Capitulo 3: Componentes del Manejo Integrado de plagas

COMPONENTES DEL MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS: PLAGUICIDAS QUIMICOS

 

Los plaguicidas químicos y especialmente los insecticidas han sido el principal método para el control de insectos, y en muchas ocasiones los únicos disponibles o, peor, los únicos usados. Después de la segunda guerra mundial, en los años 1950s se generalizó el uso de los organoclorados y a partir de ahí se desarrollo toda una gama de síntesis química que llevó al descubrimiento de muchos otros grupos químicos con acción biocida muy eficaces para el control de plagas insectiles. A raíz del uso irracional de los insecticidas químicos se produjo resistencia de las plagas a los mecanismos de acción de muchos plaguicidas y se pudo establecer que se necesita un método más inteligente para manejar y no necesariamente eliminar las plagas. Es a partir de estas consideraciones que surge el concepto de manejo integrado de plagas cuyas definiciones y estrategias ya hemos mencionado. A pesar de todo, los insecticidas de síntesis química continúan siendo la herramienta del MIP que se usa con mayor frecuencia y efectividad. Es por esto que hacemos algunas consideraciones sobre este método de control en este capitulo.

 

Criterios para usar Insecticidas de Síntesis Química


El uso apropiado de un insecticida de síntesis química es un proceso delicado y a veces complicado, por lo tanto se sugiere que cuando se vaya a considerar un insecticida para controlar una plaga, uno debe preguntarse antes si existen otras opciones o combinaciones de ellas que puedan proporcionar un adecuado manejo de la plaga en cuestión.


El objetivo de usar cualquier insecticida es disminuir la población de la plaga hasta un nivel por debajo del cual no se produce daño de importancia económica para el productor. Esto se debe hacer de la manera más eficiente y económica posible. Para lograr este objetivo, se debe seleccionar el insecticida más apropiado. Por ejemplo, un ingrediente selectivo o podría ser más eficiente en ciertas condiciones, que un compuesto de amplio espectro. El insecticida seleccionado se debe aplicar adecuadamente de tal forma que llegue a los estados del insecto que se quieren controlar. Esto es especialmente importante para aquellos compuestos que actúan por contacto o por ingestión o para los que no tienen acción translaminar. Cuando se hacen aplicaciones, se debe cuidar que se hagan en el momento apropiado, por ejemplo a ciertas horas de la mañana, cuando no hay corrientes de viento o cuando la temperatura no es demasiado elevada; las dosis aplicadas deben ser las correctas y los equipos utilizados deben estar calibrados y funcionando correctamente. Es muy frecuente hacer malas aplicaciones o modificar la dosis simplemente porque alguna boquilla del equipo no este funcionando adecuadamente.

 

Aquellas aplicaciones que se hacen de manera profiláctica o calendario normalmente se hacen sin tener suficiente información acerca del nivel de infestación de la plaga. En la mayoría de los casos el nivel se desconoce por completo o se asume que es suficientemente elevado como para justificar el tratamiento. En casos en los que el valor económico del cultivo es alto y los niveles de tolerancia de daño son bajos pareciera que al menos, en el corto plazo, esta es una estrategia apropiada para el manejo de plagas. Sin embargo, a largo plazo las desventajas de esta estrategia normalmente superan las aparentes ventajas. Se conoce de largo tiempo que el uso profiláctico de insecticidas con frecuencia favorece el desarrollo de resistencia, que falicita que insectos que permanecían en el cultivo sin importancia económica se conviertan en plagas primarias del cultivo, que elimina los enemigos naturales y eventualmente se convierte en una estrategia poco viable de control.

La adopción del control químico como estrategia de control depende de la percepción de la intensidad de la plaga que tiene el productor y de algunos factores abióticos que se relacionan con facilidad de uso y su viabilidad económica que se detallan en la figura 1.


 

Figura 1. Factores abióticos que afectan el uso de insecticidas como medida de control. Adaptado de Dent, D. 1991. Insect Pest Management. CAB International. 604 pp.


Los Insecticidas Químicos

Un insecticida normalmente consiste en un ingrediente activo y uno o varios aditivos que se usan para mejorar las características de dilución (por ejemplo emulsificantes) la eficiencia de la aplicación (por ejemplo adherentes) o su acción insecticida. El tipo de formulación en la cual se presenta un producto comercial tiene influencia sobre el método de aplicación, su persistencia en el campo y, obviamente, su toxicidad. Los componentes técnicos de un insecticida se pueden dividir en cuatro tipos químicos, organoclorados, organofosforados, carbamatos y piretroides. Estos cuatro grupos principales se mencionaran brevemente a continuación.

 

Organoclorados

Tienen en común su estabilidad química, baja solubilidad en agua, solubilidad moderada en solventes orgánicos y una baja presión de vapor. Su estabilidad y la solubilidad que presentan estos compuestos significa que persisten por largos períodos después de aplicados lo cual puede conducir a contaminación prolongada del ambiente y ha llevado a la acumulación gradual de estos ingredientes en los animales de los estratos superiores en las cadenas tróficas. Su acumulación se hizo más notoria por la capacidad de estos compuestos de acumulase en los cuerpos grasos de los vertebrados. Cuando el cuerpo utiliza esta grasa almacenada debido, por ejemplo a escasez de alimento, el producto allí almacenado se libera a la sangre donde puede alcanzar concentraciones tóxicas y causar la muerte.

El mejor concido de los organoclorados es el DDT, un insecticida de amplio espectro, muy persistente y que se acumula en grandes cantidades en los cuerpos grasos de los mamíferos. Otros familiares son aldrin, dieldrin, endosulfan y gama-HCH o gama-BHC. Por sus características muchos de estos compuestos han sido retirados del mercado en los países desarrollados y su uso prohibido. Sin embargo se producen, venden y utilizan en muchos países en desarrollo, especialmente por su bajo precio. Su amplio espectro, persistencia y riesgo para el ambiente no han llevado a considerar los organoclorados como la mejor opción dentro de un programa de MIP. Hay circunstancias en las que este grupo continúa siendo la mejor opción de control: zancudos asociados a malaria.

 

Organofosforados

Los mas conocidos de los organofosforados incluyen parathion, malathion, dimetoato, acefato, clorpirifos, diclorvos y forato. Los organofosforados se descubrieron como parte de las investigaciones sobre gases nerviosos llevadas a cabo durante la segunda guerra mundial. Por esta razón la mayoría de ellos actúan al inhibir la enzima respiratoria colinesterasa. Muchos de los organofosforados son altamente tóxicos para los mamíferos, pero generalmente no son persistentes, lo que los hace una amenaza menor para el ambiente cuando se comparan con los clorinados. Desde el punto de vista del MIP el hecho que los organofosforados se descomponen mas rápidamente es una ventaja pero también impone ciertas condiciones. La época de aplicación se debe considerar cuidadosamente para lograr un control adecuado. Esto involucra la existencia de programas de monitoreo de la plaga que permitan tener umbrales de acción adecuados para asegurar la aplicación en el momento apropiado y con la mayor eficiencia económica.

 

Carbamatos

Los carbamatos son insecticidas de amplio espectro que casi siempre matan por contacto e ingestión. Algunos tienen acción sistémica al ser absorbidos y circular en la savia de las plantas. En este grupo se encuentran aldicarb, carbaryl, carbofuran, metomyl, pirimicarb y propoxur. Normalmente los carabamatos tienen una persistencia que va de corta a mediana. Su modo de acción es muy parecido al de los organofosforados, afectando la actividad de las colinesterasas. En este grupo, la actividad anti colinesterica es un poco mas fácil de revertir lo que permite a los insectos recuperarse si reciben dosis bajas.

 

Piretroides

Derivados de las flores del piretro, Pyrethrum cinearifolium estos compuestos son los mas efectivos y los mas seguros de los insecticidas disponibles. Además de tener una muy marcada actividad por contacto, y ser efectivos a dosis relativamente bajas, son muy eficaces contra larvas de lepidopteros lo que los ha hecho muy populares en programas de MIP. Tienen una corta persistencia en el campo lo que implica que se necesitan actividades de monitoreo preciso de la plaga y umbrales de acción confiables. Adicionalmente presentan bajos grados de toxicidad a los mamíferos. Característico de su modo de acción es el efecto knock-out. Rápidamente después de la exposición al piretroide, los insectos caen aparentemente muertos, lo que ha dado una imagen de rapidez de acción de estos productos especialmente en usos domésticos. Después de algunos minutos o algunas horas, si la dosis no ha sido la apropiada los insectos se recuperan de este golpe inicial y pueden continuar activos. Si la dosis fue la correcta para causar mortalidad, la intoxicación continúa y el insecto finalmente muere. Entre los piretroides más comunes se incluyen cipermetrina, permetrina, fenvalerato y deltametrina.

 

Reguladores de Crecimiento - Juvenoides

Como resultado de la investigación fisiológica en las hormonas juveniles de los insectos surgió esta nueva categoría de insecticidas comúnmente conocida como reguladores del crecimiento (o IGR) o simplemente "inhibidores de quitina". Se conocen dos grupos de hormonas que controlan el proceso de las mudas tanto de larvas como de ninfas. Las hormonas de la muda o ecdisonas son las que controlan la re-absorción de la cuticula vieja y la deposición, endurecimiento y coloración de la nueva cutícula. Las hormonas juveniles reciben su nombre por estar presentes durante los estados inmaduros y prevenir la maduración hasta la ultima muda donde su concentración baja y se desarrolla el imago completo con órganos reproductivos apropiados para la copula y reproducción. Las ecdisonas han sido difíciles y costosas de sintetizar por lo que no han recibido el interés como insecticidas que recibieron las hormonas juveniles.

Se conocen por lo menos cuatro hormonas juveniles muy relacionadas químicamente y que se presentan en la naturaleza: JH0, JH1, JH11 y JH111. Su principal limitación para ser desarrolladas directamente como insecticidas que funcionen en el campo ha estado en su poca estabilidad bajo la luz ultravioleta. Esto ha forzado el desarrollo de análogos sintéticos de las hormonas juveniles, denominados Juvenoides, con los cuales se ha podido resolver algunos de los problemas de los productos naturales, especialmente la estabilidad bajo luz UV. Estos compuestos compiten favorablemente con la mayoría de los otros insecticidas de síntesis química ya que son muy poco tóxicos para los vertebrados, y porque generalmente se descomponen en acetato y CO2. Desde el punto de vista del MIP presentan las ventajas de ser muy específicos (restringidos a insectos u otros artrópodos) y su baja persistencia. Sin embargo, esto puede ser desventajoso si se considera el estrecho margen de aplicación que proporciona el mecanismo de acción de estas hormonas.

 

Tendencias para Nuevos Insecticidas Químicos

Después de los piretroides no se ha presentado un desarrollo de similar importancia en el desarrollo de grupos plaguicidas. Desde finales del siglo XX se ha prestado atención al desarrollo de las avermectinas, compuestos que se obtienen del hongo Streptomyces avermitilis. Aunque de origen natural, las avermectinas no son una gran adición al arsenal de compuestos biorracionales, ya que son otro grupo de insecticidas más o menos convencionales, con alta toxicidad para vertebrados.

Otros grupos que presentan potencial para ser desarrollados por su acción anti insectos son siempre los metabolitos secundarios de las plantas, aquellos compuestos que se usan naturalmente en la defensa de las plantas. En los insectos, la búsqueda de productos se ha centrado en neuropeptidos que regulan funciones básicas del desarrollo de los insectos y que tienen potencial para ser modificados genéticamente por inserción de genes con el uso de la tecnología de ADN recombinante. También se ha observado que algunas sustancias presentes en el veneno de ciertas arañas o de parasitoides que paralizan sus presas tienen potencial para ser desarrollados como insecticidas de nueva generación.

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