La Construcción de la Ética Ambiental
Es a partir del reconocimiento del otro y el respeto por él, que lograremos hacer realidad una ética ambiental. En la medida en que entendamos que hacemos parte del medio en el que interactuamos como uno más de sus miembros. Una actitud responsable y de compromiso es producto de una valoración a partir de lo propio, de lo que conforma la calidad de vida y el bienestar compartido por todos; al menos la mayoría de los miembros de un grupo.
¿Cómo reconocer a los otros, valorar la diversidad y aprender de los demás?
La construcción de actitudes ambientales que permitan pensar, sentir y actuar, sólo es posible a través de una nueva forma de concebir el aprendizaje; aprender concebido como cambio en el comportamiento a cualquier precio no es la solución. La capacidad de aprender como sinónimo de manipulación casi ilimitada es, en nuestra sociedad, función del éxito. Es éste, la recompensa y el motivo único del aprendizaje olvidándonos de los demás impulsos productivos de la naturaleza humana muchos de los cuales por no ser reconocidos, verbalizados y tenidos en cuenta, se convierten en el potencial improductivo que se acumula generando actitudes agresivas que irrumpen e inhiben las posibilidades de expresión del sentir y la valoración del propio individuo y su interacción con el medio.
Concluimos entonces que es necesario darle un carácter distinto a la enseñanza, iniciar una pedagogía de la vida con los niños y jóvenes que hoy interactúan con nosotros a través del reconocimiento a sus propias necesidades e intereses, al valor propio de cada ser, de cada objeto con el que nos relacionamos y a la mutua dependencia que debe existir entre nuestras actuaciones y las de los demás, entre nuestros intereses y los de otros, como lo refieren nuestros coinvestigadores cuando en sus lenguas los posesivos en primera persona no tienen mayor uso y más bien dan paso al colectivo, a la denominación plural de sentimientos y acciones que señalan un deseo, una esperanza, un presente y un futuro común. Siguiendo a Maturana, "Este aunarse de lo humano a lo humano es en último término, el fundamento de toda ética como reflexión sobre la legitimidad de la presencia del otro" (1990:209).
La investigación en este sentido nos muestra nuevos caminos de interacción y la tarea de construcción colectiva: un trabajo utópico en principio, pero que deberá iniciarse por lo menos en el ámbito en que cada uno de nosotros se mueve y se proyecta.
Las actitudes ambientales estarán encaminadas, desde la pedagogía, a la tarea de entretejer una dinámica de aprendizaje nueva: a partir de unos padres, unos maestros, unos mayores, capaces de pensarse como partes de un todo, de buscarse a sí mismos y luego de iniciar con el otro: hijo, alumno, otro, una búsqueda común de acciones y aconteceres.