Introducción

INTRODUCCIÓN

Los habitantes del sector rural se enfrentan todos los días con situaciones en las que se debe superar la incertidumbre, la oposición inteligente y la conciliación de intereses en conflicto, para el logro de sus objetivos. De la misma manera ocurre con los profesionales que allí se desempeñan, bien sea que se desenvuelvan como productores, como asesores en producción, como promotores y líderes del desarrollo empresarial, institucional, sectorial, gremial o regional.

El medio ambiente, el mercado, la competencia, los conflictos de interés entre los distintos actores que intervienen en los procesos de la producción, la comercialización, la organización, la gestión, el trabajo institucional, etc., son apenas algunos ejemplos de situaciones donde la incertidumbre y la oposición se convierten en factores prioritarios a considerar a la hora de tomar decisiones. La crisis en que se encuentra la producción rural del país, causada entre otras cosas por las nuevas tendencias de la economía globalizarte, obligan al sector a buscar nuevos caminos, nuevos métodos, nuevas metas que le permitan insertarse exitosamente en la corriente renovadora de comienzos de siglo. Abrir camino, innovar, son también situaciones en que se enfrenta incertidumbre, oposición, conflicto y riesgo. El desarrollo rural, considerando sus dimensiones humana, económica, ambiental y tecnológica, en contextos distintos y particulares, es una tarea que tiene como objeto de trabajo, un sistema complejo en permanente proceso evolutivo mas o menos dinámico, aspectos ambos que dificultan su comprensión e intervención.

Cuando los problemas a resolver están bien definidos, se conocen sus causas y es predecible el efecto que se logra con la intervención, los modelos de dicha intervención se ubican en métodos como la programación lineal o la simulación; pero cuando no es esa la situación, cuando es necesario ubicar las soluciones en escenarios deseables, posibles o imaginables, cuando es necesario considerar el contexto local y las distintas lecturas y valoraciones que sobre esa realidad particular hacen los propios actores, es imprescindible buscar modelos complementarios que consideren los factores de incertidumbre, oposición y conflicto a los que se hace referencia. El pensamiento estratégico es una base conceptual que respalda los modelos metodológicos que pueden ayudar a enfrentar con mayor probabilidad de éxito la solución a la problemática presentada. Uno de estos modelos es la PLANEACIÓN ESTRATEGICA; instrumento sencillo y lógico en su concepción, que requiere de mucha reflexión y de entrenamiento intenso para ser ejecutado con destreza bajo diversas situaciones.

Los enfoques convencionales pretenden determinar leyes que explican y predicen el fenómeno y acuden generalmente a información cuantitativa. La ciencia convencional aporta mucho para la comprensión y explicación de los fenómenos del entorno físico y natural, especialmente en cuanto a las relaciones de causalidad dentro de ecosistemas, entre los fenómenos físicos y la actividad humana y sobre la comprobación de hipótesis. La información que se requiere proviene de mediciones detalladas de los componentes físicos, químicos y biológicos de los fenómenos. Pero la información física no llevara necesariamente por ejemplo a cambios en las prácticas que aplican los productores; es necesario considerar entonces variables de tipo social y económico que favorecen o no la decisión de cambio. Muchas de estas variables pueden ser medidas también con los métodos cuantitativos, pero las estrategias para el cambio incluyen muy importantes aspectos de tipo subjetivo, como las motivaciones, los intereses, las expectativas, la visión del contexto y del futuro, etc., cuya identificación y comprensión no se puede lograr con los mismos métodos, pero que son absolutamente necesarios de considerar, si se aspira a convertir el conocimiento en acción transformadora. El propósito de estos enfoques blandos, es entonces permitir al individuo explorar sus propias percepciones, compartir información, concertar, proponer, aprender colectivamente, comprometerse, autogestionar.

Qué hacer es algo para lo que los profesionales se deben preparar a responder eficazmente. Aprender a responder qué hacer, implica aprender a tener visión sistémica y a tener visión de proceso, pero sobretodo a tener muy claro qué es lo que se quiere lograr. Ahora bien, el qué hacer es la primera respuesta, pero desarrollar capacidad de gestión implica también aprender a hacer, a organizar, a priorizar, a evadir, a relacionarse, a negociar, a liderar, a exigir, a participar, a promover la participación. Aprender a actuar en equipo y en contexto.



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