Evolución de la contabilidad

 

SER Y QUEHACER DE LA CONTABILIDAD: En busca del sentido de la informaciÓn financiera

Tomado de Contabilidad Financiera de Gerardo Guajardo Cantú

EL SENTIDO DE LAS COSAS

Antes de proceder a conocer las técnicas que corresponden a una disciplina, es conveniente esforzarse por entender el sentido y la utilidad de la misma. En el caso de la contabilidad, antes de proceder a explicar los diferentes elementos que la conforman, es importante asegurarse de dar respuesta a las siguientes interrogantes: ¿Qué es la contabilidad? ¿Para qué se usa? ¿Quién la usa? ¿Qué beneficio proporciona? ¿Quién la solicita? ¿Quién proporciona este servicio? ¿Quién está dispuesto a pagar por su elaboración? ¿Qué beneficio genera en la sociedad?.

La respuesta a muchas de estas interrogantes sin duda irá a constituir una base de conocimientos que podemos denominar genéricamente como cultura contable, una cultura necesaria para quien desee capacitarse en el entendimiento, manejo y utilización de la contabilidad.

UN VISTAZO A LA EVOLUCIÓN DE LA CONTABILIDAD

Si bien la contabilidad tiene una historia que va aparejada a la de la civilización misma, es necesario hacer un esfuerzo para resumir en unas cuantas hojas sus rasgos más evidentes, y resaltar los momentos más importantes que han influenciado los 5.000 años de su historia.

La técnica de la contabilidad es tan antigua como la necesidad que tiene una persona de disponer de información para cuantificar los beneficios obtenidos de la realización de actividades comerciales. Como es bien sabido, la historia consigna que en la antigüedad existieron pueblos que se distinguieron por ser excelentes mercaderes, tal es el caso de los fenicios en Asia y de los venecianos en Europa. Pueblos comerciantes que desarrollaron, por necesidad, formas primitivas de contabilización de sus operaciones, basadas en los instrumentos y formas de escritura de la época en que les correspondió vivir. De tal forma que se han encontrado vestigios de este tipo de registro, correspondientes a épocas tan lejanas como 3 000 años antes de nuestra era.

Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XV, y como consecuencia del fuerte desarrollo que se vivió durante esa época y que impactó prácticamente a todas las esferas del conocimiento, que el registro de operaciones comerciales vivió uno de sus periodos más trascendentes, quizá tan sólo comparable a los que viviría intensamente hasta el siglo XX en dos momentos marcadamente importantes: la crisis financiera generalizada que se dio en la década de los treinta y la marcada tendencia de globalización de los negocios que se ha estado viviendo en la década de los noventa.

Antes de efectuar algunas importantes reflexiones sobre estos dos momentos cruciales en la evolución de la contabilidad vividos en el presente siglo, habremos de referirnos primero a los acontecimientos que marcaron para siempre la historia de la contabilidad y que tuvieron lugar en el siglo XV.

Siglo XV: Nacimiento oficial de la contabilidad

Durante el siglo XV ocurrieron acontecimientos que impactaron fuertemente a la técnica contable como para considerarse que en ese periodo se gestaron las bases de lo que se conoce hoy como contabilidad. Efectivamente, en esa época se le atribuyó la "paternidad" de la contabilidad a un monje llamado Luca Paccioli, quien formalizó un esquema muy rudimentario para registrar las escasas operaciones mercantiles que realizaba la congregación de la cual él formaba parte. A ese primitivo y sencillo sistema de registro o contabilización de mercaderías, se le consideró, con el paso del tiempo, como la base de la contabilidad.

Por esos años, una de las aplicaciones más conocidas del esquema para el registro de las operaciones comerciales y para la cuantificación de los beneficios netos obtenidos de dichas actividades, fueron sin duda las travesías emprendidas entre Europa y el Nuevo Mundo: América.

En efecto, con el descubrimiento de un nuevo continente, se establecieron rutas comerciales para explotar los atractivos productos y mercaderías que se ofrecían a ambos extremos del Atlántico. Los navegantes iniciaban empresas mediante las cuales se aventuraban en búsqueda de nuevas tierras que ofrecían productos, especias y metales preciosos. Algunas de esas empresas eran patrocinadas por personajes poderosos de la época, quienes ponían a disposición del dirigente importantes cantidades de recursos, por lo que este último, estaba obligado a rendir cuentas claras acerca del resultado de dichas travesías.

En este contexto nació el concepto original de empresa al que estamos acostumbrados hoy en día. En cierto sentido, empresa significa aventura. La aventura en que se embarcaban aquellos valientes empresarios para realizar operaciones comerciales entre el viejo y el nuevo continente. Pero tanto ayer como hoy, la mejor forma para medir los beneficios netos de la operación de una empresa es el mecanismo de la contabilización.

En la antigüedad, se cuantificaban los recursos aportados en la empresa, se realizaban las operaciones comerciales para las cuales había sido constituida la misma, se esperaba a que terminara la travesía, se vendían las mercaderías adquiridas en uno u otro extremo del Atlántico, se pagaba a la tripulación del navío, ya sea en especie (mercaderías) o en el circulante de la época (normalmente monedas de oro), se resarcían los recursos inicialmente aportados y, si después de todo existía aún algún remanente, a este beneficio neto se le denominaba utilidad. Como se puede ver, cualquier parecido con la realidad 500 años después no es mera coincidencia.

Siglo XX: La crisis mundial de los treinta

Otro de los momentos en los que la contabilidad ha jugado un papel protagónico es la década de los treinta en el presente siglo. Durante esa década, y específicamente en 1933, ocurrió lo que se conoce como la Gran Depresión de los treinta, periodo caracterizado por una crisis financiera de las grandes empresas norteamericanas, que trajo consigo fuertes problemas financieros en empresas más pequeñas, así como en individuos, ocasionando una crisis generalizada que se originó en Estados Unidos y tuvo repercusiones a nivel mundial.

Una de las consecuencias de dicha crisis fue estandarizar, reforzar y redefinir el rol de la contabilidad para evitar, en el futuro, la generación de nuevos problemas con tales dimensiones. De ese episodio, la contabilidad salió con una personalidad más sólida y con una vocación más claramente definida.

 



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