La Muerte y los Sueños

"Nosotros morimos tres veces: la primera en nuestra carne, ¡a segunda
en el corazón de aquellos que nos sobreviven y la tercera
en sus memorias... que es la última tumba y la más glacial..."


J. Green, Vaurouna
El camino de los indios muertos
M.Perrín. 1993

Para el Wayuu morir no es más que trascender a otros mundos de igual importancia al nuestro, puesto que el uno depende del otro; el que conocemos del que no conocemos y viceversa, los cuales no son tan ajenos a él, porque ya ha tenido acercamientos a través de los sueños. H sueño tiene la facilidad de fusionar lo posible con lo imposible, lo real con lo fantástico, lo trágico con lo cómico... H sueño tiene la capacidad de evitar la muerte cuando ello es posible. Cuando se sueña que no se debe ir a tal sitio, es porque no se debe ir, aunque lo sobrenatural siempre insistirá en su objetivo de llevar a cabo la muerte, porque es un ciclo inevitable. Yoluja es el alma (espíritu) de los Wayuu muertos, que se puede presentar en los sueños cuando se necesita algo o tiene algo pendiente. El cae a la tierra la primera vez durante el primer entierro. Juyá el dueño de la lluvia, tiene una deuda pendiente con la tierra (Mma): debe la sangre del cuerpo del Wayuu muerto... Después de la primera lluvia, el Yoluja emprende a Jepirra, el lugar de encuentro de todos los indios muertos. Allá debe hacer las cosas que quiso hacer en vida y no pudo. Todavía se puede presentar en los sueños. Al cabo de tres, cinco o siete años, se debe hacer el segundo entierro o Anajawa jipuü; de no hacerlo, el Yoluja se puede convertir en Wanülü, quien a su vez desatará muchas epidemias y los posteriores muertos indemnizarán a sus familiares con numerosas lluvias.

Juyà es nuestro abuelo; él representa la máxima expresión de la virilidad para el Wayuu, es el prototipo ideal del cazador. Con sus rayos (flechas, balas) puede matar las serpientes hijas de Pulowi. Pulowi es mujer, significa tierra, oscuridad y a diferencia de Juyá, es múltiple e inmóvil (aquí se da una analogía de la poligamia en los Wayuu). Cuando un Wayuu sueña que es seducido por una linda mujer de cabellos largos, es porque ha pisado un lugar Pulowi (sitio prohibido, porque es el lugar donde habita pulowi) y debe evitar volver a ese sitio... pero Pulowi insistirá hasta hacerlo suyo y llevárselo a su reino y el indio morirá y de nuevo Juyá tendrá que indemnizar al muerto con lluvias.

Pulowi también está presente en el mar. Cuando una zona está siendo sobreexplotada, ella se aparece en sueños y advierte el peligro... si no es escuchada, puede desatar fuertes vientos para hundir embarcaciones. Paradójicamente el entierro de un muerto significa alegría, y es punto de encuentro y socialización; se reparten muchas bebidas y comidas. Un muerto significa una gota de esperanza en el desierto...

Al contrario de la sociedad blanca, la muerte no representa miedo o algún sentimiento fatal. Para los wayuu la muerte no es más que la cotidianidad misma cambiada de ropa. Cuando un wayuu muere cambia de forma y sigue viviendo aunque en otro mundo: el mundo de los muertos donde está más cerca de lo sobrenatural y donde el modo de vida puede complacer a la más arriesgada imaginación que sorprende a los vivos. Cuando un wayuu muere, la parte inmaterial sobrevive a la putrefacción de la carne; y esa parte inmaterial (alma, espíritu) es lo que comúnmente llaman yoluja (y los católicos han querido relacionar con el alma) y es lo que mantiene unido al vivo con el difunto a través de los sueños. Los yoluja salen por las noches a recoger sus pasos y se presentan en los sueños de los vivos para prevenirlos de peligros o para castigarlos según se hayan portado en vida. Es innegable que el sueño rige mucho el comportamiento social y modifica, si es posible, el hábito del individuo.

Siempre que los wayuu mueren de modo natural, juyá el dueño de las lluvias y marido de pulowi (territorios sagrados) tiene una deuda con la humanidad y más propiamente con la naturaleza y es por eso que al poco tiempo de deceso caen pequeñas lloviznas en la región. Esa llovizna representa vida y fertilidad, dándose de esta manera un ciclo armónico de la vida a través de la muerte. Cuentan los viejos que el sentido de ser un
Yoluja es llegar por fin al mundo de los muertos o Jepirra, donde no hay dolor, sed, hambre o ambiciones; un mundo donde el difunto puede hacer todo lo que quiso en vida y parte de la aparición con los vivos se debe a esta dinámica.

 



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