Knight, Coase & Baumol
F. Knight
Knight desarrolló la visón de que el empresario recibe un retorno o pago por llevar sobre sí la incertidumbre. Hasta el tiempo de Knight la “ganancia” se analizaba como un pago que surgía dado los cambios continuos y el desarrollo a través del tiempo. Sin embargo, Knight explica que los cambios cuyas consecuencias era previsibles no generaban, la “ganancia” per se. Precisamente, los cambios perfectamente previsibles eran compatibles con el estado de equilibrio en el que ninguna ganancia surgiría. Este tipo de equilibrio se le llama un equilibrio hayekiano.
El ejemplo que coloca Ricketts es el de un meteorito que va a impactar contra la tierra. El impacto va a ocasionar muchos cambios, no obstante, todos ellos pueden calcularse con un alto grado de precisión: daños por incendio, por pérdida de cultivos, infraestructura, etc..
La colisión del meteorito, sin embargo, no va a generar ganancias ya que los precios de los recursos ya se han ajustado anteriormente a la certeza del impacto y nada imprevisto a ocurrido. Si las expectativas son correctas, entonces nada imprevisto ha ocurrido. Cambios que son esperados con seguridad no son compatibles entonces con ningún cambio en ganancias o pérdidas.
Si, por el contrario, todas las leyes de la física fallan y el meteorito se desvía sin explicación y no impacta contra la tierra, entonces las personas tendrán que ajustarse a esta inesperada continuación del status quo. Las expectativas estaban equivocadas y entonces, y sólo entonces, aparecerán ganancias y pérdidas.
Por eso, de acuerdo con Knight, no es el cambio sino la incertidumbre y la posibilidad de expectativas erróneas las que generan ganancia. Por eso es Knight define “incertidumbre” como circunstancias en las que valores de probabilidades ciertas no pueden ser asignadas a posibles estados futuros. Cuando a los eventos futuros se les puede asignar una probabilidad entonces Knight utiliza el término de riesgo. Y la existencia de mercados de seguros facilitan a las personas no tomar ciertos riesgos.
Pero la verdadera incertidumbre puede evadirse con el hecho de que se haya pagado un seguro. Afirma Knight que “con la incertidumbre presente en nuestro quehacer, la ejecución actual de las actividades se convierte realmente en una parte secundaria de nuestra vida; el problema o función principal es decidir qué hacer y cuando llevarlo a cabo” (p. 268).
Dicha función es por tanto la función empresarial. El trabajo de decidir cómo varios objetivos pueden ser alcanzados y cómo predecir cuáles son los objetivos que deberían realizarse recae sobre el empresario, quien es un especialista en estar preparado para llevar sobre sí los costos de la incertidumbre.
En resumen, el punto es que el la función del empresario(a) es llevar a cabo juicios sobre el futuro, que es incierto, y su remuneración, la ganancia, es un retorno a llevar sobre sí la incertidumbre. Sin embargo, existen objeciones a este análisis de Knight, a pesar de que su análisis es intuitivamente sólido. Schumpeter dice que el capitalista puede llevar la incertidumbre sobre sí cuando el empresario le pide prestada plata a una tasa de interés y si el proyecto fracasa (y el empresario no tiene recursos financieros) entonces el empresario no podrá pagar y quién llevo sobre sí la incertidumbre fue el capitalista. Si empresario tiene recursos financieros que respalden el préstamo del capitalista en caso dado que el proyecto fracase, entonces, y sólo entonces, el empresario llevará sobre sí el riesgo. Pero entonces el empresario tendría que ser también capitalista además de ser empresario en sí.
Es por eso que, según Knight, la función primaria del empresario de “decidir qué hacer y cuando llevarlo a cabo” es una función distinta a la de llevar sobre sí la incertidumbre. Esta función puede llegar a estar asociado con el empresario pero, como vimos anteriormente, éste debe también ser capitalista.
Coase
Para Coase (1937) el empresario crea la firma, la cual es como un nexo de contratos que ayuda a proveer la flexibilidad que se requiere ante el hecho de eventos impredecibles. Es decir, los contratos que contraen contratistas y la firma, permiten cierta flexibilidad para enfrentar contingencias imprevistas. La incertidumbre y la dificultad de precisar los términos de los contratos de cada especialista, se constituyen entonces en el punto de partida para la teoría neoinstitucional de la firma, teoría en la cual Coase es el pionero. "La razón principal de por qué es provechoso establecer una firma sería que hay un costo de utilizar el mecanismo de precios" (Coase 1937, p. 336). Se refiere a "negociar y llevar a término un contrato separado para cada transacción de intercambio".
En ausencia de la firma, cada factor de producción debe contratar con todos los demás factores de los que requiere cooperación. Dentro de la firma, cada factor negocia UN solo contrato.
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Por ende, una persona se convertiría en el agente central contractual y sólo se necesitaría un total de cuatro contratos (en el caso de 5 individuos) para vincular a todas las partes. Es importante recordar que las ventajas de la firma en términos de ahorro en los costos de contratar presuponen las condiciones de incertidumbre. Si la información no tiene costo no habría ventajas para un número reducido de contratos, dado que establecer contratos no cuesta.
Según Coase, la firma, es decir el empresario, economiza en costos de transacción porque el proceso de negociar sobre lo que tiene que hacerse y los términos en que tiene que hacerse, no da a lugar. La firma se caracteriza por organizarse conscientemente y dirigir los recursos en el tiempo: "cuando la dirección de los recursos (dentro de los límites del contrato) se convierte en dependiente del comprador (i.e. contratante) esa relación que [Coase] llama firma se obtiene" (p. 337). Dentro de la firma, las personas hacen lo que se les dice que tienen que hacer.
Baumol
La investigación de Baumol durante los años 90 (1990, 1993, 1996) analiza históricamente como las sociedades que recompensan actividades empresariales improductivas (las actividades novedosas que no contribuyen a generar valor agregado) sobre actividades empresariales productivas (actividades novedosas que contribuyen a generar valor agregado) sufrían de economías ineficientes y estancadas. En el caso ideal de una economía con carencia total de actividades empresariales improductivas, los agentes que producen valor agregado (es decir, los empresarios productivos) se apropiarían totalmente de lo que producen y dicha apropiación constituye su pago. Por el contrario, en una economía en que las actividades empresariales improductivas prevalecen, una determinada proporción de valor agregado por definición será desviada hacia las manos de los agentes empresariales improductivos. Una economía interesada en reducir tal desviación procuraría la definición y protección del pago de las actividades empresariales productivas. Dicha sociedad "justa" estaría dispuesta a crear una estructura institucional para asegurar que quienes generan valor agregado efectivamente reciban éste como su pago. De forma que, dicha sociedad “justa” buscará una estructura institucional adecuada para distribuir el valor agregado, según la máxima de distribución del excedente en consonancia a la contribución (directa o indirecta) de los agentes a la producción de dicho excedente. Una sociedad que no distribuye de acuerdo a esta máxima genera sentimientos de injusticia y de frustración entre los agentes que contribuyen a generar crecimiento económico. En tal sociedad, la estructura institucional tiende, con el tiempo, a favorecer la desviación de producto neto hacia actividades empresariales improductivas.
Existen algunas semejanzas cercanas entre los conceptos de actividades empresariales productivas / improductivas de Baumol (1993, 1990) y los conceptos de fuerzas innovadoras / contrainnovadores desarrolladas acá. Si asumimos que existe un proyecto de innovación, X, el cual los innovadores apoyan, en cambio, los contrainnovadores impiden su desarrollo, y si dicho proyecto X tiene una relación positiva con la generación de producto neto, entonces los conceptos están muy relacionados en ambos enfoques, porque en ambas perspectivas una actividad (i.e. productiva o innovadora) genera el producto neto mientras que la otra (i.e. improductiva contra-innovadora) se apropia de parte del producto neto.
Sin embargo, se reconoce al trabajo de William Baumol como el análisis pionero que establece el contexto apropiado para la discusión del problema de fuerzas innovadoras y contra-innovadoras. Lo esencial del análisis es que algunos agentes son generadores o productores de valor y, con esto contribuyen a la supervivencia y competitividad de las firmas. De esta forma, no sólo sostienen el empleo que existe en el sistema sino que generan nuevo empleo. Los accionistas, trabajadores, clientes, proveedores, directores, gerentes, subordinados, socios, etc. todos pueden ser tanto contribuyentes a la generación de valor como receptores de los beneficios que conlleva dicha actividad. Y no necesariamente todos estarán “tiempo completo” contribuyendo a la generación de valor o a la extracción del mismo. Dado que la actividad empresarial es una función, entonces cada agente podrá parte de su tiempo ser fuente de creación y el resto de su tiempo extractor de valor.
El hecho importante es que hay una desviación de valor agregado, producido por agentes productivos, hacia el resto de agentes dentro de la organización y el sistema y que las instituciones son las entidades que canalizan contribuyen ya sea a cerrar o a abrir cada vez más esta desviación o “escape”. “¿Cómo crear el cambio institucional que contribuya, cada vez más, a “cerrar” esta desviación o “escape?”.