El Intercambio de Saberes
Entre los elementos comunes que observamos en las diferentes comunidades indígenas y que rescatamos para los habitantes de nuestras ciudades, podemos señalar, la unión familiar y el respeto por los mayores.
Tanto en Santiago Putumayo como en Uribia Guajira compartimos la tertulia familiar, alrededor de la tulpa o en torno al chinchorro. Ese dialogar y participar desde el más pequeño de la casa hasta el abuelo o el taita, donde se ponen en común los acontecimientos diarios y donde todos tienen la posibilidad de aportar algo valioso a la reunión, se convirtió en un intercambio de saberes de la tradición oral indígena y de la cultura occidental, muy enriquecedor. En este contexto se abordaron temas como el de la muerte y los entierros, cuando la abuela de Ignacio el Wayuu, nos interrogaba sobre la forma en que enterrábamos a los muertos y no podía entender que en nuestras ciudades se cromaran los cadáveres.
A pesar de las dificultades para comprender lo que la abuela u otros miembros de la familia que sólo hablaban wayuunaiki, trataban de decir, nos sentíamos partícipes de las conversaciones a través del sentimiento y de las expresiones que acompañaban la conversación, que más tarde ellos se esforzaban por explicarnos a partir de la traducción. Todas estas experiencias significaron una ganancia muy valiosa en el campo cultural.
Desafortunadamente la vida urbana y la influencia devastadora de la televisión han suprimido la posibilidad de la tertulia familiar, que deberíamos rescatar como espacio de encuentro y relacionamiento humano ya que permitiría estrechar los lazos de convivencia familiar y rescatar los valores propios, en una sociedad donde lo que prima es la "muchedumbre solitaria" (Zuleta 1985:125).
Este podría ser un primer aporte en el campo de la educación ambiental, para rescatar ese sentido de lo humano, que como dice Maturana se manifiesta en el lenguaje, "el conversar es un modo particular de vivir juntos en coordinaciones del hacer y el emocionar. Por eso el conversar es constructor de realidades" (1991:23).
Un segundo elemento que llamó nuestra atención estuvo centrado en el intercambio de saberes y de representaciones del mundo y la capacidad que tienen las personas de aceptar que existen representaciones diversas frente a una situación común.
En la conversación que tuvimos con Blanquita, la Piache, ella mencionaba cómo a partir de soñar lograba conocer lo que le podía estar sucediendo a las personas que le consultaban y cómo ella estaba obligada a soñar y a descifrar los sueños; de pronto interrumpió para preguntamos: ¿Bueno, y ustedes también sueñan? ¿Qué hacen con sus sueños? ¿Quién los interpreta? Nuestra respuesta a partir de la experiencia y la presencia de una psicóloga en el grupo nos permitió asumir el otro rol y ver a Blanquita atenta escuchando y pidiendo explicación de aquello que ahora nosotros contábamos. De igual forma en cada uno de los lugares que visitamos encontramos ese real interés por compartir el conocimiento, por el conversar en un mismo nivel, sobre las experiencias vistas por unos y otros. Esos hechos nos llevaron a entender nuevamente que gran parte de nuestro objetivo se había logrado: nos hallábamos, como señala Maturana, lenguajeando. "Todo acto humano tiene lugar en el lenguaje, trae a la mano el mundo que se crea con el otro en el acto de convivencia que da origen a lo humano" (1990:209).
El respeto por el entorno, entendido como el "otro" con el cual se intercambió indistintamente de su condición humana, de animal o vegetal constituyó un elemento más que estuvo presente siempre en las salidas y en la conversación cotidiana con los mayores. La mamá Mercedes y el Taita Antonio por ejemplo, cuando se referían al Páramo y al lugar de las plantas, mencionaban algunas veces, incluso ayudados por las narraciones, cómo no se puede tomar más de lo que se requiere para una medicina al coger la planta y se debe pedir permiso al "señor" del lugar, al "dueño" de las plantas, a través de un ritual que conoce el médico tradicional. No se consume hasta agotar, no se abastece en su totalidad quien requiere el beneficio.
La piache en sus conversaciones nos narró un hecho que a ella le sucedió cuando en su aproximación a las plantas en la Alta Guajira olvidó, antes de tomar una parte de un árbol, fumar el tabaco que debía tributar al dueño de las plantas, de tal forma que al tomarlo sin el permiso, una rama del árbol se quebró y le cayó en el pie ocasionándole una herida que sólo se curó cuando ella realizó el ritual, fumó el tabaco y se disculpó por su error.
Estos hechos nos muestran como en la relación con la naturaleza existe una actitud de respeto, que debe ser observada por todos y que la naturaleza misma sanciona cuando no se mantiene. Allí aparecen definidos los valores y las actitudes de las comunidades, que hacen que su relación con el entorno sea armónica.
Finalmente, el trabajo de campo se constituyó en el espacio del encuentro con los otros y la oportunidad de rescatar elementos culturales para incorporarlos en nuevas propuestas educativas, así como la posibilidad de consolidar el equipo de trabajo en tomo a intereses comunes y sentimientos compartidos. Siguiendo a Maturana "lo que cabrá, entonces, será la búsqueda de una perspectiva más abarcadora, de un dominio experiencial donde el otro también tenga lugar y en el cual podamos construir un mundo con él" (1990:208).