El Yajé una Forma de Conocimiento
Esta vez tan sólo quiero describir algunos de los "caminos" que tomamos los Inga para comprender el sentido de nuestra vida en este mundo.
Empezaré contándoles la experiencia que tuve de niño, tomando yajé con unos sinchis amigos de taita Antonio, mi padre.
Esto ocurrió en Manoy Santiago, mi pueblo. Allí después de los preparativos que se hacían durante el día, para este tipo de momentos especiales, bebí por primera vez el bejuco del yajé.
Los preparativos incluían un ayuno por parte de cada uno de las personas que iban a beber el misterioso remedio. En ese día no debía comer "nada pesado"; inclusive si no se comía durante el día era mejor.
Yo por mi parte, sin entender muy bien, hice lo que taita Antonio había recomendado a los niños que íbamos a tomar: podríamos desayunar y almorzar pero de ninguna manera debíamos comer en horas de la tarde.
Ya en la noche los yachas, hombres del conocimiento, empezaron a cantar y soplar en honor del yajé. Se dice que este momento es uno de los más importantes durante la toma. Mediante el takey y pukuy, el canto y el soplo, los Sinchis o Yachas van "acomodando" el misterioso yajé para que él nos permita conocer los "caminos", para llegar a los buenos espíritus, al buen pensamiento y sentimiento y así comprender mejor los misterios de nuestra Pacha Mama.
Cuando me tocó el turno de tomar, Taita Antonio me dijo Santiaguarrespak suma yuyarrengue nespak utka upiangue: debes santiguarte y "pensar muy bonito"; luego debes tomártelo muy rápidamente. Así lo hice.
Debió haber pasado alrededor de una hora, cuando empecé a conocer el yajé que había tomado; sentía que alguien a mi lado respiraba fuertemente. Extrañado me desperté y le preguntó a mi hermano mayor: ¿quién está roncando? Como no me respondió pregunté otra vez, a lo cual Florentino me contestó: eres tú mismo, es que estas sintiendo el yajé que tomaste. Mi hermano ya anteriormente había tomado en el Bajo Putumayo con Taita Feliciano, otro de los yachas conocidos por el Taita.
Al momento sentí miedo, pero Florentino me explicó que debía estar tranquilo, que recién estaba empezando a conocer el yajé. Me contó que a él, si le había dado "bastante duro": lo que tú sientes en este momento no es nada, de pronto más tarde te da más duro.
Preocupado por lo que había dicho mi hermano me levanté y fui al lugar donde todos los Taitas estaban reunidos. Me senté al lado de mamá Mercedes y le conté lo que me estaba pasando. Ella muy tranquilamente me contestó: "debes quedarte quieto en un solo lugar, quédate aquí no te asustes que eso es así". Me tranquilicé y me quedé allí.
En ese lugar empecé a mirar que todo estaba hecho de hielo: el piso, la puerta, las sillas, los bancos.... pero increíblemente no sentía frío; miraba a los Taitas cantando y luego conversando muy animadamente. Sentí deseo de levantarme y dejar de ver, pero siempre me acordaba de lo que había recomendado mamá Mercedes.
Así estuve durante no sé cuánto tiempo y en un instante aún siendo niño, sentí deseos de besar y abrazar una mujer. Como allí se encontraba mamá Eufrasia, que también había tomado yajé, esposa de uno de los Yachas, me senté junto a ella y la abracé. Ella, creo que comprendió y me abrazó tranquilizándome; ella le había dicho a mi mamá, que cómo iría a ser yo cuando fuera adulto.
Así pasando de un sentimiento a otro, llegué a un lugar de gran colorido. Yo estaba en el centro como un punto, al compás del sonido, que después supe que era del Uaira Sacha. Me volvía una línea, luego un cuadrado pequeño, luego uno más grande y así sucesivamente hasta que de pronto me desintegraba y volvía a ser punto.
Pasaba así días, años y siglos; la vida parecía no tener sentido: era una de las rutinas más terribles a la cual los hombres estábamos condenados a padecer.
Allí sentía la presencia de todas y cada una de las personas que había conocido durante mis pocos años de vida en este mundo. No los miraba pero sí me hablaban, me recomendaban una y otra vez respecto a mi forma de vivir y pensar. Estaba totalmente desesperado por tan angustiosa situación que no sabía cómo salir de allí. De pronto logré salir.