Primera revolución
(1) verde
La introducción a
gran escala de variedades modernas de alta productividad a partir
de los años 50 ha sido llamada “Revolución Verde”.
Esta trata sobre una innovación de proceso, consistente en
un nuevo método de producción de un bien particular.
Además constituyó un pilar fundamental de la modernización
tecnológica que formó parte de un proceso mucho más
amplio: el de la modernización agrícola, entendida
como la transformación del campo, producto de su progresiva
inserción en un cierto modelo de desarrollo capitalista,
siendo los destinatarios de esta revolución los países
subdesarrollados, ya que los principales beneficiarios eran las
compañías multinacionales de procesamiento y manufactura
agrícola.
En muchos países las consecuencias que dejo
la Revolución Verde se pueden atribuir al sesgo de la política
gubernamental en favor de la agricultura comercial. Con las variedades
generadas por la Revolución Verde se observó una inclinación
hacia el ahorro de la tierra como factor crecientemente escaso,
y hacia el uso del factor cada vez más abundante, los fertilizantes.
En las tres últimas décadas, la productividad
de los principales cereales (arroz, trigo y maíz) ha aumentado
como resultado de la incorporación de los progresos científicos
de la fitogenética(2)
junto con tecnologías que han permitido aprovechar al máximo
el rendimiento potencial de los cultivos, en las condiciones a las
que están sometidos los agricultores en los países
en desarrollo. Estos aumentos son lo que se conocen como Revolución
Verde.
El mito de la Revolución Verde consiste en
que las semillas milagrosas que produce este hecho multiplican la
cosecha de cereales y por lo tanto son la clave para terminar con
el hambre en el mundo. Un mayor rendimiento significa mejores ingresos
para los agricultores pobres, que así podrán salir
de la miseria, y más cantidad de alimentos implica menos
hambre en el planeta. Ocuparse de encontrar las causas que llevan
a la pobreza y al hambre lleva demasiado tiempo y la gente está
muriendo de desnutrición. Así , lo que planteaba esta
revolución era incrementar la producción, ganando
tiempo para los países del mundo en desarrollo que necesitan
desesperadamente resolver las causas sociales de la pobreza y reducir
las tasas de natalidad.
El mejoramiento de semillas a través de la
experimentación se ha intentado desde el comienzo de la agricultura,
pero el nombre de Revolución Verde fue acuñado en
la década del 60, para destacar que se había encontrado
una solución particularmente eficaz. Entre 1950 y 1990 aumentó
2.5 veces el área irrigada, pasando de 94 a 248 millones
de hectáreas. El uso mundial de fertilizantes aumentó
de 14 a 146 millones de toneladas. Luego de tres décadas
de rápida expansión de los milagros de la Revolución
Verde, en la década del 90 aún había cerca
de 786 millones de personas con hambre en todo el mundo.
Ese análisis hace que se planteen preguntas
acerca de la diferencia en el total de personas con hambre que había
en el mundo en 1970 y el total de 1990, el período de mayor
éxito. A primera vista, parece que se hicieron grandes progresos,
aumentó la producción de alimentos y disminuyó
el hambre. El total de alimentos disponibles por persona en el mundo
en desarrollo creció un 11% en esas dos décadas, mientras
que el número de personas desnutridas bajó de 942
millones a 786, una disminución de 16%. Estos fueron los
logros, y los defensores de la Revolución Verde asumieron
alegremente la responsabilidad.
La Revolución Verde, o cualquier otra estrategia
de aumento de la producción de alimentos para aliviar el
hambre en el mundo, depende de las reglas culturales, económicas
y políticas de los pueblos. Estas normas son las que determinan
quién se beneficia como proveedor del incremento de producción.
Es necesario saber a quién pertenece la tierra y quién
se beneficia como consumidor de dicho incremento, lo cual equivale
a saber quién consigue los alimentos y a qué precio.
Los agricultores de bajos recursos no pueden comprar grandes cantidades
de fertilizantes y otros insumos; los grandes productores obtienen
descuentos por comprar al por mayor. Los pobres no pueden conseguir
para sus productos el precio que logran los ricos, cuya situación
es mucho menos desesperada. La Revolución Verde convierte
a la agricultura en petrodependiente. Algunas de las semillas desarrolladas
últimamente rinden más aún sin insumos industriales,
pero los mejores resultados requieren cantidades adecuadas de fertilizantes
químicos, plaguicidas y agua. Así que, a medida que
se extiende el uso de las nuevas semillas, los petroquímicos
se vuelven parte de la agricultura.
Dentro de los países que participaron notablemente
de este fenómeno se encuentran China e India. En este último,
la adopción de nuevas semillas fue acompañada por
un uso seis veces mayor de fertilizante por hectárea de tierra
cultivada. Sin embargo, la cantidad de producción agrícola
por tonelada de fertilizante utilizado disminuyó dos tercios
durante los años de la Revolución Verde. De hecho,
durante los últimos 30 años, el incremento anual en
el uso de fertilizantes para el arroz asiático fue de tres
a 40 veces más rápido que el aumento de las cosechas
de arroz.
Los agricultores necesitan cada vez más fertilizantes
y plaguicidas para lograr los mismos resultados porque los métodos
de producción altamente dependientes de los abonos químicos
no conservan la fertilidad natural del suelo y porque los plaguicidas
generan plagas cada vez más resistentes. Además, quienes
obtienen ganancias por el incremento en el uso de dichos productos
químicos temen a las organizaciones sindicales y aprovechan
su riqueza para comprar tractores y otras máquinas, aunque
las nuevas semillas no lo requieren. Este cambio lleva a la industrialización
de la producción.
Una vez alineada en el camino industrial, la agricultura
se vuelve más cara. Puede ser más rentable, pero sólo
si los precios que consiguen los productores por lo que ofrecen
son más altos que el costo de los petroquímicos y
la maquinaria. Los defensores de la Revolución Verde aseguran
que los agricultores de todo tipo de tierras obtienen ganancias
netas una vez que adoptan las semillas más rendidoras. Pero
los últimos estudios muestran otra cosa: la inversión
en fertilizantes y plaguicidas parece aumentar a mayor velocidad
que las cosechas. La cosecha mundial de granos casi se triplicó,
pasando de 631 a 1780. La producción mundial de carne bovina
y de cordero se triplicó, pasando de 24 a 62. La captura
de peces aumentó en más de 4 veces, pasando de 19
a 85.
En síntesis, la primera Revolución
Verde pretendía acabar con el problema de la desnutrición
a nivel mundial por medio de la producción intensificada
de bienes, generando mejores niveles en la economía de cada
país. Sin embargo, existen cada vez más pruebas de
que el modo de producción que promueve la Revolución
Verde no es ecológicamente sustentable, ni siquiera para
los grandes productores. Luego de un crecimiento muy importante
en las primeras etapas de la transformación tecnológica,
las cosechas empezaron a disminuir en donde se había implantado
dicho estilo.
No obstante, la revolución verde también
trajo consecuencias benéficas. Favoreció un proceso
de expansión del capital transnacional en el sector agrícola
de los países subdesarrollados; a pesar de que sólo
estuvo llamada a favorecer la agricultura intensiva, la investigación
agropecuaria se ha orientado básicamente a problemas de tipo
técnico bajo condiciones ecológicas y económicas
controladas; además, ésta supone un uso intensivo
de la tierra, y la aptitud para poder utilizarla, aún cuando
sea irrigada.
(1)
El término "revolución" era apropiado
en la década del 70 cuando las nuevas semillas, junto con
los fertilizantes químicos, los plaguicidas y el riego, ocuparon
el lugar de las prácticas agrícolas tradicionales
de millones de productores del mundo en desarrollo. En los años
90, casi el 75% de las zonas arroceras de Asia fueron sembradas
con estas nuevas variedades. Lo mismo sucedió con cerca de
la mitad del trigo plantado en África, América Latina
y Asia, y con 70% del maíz del mundo. Según los cálculos,
40% de los agricultores de los países en
desarrollo utilizaban semillas de la Revolución Verde, con
Asia a la cabeza seguida de América Latina.
(2) Ciencia
que estudia los genes en un aspecto no sistemático |