INTRODUCCIÓN
La Universidad te forma,
el fondo lo pones tú.
Con orgullo puedo decir que he dedicado mi vida profesional y académica al tema de la política y la gestión ambiental y de una u otra manera, ya sea desde mi participación técnica como funcionario público o desde mi participación académica como investigador y docente, me he ocupado de encontrar maneras más eficientes y eficaces de llevarla a cabo. Lo anterior me ha permitido comprobar, que no obstante la buena voluntad de la comunidad mundial por proteger el medio ambiente, la política y la gestión ambiental actuales están aún lejos de cumplir adecuadamente su misión de garantizar la sostenibilidad ambiental del Desarrollo, pues con contadas excepciones, en la mayoría de países se han orientado más al sujeto de la gestión, es decir, a la institucionalidad, que al objeto de la misma, es decir, al medio ambiente.
Sin pretender culpar a nadie, sino por el contrario, con un gran respeto por los logros alcanzados a pesar del contexto económico y sociopolítico tan adverso y de conflicto de las últimas décadas, lo anteriormente descrito puede evidenciarse fácilmente desde tres ámbitos distintos:
Desde el ámbito público, la política y la gestión ambiental se han orientado más a fortalecer, desarrollar y proteger un marco institucional de instrumentos, que a garantizar la sostenibilidad ambiental del patrimonio natural de la Nación, a través de la optimización de las relaciones de respeto y responsabilidad de los seres humanos con la Naturaleza. Un ejemplo de lo anterior lo constituye el caso colombiano, donde a pesar del esfuerzo humano, técnico y financiero de la última década, la política y la gestión ambiental han estado orientadas básicamente hacia el fortalecimiento de una institucionalidad representada en el denominado Sistema Nacional Ambiental —SINA— y todo lo que él conlleva.
Desde el ámbito productivo (sectorial-empresarial), la política y la gestión ambiental no han sido todo lo proactivas deseable y en muchos casos han limitado su responsabilidad ambiental a un cumplimiento normativo mínimo, cuando no a su elusión, en detrimento igualmente del objeto de la gestión ambiental, esto es, del medio ambiente.
Desde la sociedad civil, huérfana de una política y una gestión ambiental pública y empresarial efectiva y ante la adversidad del conflicto económico y sociopolítico, han tenido igualmente que orientarse hacia el sujeto de la gestión (en este caso la población), mediante el fortalecimiento de procesos de participación para la construcción y mantenimiento de tejido social que garanticen los mínimos de democracia, seguridad alimentaria y calidad de vida.
Como se puede apreciar, en estos últimos años se han logrado consolidar en casi todos los países los denominados “sectores ambientales”, los cuales sobrepasan con creces la intención genérica de conformar una transición institucional que permitiera delegar poco a poco la responsabilidad ambiental en las entidades territoriales, los sectores y las personas. No obstante, aunque institucionalidades ambientales como las logradas representan importantes ventajas teóricas en la tarea de proteger el medio ambiente, es necesario y urgente hacerlas efectivas (eficaces y eficientes) pues en la práctica dichas ventajas no son tan evidentes como puede ser fácilmente verificado con una simple ojeada al estado de los bienes y servicios ambientales básicos de nuestros ecosistemas cercanos.
En definitiva, da la sensación de que a pesar de la buena voluntad con que se intente luchar por proteger a la Naturaleza, lo venimos haciendo de manera equivocada, pues si la problemática ambiental es natural e implícita a la actividad cultural, es decir, a los modelos de desarrollo, la gestión ambiental debería estar igualmente implícita en cada una de sus actividades y no realizada desde un sector independiente.
Pero, ¿qué será lo que ha fallado y no ha permitido que toda esta institucionalidad creada sea realmente efectiva en su misión de proteger el medio ambiente?.
Desde la óptica sistémica desarrollada y bajo el criterio personal del autor, la ineficacia e ineficiencia de la gestión ambiental actual radica fundamentalmente en la concepción misma de lo que significa lo ambiental, pues es allí, en ese debate, donde se deben generar los principios y fines, es decir, la política ambiental que debe orientar, dinamizar y articular la gestión ambiental.
Es un hecho que el ambientalismo nació como preocupación social ante la necesidad de proteger a la Naturaleza de las presiones humanas. No obstante, el ambientalismo de los últimos años, (orientado por el consenso de una comunidad internacional atada y comprometida a su creciente deuda externa y en muchos casos regida por paradigmas equivocados como considerar que la problemática ambiental es consecuencia de la pobreza o que el desarrollo sostenible consiste solo en garantizar la sostenibilidad de las generaciones futuras), ha modificado poco a poco su misión de protección de la Naturaleza hacia propósitos quizás más nobles, quizás más prioritarios, no lo sé, pero que tienen en común la calidad de vida del ser humano como son el denominado Desarrollo Sostenible, o también el Desarrollo Humano Sostenible, y últimamente, la protección del ser humano de los avatares de la Naturaleza, a través de la prevención y atención de desastres naturales.
Este cambio de misión le dió al ambientalismo actual una connotación mucho más amplia, hasta el punto que su principio primigenio de “respeto y responsabilidad por la Naturaleza” debió ser complementado grandemente con todo el cúmulo de principios que actualmente rigen a la mayoría de naciones en la búsqueda del Desarrollo. Lo mismo ocurrió con el fin primigenio del ambientalismo de “proteger la Naturaleza de la presión humana”, el cual debió ser complementado igualmente con todos los demás fines de cada Nación, como son la salud, la educación, la seguridad, el empleo, las comunicaciones, el transporte, la seguridad alimentaria, entre otros.
En definitiva, el ambientalismo ahora tiene que ver con todo, ya que está regido por todos los principios y orientado al logro de todos los fines de cada Nación, y ante el antropocentrismo del mundo actual, es evidente que su actuación viene siendo dirigida fundamentalmente hacia las prioridades humanas antes que a las de la Naturaleza, lo que se refleja por supuesto, en el franco y creciente proceso de deterioro al que vienen siendo sometidos los bienes y servicios ambientales de nuestros ecosistemas.
Las anteriores reflexiones me llevan a desarrollar el presente ensayo, como propuesta filosófica, conceptual, metodológica e instrumental, para la construcción y desarrollo de pensamiento ambiental práctico, a través de una política y gestión ambiental sistémica, orientada a garantizar la sostenibilidad ambiental del Desarrollo de cada Nación. El ensayo se realiza a partir de las dos siguientes consideraciones o hipótesis de estudio:
En primer lugar, comprender que la problemática ambiental constituye un problema filosófico de la humanidad y que para solucionarlo no bastan buenas razones y acciones pedagógicas a nivel individual, sino que es necesario actuar sobre el mundo simbólico del colectivo social a través de la reforma y optimización sistémica de las estructuras institucionales actuales.
En segundo lugar, diferenciar claramente (no separar) entre ambientalismo y gestión ambiental, donde el ambientalismo sea entendido como fuerza social que propugna por el desarrollo sostenible y cuyo objeto de estudio sean los modelos de desarrollo, y donde la gestión ambiental sea entendida como toda acción antrópica que propugna por la sostenibilidad ambiental del desarrollo, orientada a optimizar las relaciones de respeto y responsabilidad de los seres humanos con la Naturaleza y cuyo objeto de estudio sea el medio ambiente.