Sistemas y sostenibilidad
El concepto de sostenibilidad es una de las ideas centrales del ambientalismo; puede afirmarse que el desarrollo sostenible es la utopía y la meta del movimiento ambiental y su principal propuesta a la sociedad. En lo fundamental, por sostenible se entiende el proceso que permite alcanzar el desarrollo y el bienestar de la sociedad, sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para alcanzar las mismas metas; como tal, implica un equilibrio entre la oferta natural y tecnológica de bienes y servicios naturales -aire, agua, energía, materias primas- y su demanda por parte de la sociedad.
Este concepto recibe gran aceptación, derivada muy seguramente de su fácil comprensión por el sentido común, que entiende que todo tiene un límite y que no es posible hacer uso de la naturaleza más allá de su capacidad de renovación, y por la evidencia de los problemas derivados de modelos de desarrollo que no tienen en cuenta tal característica.
Además, porque tiende un puente entre quienes dan gran prioridad al desarrollo-"desarrollistas", economistas, empresarios - y quienes promueven la conservación de la naturaleza -conservacionistas y, en general, ambientalistas-, al plantear que las dos necesidades no son incompatibles y son, por el contrario, complementos necesarios.
No obstante, el concepto de sostenibilidad tiene, en la práctica, significados y aplicaciones diferentes, además de múltiples interpretaciones desde diversas ópticas; esto amenaza con restarle validez, al tornarlo ambiguo e impreciso. Este ensayo intenta un análisis del concepto de sostenibilidad considerando tres aspectos del mismo, relacionados con su evolución: su aplicación a recursos particulares -madera, pesca, agua-, su aplicación a ecosistemas y, en el sentido mas amplio, su aplicación al desarrollo como una totalidad aportando, en este último aspecto, elementos derivados de la ecología y de la teoría general de sistemas para su formulación.
RENDIMIENTO MÁXIMO SOSTENIBLE: LA SOSTENIBILIDAD DE RECURSOS
La aplicación inicial del concepto de sostenibilidad se dio en relación con el uso de determinados recursos, en especial la pesca. En pesquerías se ha usado desde hace muchos años el criterio del Rendimiento Máximo Sostenible (RMS) como herramienta fundamental en la planificación y gestión del recurso (Dixon y Fallón, 1991).
Este criterio se deriva de una consideración relativamente muy simple, traducible a términos económicos y aplicable a cualquier recurso renovable individualmente considerado. La idea es que el "stock" natural del recurso en cuestión -para el caso peces- equivale a un capital; dicho capital produce unos determinados intereses en forma de más recurso –peces- a lo largo del tiempo. La cantidad de peces que se produce en un tiempo dado, digamos un año, es función del capital natural inicial –stock- del recurso y de su rendimiento a una tasa de interés dada; en este caso, según la tasa de crecimiento poblacional del recurso.
Teóricamente, si cada año se extrae sólo lo que creció la población -los intereses acumulados en el año o sea la "renta" producida- manteniendo el stock natural -el capital-, se puede hacer un aprovechamiento sostenido -indefinido- del recurso. En principio, el Rendimiento Máximo Sostenible así entendido parece una herramienta adecuada de gestión y como tal ha sido aplicado a recursos como la madera en plantaciones forestales o al uso del agua de fuentes naturales; así mismo puede aplicarse a otros recursos considerados individualmente.
El inconveniente que presenta esta manera de entender la sostenibilidad es que tiende a dejar por fuera del análisis otras variables que inciden en la existencia y renovabilidad del recurso. Así, cuando se extrae el producto se pueden generar perturbaciones en el medio que afecten su renovabilidad. Para continuar con el ejemplo derivado de la pesca, del cual el lector puede derivar sus conclusiones relativas a otros recursos, cabe mencionar lo que ocurre con frecuencia en las pesquerías, a veces con efectos dramáticos. La extracción continuada de una determinada población de peces afecta a poblaciones de otros peces que, por ejemplo, se alimentan, sirven de alimento o compiten con aquella por algún recurso. Ello determina aumentos o disminuciones en las otras poblaciones, lo cual repercute sobre la población explotada, a través de toda la trama ecológica.
Lo ocurrido con las pesquerías del Mar del Norte es significativo, por ser allí donde se desarrolló el concepto mismo de Rendimiento Máximo Sostenible por parte de científicos británicos cuyas técnicas pesqueras son las más avanzadas y las que generalmente se aplican en otras partes del mundo. Tales pesquerías, basadas en captura de arenque, sufrieron un repentino desplome a finales de los años 70, tras lo cual el arenque fue reemplazado, como recurso básico, por el bacalao y el lenguado. El cambio se debió a la alteración de la estructura trófica en el ecosistema del Mar del Norte, en especial por cambios de la oferta alimenticia (Mann, 1982).
Cambios similares se han presentado en las pesquerías peruanas y en las de la corriente de California, donde un recurso -la anchoveta-: fue sustituida por otros -en especial sardinas-, de menor valor. Generalizando, puede pensarse que el descenso en las pesquerías mundiales, reportado en The Economist (1994), refleja en algún grado la crisis del concepto de RMS sumado, por supuesto, a la sobreexplotación que amenaza a todos los bienes comunes.
En el caso de las explotaciones madereras es de esperar que el aprovechamiento de un recurso dado tenga efectos, por ejemplo, sobre la naturaleza de los suelos, determinando que la producción se vuelva insostenible, aun si no se superan los RMS teóricos. Otros cambios posibles se dan en competencia por agua o luz, reducción de nutrientes, proliferación de plagas, etc.
La evidencia de la dificultad y los riesgos ambientales y económicos inherentes al manejo de recursos de manera aislada llevó a considerar cada vez más el problema de la sostenibilidad al nivel de los ecosistemas.