Evolución del conocimiento
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Conceptos sobre relaciones hídricas

3.2 Introducción


Para iniciar el tema, resulta de interés conocer las ideas de los científicos y naturalistas de siglos pasados. Ellos, no conocían el enorme cuerpo de conocimientos comprobados, procedentes de diferentes fuentes de información, que hoy tenemos, disponían de menos evidencias para demostrar como ocurrían los procesos y el desarrollo de instrumental para la investigación era limitado.

3.2.1 Qué se aportó al conocimiento de las relaciones hídricas vegetales desde la prehistoria hasta el siglo XX?

Los cambios climáticos del neolítico, impulsaron nuevas actividades humanas, que desencadenaron una metamorfosis cultural. Esos cambios, condujeron el paso del hombre de la edad de los cazadores a la de agricultores (suponen absoluto sedentarismo) y pastores. Entonces, se planteó el problema de sacar el mayor provecho posible del territorio que ocupaban; el hombre se transformó en agricultor y productor y empezó a cultivar plantas y a seleccionarlas. Se revisarán dos ejemplos:

Como el valle del Nilo ocupaba una región malsana, localizada entre la selva y el desierto, fue necesario desarrollar toda una organización comunitaria para construir exclusas, organizar un sistema de canales para la irrigación de acuerdo a las necesidades de los diferentes cultivos, construir depósitos de agua y transformar las marismas en tierra fértil. Desde la prehistoria, los cultivadores, ya reconocían que la vida está intimamente ligada al agua, especialmente en su estado líquido, sabían de su importancia para el crecimiento de las plantas y en Egipto, Babilonia (Moderno Iraq) y China contaban con sistemas de irrigación. Los exploradores europeos, también encontraron extensos sistemas de riego en Norte y Sur América.

Si bien, la instauración de una economía agrícola constituyó una condición fundamental para el desarrollo de sociedades complejas, en América, las trayectorias culturales desarrolladas en zonas de amplios recursos bióticos, bien repartidos a lo largo del ciclo anual, demuestran que los sistemas de explotación de los recursos alimenticios y los modos de ocupación del territorio evolucionaron de acuerdo a la disponibilidad de agua.

La prueba más antigua de domesticación de plantas en el valle de Oaxaca (México), en la gruta de Guilá Naquitz, fue el encuentro de un fragmento de calabaza comestible (Cucurbita pepo), descubierta en un nivel arqueológico de 8 000 años a.n.e. En el valle semiárido de Tehuacán (Puebla) el inventario de plantas muestra que, entre 5 000 y 3 500 años a.n.e., se explotaban cucurbitáceas, frijoles (Phasoleus), chiles (Capsicum), aguacates (Persea americana), granos de Setaria, de amaranto y de maíz y que algunas de esas plantas eran ya objeto de manipulaciones agrícolas. En la región se conocían las prácticas agrícolas y prevalecía la ocupación seminómada del territorio hasta aproximadamente 1500/1000 años a.n.e., los riesgos que presentaba la agricultura en un medio semiárido, incitaron a los cazadores-recolectores a privilegiar la movilidad y el tipo tradicional de explotación estacional de ecosistemas variados, fuente segura y regular de recursos alimenticios silvestres.

El nomadismo perduró durante mucho tiempo. Las comunidades poseían un profundo conocimiento del ciclo anual de los diversos recursos silvestres y una gran movilidad para explotar ecosistemas dispersos y temporalmente fértiles. Al comienzo de la estación de lluvias -mayo a octubre-, los habitantes cosechaban las vainas de leguminosas (Prosopis, Acacia, Leucaena) y los frutos espinosos del nopal y de la pitahaya. Al final de la estación de lluvias, desarrollaban actividades hortícolas en el fondo de las cañadas. En el otoño explotaban las nueces y las bellotas de las plantas de las regiones aluviales y en el periodo más seco, explotaban las raíces de pochote o algodonero silvestre (Ceiba parviflora), las pencas del Agave y el nopal (Opuntia).

Por otra parte, la región Sur de la cuenca de México, que disponía de un régimen pluvial satisfactorio, y de grandes lagos de agua dulce, constituyó, entre el 6000 y el 2000 a.n.e., un buen ejemplo de una región del Altiplano con recursos bióticos densos y variados, particularmente favorable a los asentamientos humanos y al desarrollo precoz de los fenómenos de neolitización. Los estudios interdisciplinarios del polen fósil obtenidos en Tlapacoya-Zohapilco y en Guatemala, muestran que las antiguas comunidades de la región, tenían acceso directo o de corto radio a diferentes zonas ecológicas, ricas en recursos perennes o estacionales: bosques de robles, de pinos y de alisos, suelos aluviales de alto nivel freático y medios lacustres. Durante todo el año podían explotar la fauna lacustre y del bosque y contaban con recursos vegetales específicos como amaranto, Zea (maíz y teosinte) y tomate verde (Physalis)


Hacia el 5500 a.n.e., explotaban, ecosistemas yuxtapuestos que a lo largo de todo el año, les ofrecían todos los recursos alimenticios necesarios y el agua dulce del lago y de manantiales. Estos factores tuvieron como consecuencia una ocupación sedentaria temprana del territorio.

Las consecuencias más importantes de una temprana sedentarización son de diversa índole: se observa generalmente un sentido más agudo de los derechos territoriales, un aprovechamiento sistemático del espacio habitado, un crecimiento demográfico significativo, una organización política de mayor complejidad y el desarrollo de relaciones hombre/plantas más estrechas que tiende a acelerar el ritmo de instauración de una economía agraria.

 

3.2.2 Las ideas de los científicos antiguos

Cuando se inició el estudio experimental de la fisiología vegetal, se disponía de muy pocas evidencias para demostrar como ocurrían las reacciones químicas. Al observar que en una reacción química entraban unas sustancias y se producían otras, surgió la teoría de la transmutación. Por ejemplo algunos investigadores notaban que después de evaporar agua por ebullición, en el fondo del recipiente quedaba un residuo constituido por cristales pequeños. Los científicos explicaban el hecho, diciendo que "el agua se había transmutado en un material térreo".

En el siglo XVII, se sabía muy poco a cerca de la naturaleza de los gases y se entendía menos sobre su significado para los organismos vivos. Entonces surgió la teoría del flojisto para explicar especialmente los fenómenos de combustión de las sustancias. Se creía que las llamas que brotaban del objeto incinerado representaban "algo" que se escapaba del objeto. A ese "algo" desconocido se le llamó "flojisto".

Por aquella época empezó a preguntarse ¿Cómo crece una planta? ¿De donde obtiene la materia prima? Aristóteles creía que las planta absorben su alimento desde el suelo y que su nutrición era controlada por un principio vital que solo le permitía absorber las sustancias útiles para su crecimiento. Aunque esa idea fue cuestionada en el siglo XVII por Van Helmont y Mariotte, persistió hasta el siglo XIX.

Posiblemente el primer intento por explicar la absorción de agua por las plantas lo publicó Cesalpineo en su libro "Di plantis"(1583). Él después de analizar el magnetismo y la succión, concluyó que las raíces absorben líquido de la misma manera que un pedazo de lino o esponja, esta debió ser una explicación primaria del proceso vegetal en términos físicos.

A finales del siglo XVIII y comienzo del XIX, los avances químicos facilitaron la investigación en fotosíntesis y nutrición mineral vegetal. La identificación del O2 y del CO2 y el desarrollo de métodos para medir gases, permitieron a de Saussure y otros, entender el intercambio gaseoso de la fotosíntesis.

Al iniciar el siglo XIX se evitaba la exploración racional de muchos fenómenos basados en principios físico-químicos, porque se pensaba que los procesos vegetales y animales estaban controlados por una misteriosa fuerza vital. En esa época la contribución más importante a las relaciones hídricas de la planta quizá fue el desarrollo de la teoría osmótica por Dutrochet, la cual se utilizó para explicar varios fenómenos como el escape de esporas y la absorción del agua por plantas que presentan presión de raíz; el mismo autor atribuyó la condición de "turgor" a la osmosis; desafortunadamente no se comprendió la función de las membranas diferencialmente permeables en el proceso; tema que fue desarrollado más tarde por Traube (1867), de Vries (1877) y Pfeffer (1877). El concepto de osmosis fue muy importante porque varios procesos pobremente explicados como manifestaciones de un principio vital ahora se explicaban en términos de eventos físicos.

De Saussure (1804), no encontró relación directa entre la absorción de minerales y de agua por las plantas; él señaló que la proporción de solutos absorbidos no correspondía con el nivel de las sales presentes en el suelo, de ahí surgió la idea la permeabilidad diferencial de las raíces a los solutos. En 1832, DeCandolle, propuso la teoría de la espongiola que fue ampliamente aceptada durante varias décadas; proponía que la cofia era un órgano absorbente y contráctil a pesar de que la observación directa de los ápices de la raíz demostraba su inexactitud.

Fig. 1.- Van Helmont analizó cuantitativamente el crecimiento de una planta, descubrió de dónde obtiene su materia prima y cómo se alimenta. Para comprender el evento fisiológico, realizó un experimento sencillo: tomó una matera donde colocó 90.7 Kg de tierra que había secado en un horno, la humedeció con agua de lluvia y sembró una rama de sauce que pesaba 2.3 Kg. Después de cinco años, en que solo aplicó riego con agua lluvia, el árbol había crecido y pesaba 76,74 Kg (en sus cálculos no tuvo en cuenta las hojas que cayeron). Al final sacó la tierra de la maceta y se encontró que el peso de la tierra era similar al inicial, solo se habían perdido 56.7 g. El concluyó que 74.5 Kg de madera, corteza y raíces se formaron solo de agua y señaló que las plantas usan agua como alimento, pero no explicó como se absorbe o asimila. El entendimiento de la nutrición mineral solo se desarrolló al final del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Van Helmont, también observó que las plantas crecen y ganan más energía en días brillantes, porque esa condición favorece la fijación de CO2 por fotosíntesis. En consecuencia, al quemar una planta, se liberará la energía que fue almacenada como energía química. Un experimento sencillo, le permitió comprobar que las hojas de una gramínea almacenan energía:


Fig. 2.- Van Helmont, tomó un manojo de pasto verde, contó el número de hojas y lo seco en un horno con aire más seco, sin quemarlo. Fraccionó el material en pedacitos y lo amontonó debajo de un recipiente con agua, como se ve en la figura.
Midió la temperatura inicial del agua y luego produjo la combustión del material seco, permitiendo que las llamas calentaran el agua. Determinó la cantidad de calor producido. Luego, midió nuevamente la temperatura del agua.

La publicación de Harvey en 1928, sobre la circulación sanguínea, aumento el interés en la posible circulación de la savia de las plantas y en 1670 la Royal Society of London, patrocinó los experimentos de Ray y Willough para saber si la savia circula en las plantas igual que la sangre en los animales. Los resultados no fueron concluyentes pero mostraron que el agua puede moverse en cualquier forma en los tallos.

Fig. 3.- Los primeros experimentos cuantitativos sobre las relaciones hídricas de los vegetales fueron realizados por Stephen Hales, quien se interesó por el flujo de materiales a través de las plantas, dio énfasis a la importancia de la savia vegetal, hizo numerosas observaciones sobre la absorción y translocación del agua, midió y comprobó que la transpiración varía con la especie vegetal, con la temperatura, la hora del día y el brillo solar, calculó del área de hojas y raíces a partir de medidas de muestras representativas haciendo uso temprano de la técnica de muestreo y observó la fuerza de la savia exudada por los tocones de la vid y otros árboles recién cortados notó que la exudación cesaba más tarde, cuando las hojas se expandían y el agua se perdía por transpiración, también observó la absorción de agua a través de tallos cortados de plantas que transpiran. Aparentemente Hales entendió que hay relaciones entre absorción y transpiración y señaló que la absorción es un proceso físico, comprobó que las raíces son diferencialmente permeables y sus experimentos lo condujeron a descartar que la savia circula en las plantas lo mismo que la sangre en los animales. Observó la función de las hojas como atrayentes de la savia a las zonas de crecimiento y sugirió que la luz que golpea las hojas contribuye a la nutrición de las plantas en alguna forma.

La significancia de los experimentos de Hales radican en el empleo de controles experimentales y en sus conclusiones sobre la clara interacción entre plantas y atmósfera.


Al finalizar el siglo XVII, el desarrollo del microscopio llevó a Malpihighi y a Grew al descubrimiento de los estomas en la superficie de las hojas; esta fue la contribución anatómica más importante de la época. Aunque en general, los microscopistas consideraron las hojas como órganos digestivos y los estomas como estructuras de salida para los productos de desecho de la digestión, Grew señaló la posibilidad de que esas estructuras funcionaran en el intercambio de sustancias entre la planta y la atmósfera y especuló sobre la absorción del agua y el ascenso de la savia; pensaba que la savia en las hojas sufre algún cambio que aumenta su valor nutritivo y después se dirige a los frutos y raíces.

El progreso en el conocimiento de las relaciones hídricas de los vegetales, fue más rápido al finalizar el siglo XIX, debido a los avances químicos y a la participación de más investigadores mejor entrenados. Fick hizo el primer tratamiento matemático de la difusión, de ahí resultó la ley de Fick que aún se usa. Graham diferenció entre material coloidal y no coloidal y Traube describió como formar membranas artificiales que seleccionen entre agua y pequeños solutos, propuso la teoría de la permeabilidad diferencial y mejoró la teoría de la osmosis de Dutrochet.

Pfeffer midió con exactitud la presión osmótica usando las membranas de Traube; reconoció que la presión de solutos en un osmómetro, determina la presión osmótica; señaló que las células tienen presión osmótica variable, llamada también presión de turgor. Correctamente consideró que la presión dentro de la célula, surge de la resistencia de las paredes celulares al alargamiento, al cual llamó turgor y ocasionalmente usó el concepto de potencial. Por su parte Gibbs reconoció que en el equilibrio, la presión osmótica balancea la diferencia en potencial osmótico a través de la membrana y Reid señaló que las membranas protoplasmáticas pueden conducir absorción activa de solutos contra un gradiente de concentración.

De Vries explicó la condición necesaria para el desarrollo de turgor celular y estableció las relaciones entre peso molecular y presión osmótica concepto que fue usado por Arrhenius para dar soporte a su teoría de la ionozación, la cual con algunas modificaciones se usa hoy.

La comprensión de las relaciones hídricas de las plantas se debe a Sachs (1875) y Green (1914). En su trabajo a mediados del siglo XIX, Sachs, investigó los efectos de la humedad, la aireación y la temperatura del suelo sobre la absorción de agua y crecimiento de raíz; demostró que la absorción de agua por plantas de estación cálida como cucúrbitas, se reduce más por enfriamiento del suelo que la absorción de plantas en la estación fría; determinó que los suelos arcillosos contienen más agua disponible que los suelos arenosos; mostró que la absorción de agua especialmente ocurre en la zona de los pelos radicales y no por el ápice de la raíz y señaló que la transpiración y la absorción de agua están íntimamente relacionadas. Se pensó erróneamente que el ascenso de la savia ocurre por las paredes de los elementos del xilema más que por el lumen que en general aparecía bloqueado por burbujas de aire, pero ese error fue corregido por otros Elfving, Errera, Vesque y Strarburger.

 

3.2.3 Cómo fue el avance inicial de la Fisiología Vegetal en los EU?

El estudio de la Fisiología Vegetal en las colonias americanas en los primeros días de los EU, fue más lenta, que en Europa e Inglaterra, parcialmente debido a la abundancia de plantas colectadas en las nuevas regiones del país que se estaban explorando. Se enfatizó en la taxonomía y se introdujo el sistema de clasificación de Lineo.

Quizá la primera investigación sobre relaciones hídricas de las plantas fue realizada por Williams (1794), quien midió la pérdida de agua por una ramita arrancada de un árbol de arce, contó el número de hojas del árbol y el número de árboles por acre. Estimó que la pérdida de agua durante un período de 12 horas, fue 3875 galones acre-1 valor razonable para los métodos disponibles en la época. Sus registros indican que la pérdida promedio de agua acre-1 de maíz Kansan fue de 3240 galones dia-1; también discutió el volumen de savia obtenida por sangrado de árboles de arce, determinó la edad de los árboles por el número de anillos y consideró la posible importancia de los árboles en la purificación del aire contaminado de las ciudades, hecho indicativo de que la polución es un problema antiguo especialmente en ciudades donde en cada hogar se quemaba carbón.

En 1968, Gray estableció que la mayor parte de la absorción del agua ocurre a través de la superficie de las raíces más nuevas y que la expansión radical, es necesaria para abastecer el agua que se gasta en la superficie foliar. Señaló que la mayor parte del agua escapa a través de los estomas y que en una planta foliosa, la savia no es empujada hacia arriba desde abajo, sino es conducida hacia arriba desde arriba.

Al finalizar el siglo XIX, se observó el flujo de la savia y el crecimiento de la raíz. Clark (1874), señaló que una planta de calabaza crecida en invernadero produjo casi 16000 raíces (25 Km) y sus observaciones sobre el flujo de la savia desde árboles heridos aún se aceptan hoy.



3.2.4 Los aportes del siglo XX al conocimiento de las relaciones hídricas de los vegetales

La publicación de algunos libros como "The Role Of Difusión And Osmosis In Plants" de Livingston (1903) influyó notablemente en el desarrollo de instrumental para medir factores ambientales (manómetros de porcelana para evaporación, conos de punto del suelo para el poder de abastecimiento de agua del suelo y clips de cloruro de Litio para la transpiración). Livingston y Shereve (1921) escribieron un libro sobre la función de los factores climáticos en la distribución de las plantas, pero su obra más importante fue la motivación y el entrenamiento que dieron a los jóvenes en investigación ecológica y fisiológica.

En el siglo XX, el progreso fue considerable: se estudió el proceso físico de la difusión a través de poros estomáticos, pero debido a que esos experimentos se realizaron en aire quieto, donde la resistencia de la capa limitante es tan grande como la resistencia estomática, los resultados indicaron erróneamente que grandes cambios de apertura estomática tienen poco efecto sobre la transpiración. Experimentos posteriores indicaron que el efecto del cierre estomático sobre la transpiración es grande en aire turbulento donde la resistencia de la capa limitante es baja. También se demostró en que el medio actúa sobre las plantas a través de sus efectos sobre los procesos fisiológicos.

En el siglo XX estaba claro que la cantidad de agua que contiene un sistema como el suelo o un tejido, constituye un indicador de su estado hídrico, pero ese parámetro, no permitía determinar el sentido de los movimientos de agua entre las diferentes partes de la planta, ni entre el suelo y la planta. En esta época Kramer y Boyer (1995) destacan tres acontecimientos por que marcan el avance en el conocimiento sobre el funcionamiento de las relaciones hídricas


  1.

Un notable avance en el campo de las relaciones hídricas, fue el cambio de indicador del estatus de agua de la planta. El énfasis que se había dado a la presión osmótica, durante la primera mitad del siglo ahora se dirigió hacia el potencial de agua o potencial hídrico. A partir de entonces, el movimiento del agua se explica en términos de gradientes de potencial hídrico y no de presión osmótica. Ese cambio causó mucha confusión con respecto a la terminología más adecuada y condujo al uso de tantos términos como investigadores había (Fuerza de Succión, Poder de Absorción de Agua, Presión Osmótica Neta, Déficit de Presión de Difusión y finalmente Potencial de Agua).

El término potencial de agua, se aceptó muy lentamente debido a la confusión en la terminología, porque no se disponía de una metodología para medirlo y porque los fisiólogos vegetales no estaban entrenados para medirlo. Por lo tanto durante el siglo XX, solo ocasionalmente se midió el estatus de agua de la planta. El desarrollo de equipos como psicrómetros con termocupla y la bomba de presión por Scholander, facilitaron las medidas y se usan actualmente para caracterizar el estatus hídrico de las plantas.

El interés en la presión osmótica se revivió al tratar el ajuste osmótico de plantas estresadas; actualmente, es evidente la controversia entre los investigadores que atacan el término potencial osmótico, porque no siempre se relaciona bien con los procesos fisiológicos y quienes lo defienden.

 

  2.

Otro criterio importante para las plantas, es el Porcentaje Permanente de Marchitez (PMP), descrito por Briggs y Shantz (1911). Este, expresa el contenido de agua en el suelo por debajo del cual, cesa la disponibilidad de agua para la planta, entonces, es improbable que ocurran el crecimiento y la transpiración.

Slatyer (1957), propuso que a medida en que progresivamente se agota el agua del suelo, se origina un estrés hídrico y la presión de turgencia de las células foliares decrece hasta un valor de cero. También señaló que el PMP, depende del potencial hídrico al que las hojas pierden su turgor, de sus propiedades osmóticas, de las condiciones meteorológicas que afectan la transpiración y de las condiciones del suelo que afectan la absorción de agua; no es, una constante del suelo. El concepto es útil aunque no hay un límite inferior bien definido para la disponibilidad de agua en las plantas.

 

  3.
Desde que se empezó a pensar en la forma como las plantas obtienen agua, es evidente la necesidad de un proceso continuo de absorción de agua, desde el suelo, este es esencial para el crecimiento y supervivencia de la mayor parte de los vegetales. El proceso no es independiente, más bien está intimamente relacionado con las pérdidas de agua por transpiración.

Fig. 4. Hábito de crecimiento de dos especies. A. Cereus giganteus, especie con baha tasa transpiratoria. B y C. Eucaliptus globulus especie que transpira rapidamente.


Hay diferencias de condiciones dentro de los sistemas de conducción de agua entre las plantas que transpiran lentamente y las que lo hacen rápidamente. Cuando el suelo está húmedo y cálido, se produce poca transpiración y el agua en el suelo se encuentra bajo presión positiva, como lo indican la gutación y la presión de raíz. Pero cuando la transpiración es rápida, el agua se encuentra bajo tensión. En las plantas que transpiran, las fuerzas que causan la absorción de agua, se originan en los vástagos y no en las raíces.

Miller (1938), estableció que la imbibición, la osmosis y la absorción pasiva, participan en el mecanismo de absorción, pero no era claro, si esas fuerzas constituían la explicación adecuada. Desde 1912, se distinguía entre los mecanismos de absorción "activa" que operan en las plantas que transpiran lentamente y los mecanismos pasivos que operan en plantas que transpiran rápido. Actualmente se acepta que las raíces de plantas que transpiran lentamente, actúan como osmómetros, mientras en las plantas que transpiran rápido, el agua es succionada pasivamente a través de las raíces.

En el siglo XX, también fue clara la distinción entre los efectos producidos por estrés ambiental, (baja temperatura y aireación deficiente), sobre la resistencia de la raíz (conductancia o permeabilidad) al flujo de agua y sobre la fuerza manejadora que causa su movimiento.

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