5.
IMPORTANCIA DEL AGUA
Los mares constituyen la principal
reserva hídrica de la tierra, allí se almacena un
99.7% del agual terrestre. Aproximadamente el 2% de las reservas,
se encuentran congeladas en forma de hielo y nieve en los polos,
glaciares y nevados. El agua continental, es subterránea
en buena parte, tan solo el 1%, se encuentra cerca de la superficie
y puede ser utilizada por las plantas. El resto se infiltra profundamente
formando depósitos subterráneos. Por último,
el agua de las nubes, la niebla y el vapor de agua representa una
cantidad ínfima de la reserva hídrica (ciclo
del agua).
Las reservas de agua de la tierra, se encuentran en equilibrio dinámico.
El agua superficial de los mares se evapora en mayor proporción
de lo que cae como precipitación, el exceso es arrastrado
llega a las zonas continentales. Estas por término medio,
ceden menor cantidad de agua debido a la evaporación por
unidad de superficie y a veces mucho menos que el agua que reciben
porque su humedad superficial es menor que la de una superficie
de agua; por otra parte, la superficie terrestre es menos de la
mitad de la marina.
Sí las precipitaciones anuales superan la evaporación,
se habla de zonas húmedas y en el caso inverso de zonas áridas.
Alrededor de 1/3 de la zona continental presenta déficit
de lluvias y la mitad de esta (aproximadamente 12% de la superficie
terrestre) es árida en extremo con precipitaciones anuales
de 250 mm y una capacidad de evaporación superior a 1000
mm. Por el contrario, menos del 3% de la zona continental es excesivamente
húmeda con exceso de precipitaciones.
El agua y la temperatura son los principales factores que controlan
la distribución de la vegetación sobre la superficie
de la tierra; donde la temperatura permite, las plantas crecen principalmente
por la cantidad y distribución de la precipitación
más que por cualquier otro factor aislado. Por ejemplo En
regiones donde las lluvias copiosas se distribuyen regularmente
durante el año y sobrepasan los 2.5 metros cúbicos,
hay abundante vegetación y gran biodiversidad; la cubierta
forestal es tan densa que en un día de sol, el suelo recibe
solamente el 1% de la luz solar como sucede en las selvas lluviosas
tropicales del Chocó y del Amazonas, en la vegetación
de la Península Olímpica al noreste de los Estados
Unidos y en las selvas del sur de los Apalaches.
En zonas de fuerte variación estacional con veranos o épocas
secas y calientes la vegetación arbustiva es dominante como
sucede en las zonas Mediterráneas, y del Sur de California.
Donde las sequías veraniegas son frecuentes y graves, surgen
las praderas como las estepas en Eurasia, las praderas en EU, las
sabanas en los llanos orientales de Colombia y Venezuela o las pampas
en Argentina.
En zonas con veranos cálidos y secos e inviernos moderados
donde la precipitación es de 38 a 50 cc año-1,
se presentan los chaparrales constituidos por vegetación
arbustiva, allí la precipitación pluvial es alta pero
estacional, los arbustos son perennes, espinosos con hojas pequeñas
y coriáceas.
Un descenso mayor en la cantidad de lluvias da por resultado los
matorrales desérticos que crecen en zonas donde la precipitación
pluvial es menor de 25 cc año-1 se caracterizan
por los arbustos separados entre sí, con sistemas radicales
de gran tamaño y adaptados para reducir las pérdidas
de agua por transpiración; se asocian con especies suculentas
como se observa en la Guajira. Y finalmente en las áreas
más secas se presentan los desiertos.
En contraste donde hay drenaje deficiente y los suelos se saturan
más o menos permanentemente ocurre la vegetación característica
de esteros y pantanos.
El efecto de la temperatura parcialmente se impone mediante la relación
hídrica, donde la temperatura es baja, la evaporación
y la transpiración disminuyen, lo contrario ocurre donde
la temperatura es alta. Por eso la cantidad de agua adecuada para
praderas de un clima cálido, podría suplir las necesidades
de un bosque en un clima más frío (Kramer, 1974).
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