LECTURAS

Confianza quebrada

Además de las pérdidas financieras, la quiebra de Enron, la mayor de la historia, pone en entredicho la credibilidad de las instituciones del mercado de valores estadounidense.

Más que aclarar cómo Enron violó las normas, la discusión de fondo está en lo que estas le permitieron hacer.

Era difícil de creer. A finales del año pasado, Enron, el mayor comercializador de electricidad y gas del mundo, la séptima empresa por ingresos de Estados Unidos (US$100.000 millones en el 2000), la misma que durante 6 años consecutivos había sido catalogada por la revista Fortune como la más innovadora de ese país, se acogió a uno de los procedimientos de bancarrota de la ley estadounidense. Su acción, que en el 2000 alcanzó cotizaciones de US$90, quedó valiendo menos de US$1.

Es la mayor quiebra de la historia. Entre los damnificados se encuentran sus miles de accionistas, quienes súbitamente vieron cómo sus US$30.000 millones de capitalización de mercado se esfumaban; sus más de 10.000 acreedores, cuyos US$50.000 millones de deuda están en veremos; y parte de sus 25.000 empleados, cuyos ahorros pensionales en acciones de la empresa quedaron valiendo US$1.000 millones menos. Pero lo más sorprendente es que semejante desastre ocurrió en las narices del mercado de valores estadounidense, supuestamente, el más seguro y desarrollado del mundo. Más allá de un simple fracaso empresarial, el colapso de Enron atenta contra el cimiento de los mercados financieros: la confianza. Mientras los pormenores del caso son investigados por el Congreso y la Comisión de Valores Estadounidense (SEC, por su sigla en inglés), proceso que puede tomar varios años, este hecho tiene implicaciones de alcance global y pone en entredicho la credibilidad de algunas de las instituciones más veneradas de los mercados de valores.

IMPLICACIÓN 1: DEMASIADA LIBERALIZACIÓN PUEDE SER NOCIVA

Curiosamente, el efecto inmediato de la quiebra de Enron en el mercado energético fue leve. No hubo escasez ni cambios bruscos en los precios de la electricidad o del gas. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo pueden ser enormes. La liberalización del mercado eléctrico, cuyas bondades ejemplificaba Enron, ahora es tema de aguda controversia entre legisladores y editorialistas, que claman por un papel más activo del Estado. De hecho, la Comisión Federal de Regulación de Energía de Estados Unidos recientemente comenzó a aplicar controles de precio y a debatir el asunto públicamente.

El tema de la liberalización también colocó sobre el tapete el papel de Enron como motor de corrupción en diferentes países y puso en aprietos a la Casa Blanca. Conscientes de las oportunidades de negocio que generaría un mercado libre, los directivos de Enron lideraron la causa antirregulatoria. Al parecer, sus estrechos vínculos políticos con los Bush, que datan desde las épocas en que George padre era vicepresidente de Ronald Reagan, y las generosas contribuciones de Enron al partido Republicano, le permitieron acelerar la desregulación del mercado energético.
Su influencia también era global: hasta mediados del 2001, Enron contaba con una legión de 88 ejecutivos de tiempo completo encargados de hacer lobby en diversos países. De hecho, la empresa es protagonista de un reporte de Amnistía Internacional, que la acusa de promover, mediante prácticas corruptas, la desregulación del mercado energético en India.

Por lo pronto, la bandera de la ética ya comenzó a ser agitada en Estados Unidos por congresistas demócratas que quieren sacar provecho de los nexos entre las grandes corporaciones y la administración Bush con miras a las elecciones legislativas de este año.

IMPLICACIÓN 2: QUIZÁ LOS "EXPERTOS" NO LO SON TANTO

La confiabilidad de los analistas bursátiles como orientadores del mercado quedó deshecha. En el mundillo de los inversionistas, Enron era reconocida por la complejidad e inconsistencia de sus estados financieros, lo que muchos atribuían a la novedad de su negocio. No obstante, el creciente precio de la acción salvaba este inconveniente, de manera que en septiembre del 2001, a escasos 2 meses del anuncio de quiebra, 16 de los 17 analistas encargados de cubrir Enron en Estados Unidos recomendaban su compra y el otro aconsejaba mantenerla.

 

(2) Tomado Revista Dinero - Enero de 2002

 

 



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