimiento sobre todo, que acompaña sus acciones y nuestro paso por los mundos, ahora nuestros en la medida en que los hemos habitado y nos hemos asomado a su entendimiento. Como lo describe Mónica Espinosa, se han abierto los espacios para el "reto" aceptándolos como son y disfrutando de su compañía en la creación de un mundo común que es lo social y permitiendo construir el tiempo y el espacio del encuentro.
Así cada una de nuestras salidas de campo facilitó el tiempo y el espacio para entrar en el diálogo, en la conversación alrededor de una tulpa, de un chinchorro, para acercarnos no solo al conocimiento de las formas de relacionarse con el entorno y de transmitir de generación en generación su saber en las etnias Uitoto, Inga y Wayuu, sino también recordamos a nosotros como habitantes de la ciudad, nos enseñaron a aceptar a los demás, a amar la naturaleza, a apreciar los sonidos del agua y con ello a encontrar, por lo menos en nuestra propia experiencia, que hay lugares y afectos comunes y también grandes vacíos o caminos diversos por los que hemos llegado a nuestra propia compresión del mundo; como dice Maturana "El mundo en que vivimos lo configuramos en la convivencia" (1991:30).
Hemos construido así los "consensos intersubjetivos" (Carrithers 1990) que son necesariamente intercambio de mundos representados.
Es en este sentido que queremos rescatar el valor de las salidas de campo como el espacio real en que nos encontramos verificando nuestras representaciones y los aprendizajes que unos y otros —observadores y observados, investigadores y coinvestigadores— habíamos "conversado" y creíamos haber comprendido con el trabajo previo.
Explicitar cómo se realizó este proceso es nuestro objetivo en este capítulo específico y queremos, por tanto, mostrarlo desde los diversos momentos y con el sentimiento que produjo en cada uno de nosotros.
El trabajo de campo tuvo para cada uno de los participantes en la investigación un significado y un compromiso específico: para los coinvestigadores implicaba asumir el riesgo de presentar ante su comunidad y su familia el trabajo y el equipo que lo acompañaba, señalando los alcances, propósitos y los posibles beneficios de su participación. En otras palabras abrir las opciones de diálogo y desempeñar el rol como muchas veces lo hemos calificado en la universidad, de "voceros" de "interlocutores" entre culturas. A la vez permitir a los demás acercarse a la cultura viva de la que tanto habíamos hablado y leído, y conocer las posibles hostilidades que nunca se hicieron presentes pero para las que debíamos estar preparados.
Para los investigadores significaba medir la capacidad de comprensión de contextos diversos, de no intervenir más allá de lo que fuese permitido. Es decir, estar en condiciones de ocupar el lugar de ser diversos en la otra cultura y sentir el impacto de nuestra "ignorancia" en los términos de los otros mayoritarios, poseedores del conocimiento y habitantes del territorio específico.
Ubicarse en el lugar del otro y mirar desde allí lo propio y lo diverso es un ejercicio en el que los coinvestigadores nos llevaban gran ventaja, ellos ya han navegado en las dos culturas (la propia y la mayoritaria de este país). Es una experiencia que todos los Colombianos deberíamos tener la oportunidad de vivir, quizás sería ese el primer paso para entender el significado de diversidad y tolerancia.