Las hojas son expansiones laterales de gran importancia funcional que se presentan en el tallo. Al conjunto de tallo y las hojas se les denomina brote, dado que no existe una separación clara entre ellos.
Hay una estrecha relación entre las hojas y el tallo pues la estructura de los tejidos conductores del tallo y las que se encuentran en el peciolo y nervio principal de las hojas son semejantes. Lo mismo puede decirse en cuanto a los tejidos parenquimáticos que se presentan en el cortex del tallo y el mesófilo de la hoja. No obstante, la hoja tiene unas funciones muy específicas, fotosíntesis y transpiración, para las cuales se encuentra muy especializada, tanto en su estructura como en su fisiología.
La forma laminar de la hoja, al aumentar la superficie de contacto con el medio, facilita la captación de energía luminosa y también sus intercambios gaseosos. Las hojas, a diferencia del tallo, no suelen presentar tejidos de reserva y están formadas fundamentalmente por tejidos primarios.
En las hojas llamadas sésiles, el limbo o lamina foliar se une
directamente al tallo, mientras que en otras lo hace por medio de un pie
llamado peciolo, el cual se inserta en el tallo por la llamada base foliar.
(Figura 1(a), 1(b), 1(c) y 1(d))
Figura 1 Morfología de la Hoja (Tomado de Orozco et al, 1990) |
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En la mayoría de las monocotiledóneas y en unas pocas dicotiledóneas (Umbelíferas y Poligonáseas), la base de la hoja presenta un marcado ensanchamiento o vaina que rodea al tallo.