Capítulo 3: Exigencias del entorno

Primera revolución (1) verde

 

La introducción a gran escala de variedades modernas de alta productividad a partir de los años 50 ha sido llamada “Revolución Verde”. Esta trata sobre una innovación de proceso, consistente en un nuevo método de producción de un bien particular. Además constituyó un pilar fundamental de la modernización tecnológica que formó parte de un proceso mucho más amplio: el de la modernización agrícola, entendida como la transformación del campo, producto de su progresiva inserción en un cierto modelo de desarrollo capitalista, siendo los destinatarios de esta revolución los países subdesarrollados, ya que los principales beneficiarios eran las compañías multinacionales de procesamiento y manufactura agrícola.

En muchos países las consecuencias que dejo la Revolución Verde se pueden atribuir al sesgo de la política gubernamental en favor de la agricultura comercial. Con las variedades generadas por la Revolución Verde se observó una inclinación hacia el ahorro de la tierra como factor crecientemente escaso, y hacia el uso del factor cada vez más abundante, los fertilizantes.

En las tres últimas décadas, la productividad de los principales cereales (arroz, trigo y maíz) ha aumentado como resultado de la incorporación de los progresos científicos de la fitogenética(2) junto con tecnologías que han permitido aprovechar al máximo el rendimiento potencial de los cultivos, en las condiciones a las que están sometidos los agricultores en los países en desarrollo. Estos aumentos son lo que se conocen como Revolución Verde.

El mito de la Revolución Verde consiste en que las semillas milagrosas que produce este hecho multiplican la cosecha de cereales y por lo tanto son la clave para terminar con el hambre en el mundo. Un mayor rendimiento significa mejores ingresos para los agricultores pobres, que así podrán salir de la miseria, y más cantidad de alimentos implica menos hambre en el planeta. Ocuparse de encontrar las causas que llevan a la pobreza y al hambre lleva demasiado tiempo y la gente está muriendo de desnutrición. Así , lo que planteaba esta revolución era incrementar la producción, ganando tiempo para los países del mundo en desarrollo que necesitan desesperadamente resolver las causas sociales de la pobreza y reducir las tasas de natalidad.

El mejoramiento de semillas a través de la experimentación se ha intentado desde el comienzo de la agricultura, pero el nombre de Revolución Verde fue acuñado en la década del 60, para destacar que se había encontrado una solución particularmente eficaz. Entre 1950 y 1990 aumentó 2.5 veces el área irrigada, pasando de 94 a 248 millones de hectáreas. El uso mundial de fertilizantes aumentó de 14 a 146 millones de toneladas. Luego de tres décadas de rápida expansión de los milagros de la Revolución Verde, en la década del 90 aún había cerca de 786 millones de personas con hambre en todo el mundo.

Ese análisis hace que se planteen preguntas acerca de la diferencia en el total de personas con hambre que había en el mundo en 1970 y el total de 1990, el período de mayor éxito. A primera vista, parece que se hicieron grandes progresos, aumentó la producción de alimentos y disminuyó el hambre. El total de alimentos disponibles por persona en el mundo en desarrollo creció un 11% en esas dos décadas, mientras que el número de personas desnutridas bajó de 942 millones a 786, una disminución de 16%. Estos fueron los logros, y los defensores de la Revolución Verde asumieron alegremente la responsabilidad.

La Revolución Verde, o cualquier otra estrategia de aumento de la producción de alimentos para aliviar el hambre en el mundo, depende de las reglas culturales, económicas y políticas de los pueblos. Estas normas son las que determinan quién se beneficia como proveedor del incremento de producción. Es necesario saber a quién pertenece la tierra y quién se beneficia como consumidor de dicho incremento, lo cual equivale a saber quién consigue los alimentos y a qué precio. Los agricultores de bajos recursos no pueden comprar grandes cantidades de fertilizantes y otros insumos; los grandes productores obtienen descuentos por comprar al por mayor. Los pobres no pueden conseguir para sus productos el precio que logran los ricos, cuya situación es mucho menos desesperada. La Revolución Verde convierte a la agricultura en petrodependiente. Algunas de las semillas desarrolladas últimamente rinden más aún sin insumos industriales, pero los mejores resultados requieren cantidades adecuadas de fertilizantes químicos, plaguicidas y agua. Así que, a medida que se extiende el uso de las nuevas semillas, los petroquímicos se vuelven parte de la agricultura.

Dentro de los países que participaron notablemente de este fenómeno se encuentran China e India. En este último, la adopción de nuevas semillas fue acompañada por un uso seis veces mayor de fertilizante por hectárea de tierra cultivada. Sin embargo, la cantidad de producción agrícola por tonelada de fertilizante utilizado disminuyó dos tercios durante los años de la Revolución Verde. De hecho, durante los últimos 30 años, el incremento anual en el uso de fertilizantes para el arroz asiático fue de tres a 40 veces más rápido que el aumento de las cosechas de arroz.

Los agricultores necesitan cada vez más fertilizantes y plaguicidas para lograr los mismos resultados porque los métodos de producción altamente dependientes de los abonos químicos no conservan la fertilidad natural del suelo y porque los plaguicidas generan plagas cada vez más resistentes. Además, quienes obtienen ganancias por el incremento en el uso de dichos productos químicos temen a las organizaciones sindicales y aprovechan su riqueza para comprar tractores y otras máquinas, aunque las nuevas semillas no lo requieren. Este cambio lleva a la industrialización de la producción.

Una vez alineada en el camino industrial, la agricultura se vuelve más cara. Puede ser más rentable, pero sólo si los precios que consiguen los productores por lo que ofrecen son más altos que el costo de los petroquímicos y la maquinaria. Los defensores de la Revolución Verde aseguran que los agricultores de todo tipo de tierras obtienen ganancias netas una vez que adoptan las semillas más rendidoras. Pero los últimos estudios muestran otra cosa: la inversión en fertilizantes y plaguicidas parece aumentar a mayor velocidad que las cosechas. La cosecha mundial de granos casi se triplicó, pasando de 631 a 1780. La producción mundial de carne bovina y de cordero se triplicó, pasando de 24 a 62. La captura de peces aumentó en más de 4 veces, pasando de 19 a 85.

En síntesis, la primera Revolución Verde pretendía acabar con el problema de la desnutrición a nivel mundial por medio de la producción intensificada de bienes, generando mejores niveles en la economía de cada país. Sin embargo, existen cada vez más pruebas de que el modo de producción que promueve la Revolución Verde no es ecológicamente sustentable, ni siquiera para los grandes productores. Luego de un crecimiento muy importante en las primeras etapas de la transformación tecnológica, las cosechas empezaron a disminuir en donde se había implantado dicho estilo.

No obstante, la revolución verde también trajo consecuencias benéficas. Favoreció un proceso de expansión del capital transnacional en el sector agrícola de los países subdesarrollados; a pesar de que sólo estuvo llamada a favorecer la agricultura intensiva, la investigación agropecuaria se ha orientado básicamente a problemas de tipo técnico bajo condiciones ecológicas y económicas controladas; además, ésta supone un uso intensivo de la tierra, y la aptitud para poder utilizarla, aún cuando sea irrigada.

(1) El término "revolución" era apropiado en la década del 70 cuando las nuevas semillas, junto con los fertilizantes químicos, los plaguicidas y el riego, ocuparon el lugar de las prácticas agrícolas tradicionales de millones de productores del mundo en desarrollo. En los años 90, casi el 75% de las zonas arroceras de Asia fueron sembradas con estas nuevas variedades. Lo mismo sucedió con cerca de la mitad del trigo plantado en África, América Latina y Asia, y con 70% del maíz del mundo. Según los cálculos, 40% de los agricultores de los países en desarrollo utilizaban semillas de la Revolución Verde, con Asia a la cabeza seguida de América Latina.

(2) Ciencia que estudia los genes en un aspecto no sistemático



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