Como se dijo anteriormente, las células eucarióticas se
caracterizaron en un principio por poseer una estructura central definida
llamada núcleo, en la cual el material
genético se encuentra rodeado por una envoltura.
Además, presentan un sistema de membranas internas (citomembranas)
que compartimentalizan la célula y hacen parte de la estructura
de casi todos los organelos celulares.
La mayoría de las células eucarióticas son muy delgadas,
su tamaño oscila entre 5-1000µm de diámetro. Los huevos
de algunas aves son la excepciones enormes, en realidad se trata de células
muy especializadas ya que la mayor parte del huevo está formada
por vitelo (yema) necesario para la nutrición del polluelo; la
cáscara y la clara no se consideran parte de la célula pues
son estructuras secretadas por el oviducto de la hembra. Las células
individuales de algunos tipos de algas son lo suficientemente grandes
para observarlas a simple vista, pero la mayoría de ellas sólo
se pueden estudiar bajo el microscopio óptico y con mayor detalle
con el microscopio electrónico.
La forma y tamaño de una célula guardan relación con las funciones específicas y la actividad química que llevan a cabo por unidad de tiempo. Así como una célula aumenta el volumen, su área de superficie también aumenta pero no en la misma extensión.