introducción

 

INTRODUCCIÓN

El estudio de la arqueología y la historia antigua, como disciplinas que abordan el origen del pensamiento político, económico, social y cultural de la humanidad es fundamental en la formación académica de los estudiantes de historia. Sin duda, acercarse a la génesis del ser humano y a los procesos históricos de las sociedades primitivas a partir de los vestigios materiales y de los restos arqueológicos, permite comprender con mayor objetividad la complejidad de la dinámica histórica del desarrollo de la sociedad humana hasta la actualidad.

El curso, como se puede deducir de su titulo, implica el estudio de tres disciplinas, que si en algún momento de su desarrollo como ciencias compartieron un núcleo común, actualmente están bien definidas y cuentan con su respectivo objeto de estudio, como son: la arqueología, la prehistoria y la historia. Ésta última, en nuestro caso, esta relacionada con la primera etapa histórica conocida como antigüedad o historia antigua. En el curso estas tres disciplinas necesariamente están articuladas y se incluyen mutuamente.

De las disciplinas señaladas, sin lugar a duda, la historia ocupa un lugar preponderante ya que como concepto surgió mucho antes que la prehistoria y la arqueología. No obstante, es necesario señalar, que en la antigüedad griega el concepto arqueología ya se había constituido, pero significaba exclusivamente el pasado antiguo o antigüedad como en el caso del estudio histórico de Hipias y con el significado de vestigio material lo vemos con el historiador Tucidides.

Algunos historiadores grecorromanos presentaban la historia, principalmente local o regional, como “maestra de la vida”; interpretaban los hechos con el objetivo de despertar en el lector admiración por el pasado heroico y suscitarle aspiraciones nobles y sublimes. A lo largo de sus investigaciones algunos hechos se fundamentaban en documentos y fuentes orales o se omitían o acomodaban para hacer coherente sus ideas; también se fundamentaban en chismes o mitos, lo importante era hacer una obra maestra en retórica y que fuera didáctica. No obstante, el aporte más importante fue la teoría de desarrollo, de la regularidad, formulada por Hesiodo, Aristóteles, Lucrecio, entre otros, ideas fundamentales como la Historia Mundial de Herodoto y Polibio, y la critica a las fuentes de Tucidides. Bajo esta premisa, interpretaban el desarrollo social cíclicamente, cuyo factor de movimiento era el ser humano, en particular por las grandes personalidades, y la intervención divina.

La antigüedad como concepto, surgió en Europa en la época del Renacimiento, a lo largo de los siglos XIV y XVII, y se afianzó en 1685 con el trabajo de Cristophorus Cellarius: “Historia Antiqua”. El concepto como tal, en su comienzo, hizo referencia exclusiva a la historia de Europa y se introdujo para diferenciar al renacimiento de otros períodos anteriores. Así, se identificaron tres épocas: una antigua, en la que sociedades clásicas como Grecia y Roma antiguas tuvieron un esplendor filosófico y artístico; una edad media, que estaba entre la antigüedad y el renacimiento, vista como una época oscura, con dominio religioso-cristiano, y por supuesto, el renacimiento.

Los renacentistas-humanistas rechazaron la visión que se desarrolló a lo largo de la Edad Media sobre la cultura antigua grecorromana, en el sentido de que era manifestación del reino del pecado en contradicción con el reino de Dios.

En el medioevo la historia era vista como un plan de dios, desde la creación pasando por la expulsión del paraíso a causa del pecado original hasta la explicación de las grandes guerras y gobierno de algunos reyes de Egipto, Asirio-Babilonia, Persia, Grecia y Roma, todo ello con base en la Biblia. Se creía que el mundo no se desarrollaba, pues había sido perfecto desde la creación; todos los sucesos y hechos estaban predeterminados y bajo la voluntad divina, cualquier cambio era obra de un milagro. Los monjes estudiaban las obras de los pensadores grecolatinos, copiaban, a veces mal, sus obras, agregándoles un espíritu cristiano e imitaban su retórica. Por aquella época, el monje Dionisio el Exiguo propuso una fecha de nacimiento de Cristo, la cual fue tomada para dividir el tiempo en antes y después de Cristo.

En el renacimiento se revalidaron las obras y valores culturales grecolatinos, los cuales fueron tomados como modelo a seguir. Además, se hicieron expediciones en búsqueda de los escritos originales de los pensadores grecolatinos, se inició su impresión y traducción, lo cual dio origen a la filología clásica.

El estudio de la historia antigua tuvo su primer representante en el secretario de la chancillería papal Flabio Biondo (1392-1463), quien, basándose en los autores antiguos y la arquitectura de la Roma antigua, escribió varios libros, en particular uno sobre la decadencia de Roma. A él le siguieron Lorenzo Valla, uno de los primeros críticos de la historiografía antigua; Nicolás Maquiavelo con análisis sobre el estado y la política de Roma; Jean Bodin en su libro “Método para facilitar el conocimiento de la historia” analizó el origen del estado con base en la obra de Polibio, y muchos otros.

La actitud crítica hacía los textos antiguos también se dirigió hacia la Biblia en la figura de Étienne Dole, victima de la inquisición. Con base en la misma fuente, la preocupación por el establecimiento de una cronología de origen se vio respondida inicialmente por James Ussher, quien fechó la creación del mundo en el 4004 a.C. y la del diluvio en el 2348 a.C. Pero fue José Escalígero, quien realizó estudios basado en la Biblia y en otros textos antiguos, como los egipcios, a partir de los cuales que nació la cronología como objeto de estudio. Este y otros sucesos, influyeron para que se llevara a cabo la reforma al calendario, conocido como gregoriano.

Entre varios aportes de los renacentistas, el más importante fue su elevado interés por la antigüedad y su respectiva concepción como una primera época de la historia diferente al medioevo y al renacimiento.

Como podemos observar, el concepto de antigüedad se aplicó en primera instancia a la historia Europea, en concreto a las sociedades grecorromanas, empero, el contacto comercial y político con las sociedades de Asia, su mención en la Biblia y en textos antiguos grecolatinos, más el acceso a escrituras antiguas de la región, llamadas cuneiformes, como la hallada por Pitro della Valle, llamaron la atención de los europeos hacia el estudio del pasado antiguo de estas sociedades.

El interés de los europeos en la historia, la literatura, filosofía, y los textos originales de la antigüedad, estimuló la creación de salas, anticuarios, para coleccionar las obras de arte y demás objetos de la época. También se vigorizó el estudio de los vestigios materiales como monumentos y sepulturas.

Hacia el siglo XVIII, con las ideas de los ilustrados-racionalistas, los pensadores consideraron que todo debía pasar por el juicio de la razón y justificar su existencia. Hubo oposición a la visión bíblica de la historia, rechazaron la predeterminación divina en la historia, afirmando que todo lo existente era producto del desarrollo progresivo e intrínseco de la naturaleza. Consideraron, con base en el nivel de desarrollo de las comunidades de América, que se podía explicar el pasado de los europeos antes de la antigüedad, que existió una época en la cual la humanidad vivió en un estado natural, de colectivo primitivo, y después de este, surgieron las sociedades organizadas en estados, gracias a contratos sociales.

Propusieron, que históricamente la humanidad había vivido cinco culturas que fueron avanzando una tras otra progresivamente: China, India, Persia, Roma, el Islam y el Cristianismo; lo cual implicaba considerar al cristianismo como una parte del desarrollo humano y no como su causa. Además reconocieron otras sociedades de Asia, tan o más antiguas que la griega y romana.

Con el planteamiento de las etapas que vivió la “humanidad” se dio origen a una interpretación mundial de la historia. A la historia universal. Frente a la nueva propuesta era importante ordenar, construir y explicar de manera coherente los sucesos reales propiamente humanos y que se formularan las leyes de su desarrollo como lo hacían las ciencias naturales.

La mayoría de las visiones teoréticas de los ilustrados-racionalistas se vieron reflejadas en sus investigaciones sobre las sociedades antiguas, como por ejemplo el trabajo de Montesquieu sobre las causas de la caída del Imperio Romano, el trabajo de Edward Gibbon sobre la ruina y decadencia del Imperio Romano entre otros.

A lo largo del siglo XVIII se llevaron acabo las primeras excavaciones con hallazgos importantes en ciudades antiguas como Herculano y Pompeya, en la Península Itálica. Junto con los hallazgos de monumentos se prestó atención a las inscripciones sobre la piedra y el metal, dando inicio al estudio de la Epigrafía; a la escritura sobre papiros originando la Paleografía; al estudio de los documentos naciendo la Diplomática; al estudio de las monedas iniciando la Numismática; al estudio de los escudos naciendo la Heráldica; y al estudio de los monumentos y demás vestigios materiales del pasado, obtenidos a través de la excavación, dando origen a la Arqueología.

Esta última tuvo en la personalidad del investigador alemán Joachim Winckelmann su primer gran representante, en particular por sus investigaciones entorno al arte monumental griego; desde entonces el concepto de arqueología estuvo restringido a las culturas grecorromanas.

Con un numero elevado de fuentes, tanto escritas como monumentales, el estudio de la historia antigua se profundizó y la historia en general adquirió un carácter más científico. La idealización que los renacentistas hicieron de la antigüedad se derrumbo a raíz de la rigurosa critica que los ilustrados hicieron a los textos de la antigüedad, a las fuentes en general, demostrando incluso falsificaciones. La Biblia también fue objeto de estudio y como resultado se demostró varías contradicciones, repetición de textos etc. El numero de trabajos sobre la antigüedad grecolatina, su arqueología, historia y filología, se aumentó tanto en calidad como en volumen.

A lo largo de siglo XIX la investigación histórica en torno a las sociedades antiguas se fundamentó principalmente en fuentes escritas como textos originales de autores antiguos e inscripciones, pues se concebía que los vestigios materiales obtenidos de las excavaciones arqueológicas tan sólo eran una fuente más que coadyuvaba a la reconstrucción del pasado histórico. Hoy día esta interpretación es obsoleta.

Uno de los pensadores que significativamente influyó en el estudio de la antigüedad y en la historia en general fue Hegel. Con su interpretación de la historia como movimiento orgánico progresivo en etapas de maduración, consolidó aun más la antigüedad como etapa histórica, y vinculó a la antigüedad a las antiguas sociedades de Asia al proceso histórico. Esas sociedades antiguas se podían estudiar históricamente porque habían desarrollado una escritura, mientras que aquellas que no lo habían hecho se encontraban en la prehistoria.

Además de Hegel, otros grandes estudiosos como George Bartoldo Niebuhr (1776-1831) por primera vez estableció un curso de Historia Antigua en la universidad de Berlín, en su curso se estudiaba Grecia, Roma y Asia Anterior. Así, mientras Niebuhr realizaba grandes investigaciones, en Inglaterra sobresalieron otros estudiosos como William Mitford y George Grot, en Francia Philip Leba, en Rusia Muravev-Apostol, en Alemania Theodor Mommsen entre muchos otros.

Así, mientras se investigaba el pasado de las sociedades a partir de textos y vestigios, los geólogos James Hutton (1726-1797) y Charles Lyell tras largas investigaciones a la tierra misma, afirmaron que las diferentes capas de sedimentos y estratos señalaban que la corteza terrestre tuvo una evolución gradual y que la tierra era mucho más antigua de lo que proponían los cálculos a partir de la Biblia y que era anterior a la presencia del ser humano. A partir de entonces, y a lo largo de los siglos XIX y XX se propusieron épocas o eras de desarrollo de la tierra. Con estos estudios la arqueología se enriqueció a partir de los estudios y técnicas de la estratigrafía.

Así como se inició el estudio de la antigüedad de la tierra, también se pensó en la antigüedad de los animales, plantas y del ser humano, pues ésta no se podía limitar a las sociedades antiguas, en particular a la fecha 4004 a.C.. Uno de los primeros que inició estos estudios fue el francés Jacques Boucher de Perthés (1788-1868) quien en las canteras del río Somme halló piedras talladas (bifaces) por humanos, correspondientes a la era del pleistoceno (cuaternario)según los tiempos geológicos de Lylle. Profundizando en millones de años el origen del ser humano. Por los mismos años, el arqueólogo danés Christian Thomsen en su Guía de Antigüedades Nórdicas del Museo de Copenhague dividió las colecciones de acuerdo al material de los objetos, estos, a su vez, los ordenó en edades. Así, propuso tres edades progresivas: Edad de Piedra, Edad de Bronce y Edad de Hierro. Edades por las cuales pasó el ser humano. Tras este planteamiento, el naturista John Lubbock llamó a la Edad de Piedra, Paleolítico y Neolítico, y en una publicación de 1865 confirmó el termino Prehistoria, etapa de la historia humana que termina con el origen de la escritura u organización estatal.

Con el desarrollo de la investigación botánica, zoológica, paleontológica y las investigaciones de Jean Baptiste de Lamarck entre otros, naturistas como Charles Darwin anotaron, que la naturaleza incluyendo el ser humano a lo largo de millones de años se había modificado, que provenían de otras especies, es decir que habían evolucionado. La confirmación de la evolución de la especie humana se logró por medio de los hallazgos arqueológicos de 1856 con el Neandertal, el Homo erectus en 1890, posteriormente los hallazgos de los esposos Leakey en Tanzania entre muchos otros.

A partir de tantos hallazgos, recayó esencialmente sobre la arqueología el estudio y construcción de la historia de la evolución y de la prehistoria. Uno de los métodos para acceder al estudio de la prehistoria, consistió en interpretar el desarrollo de las sociedades indígenas de América y Oceanía, llamadas primitivas (por estar material y tecnológicamente inferior a las sociedades europeas), como posibles etapas iniciales que vivió la humanidad en la prehistoria. Uno de los principales estudiosos de esas sociedades que aun vivían en el siglo XIX-XX fueron Lewis Morgan y Edward Tylor. El estudio cultural y material de esas sociedades, y la formulación de teorías entorno al desarrollo progresivo y complejo de la humanidad, dieron a luz una nueva área de conocimiento llamada antropología.

En medio de los avances en la investigación de las sociedades antiguas realizados por los europeos, dos nuevos pensadores de siglo XIX tomaron parte también de ese estudio. Se trata de Carlos Marx y Federico Engels, quienes con base en sus análisis y avances científicos de la época, propusieron el materialismo histórico y la dialéctica materialista como ejes fundamentales para el estudio de la historia de la humanidad. Con esto, establecieron que las comunidades grecolatinas por la base de su modo de producción denominada esclavista, conformaron una formación socioeconómica que orgánicamente estuvo precedida por una primitiva y anterior a una feudal y a una capitalista. A las antiguas sociedades de Asia las reconocieron dentro de la misma antigüedad, pero las definieron dentro de un modo de producción distinto, el asiático, e igualmente precedidas por una primitiva y anterior a una capitalista. Como vemos, al estudio de la antigüedad se le prestó especial atención a la economía y sus relaciones, y a la estructura y relaciones sociales en general. El trabajo que quizás recoge algo de la visión de estos pensadores entorno a la antigüedad es “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”.

Además de la apropiación, colonización y sometimiento militar de los estados de Asia Occidental y Central por parte de los estados europeos a lo largo del siglo XIX, el análisis crítico a los textos de la antigüedad grecolatina y la excavación arqueológica, despertaron en ellos esa misma actitud hacia Egipto y hacia las sociedades de Mesopotamia mencionadas en la Biblia.

El estudio de estas culturas se inició con la traducción de los jeroglíficos egipcios hallados en la piedra de Roseta por el ejercito francés y traducidos por Jean Francois Champollion, dando inicio a la Egiptología y a la excavación arqueológica con técnicas especiales y muy rigurosas liderada por el inglés William Flinders Petrie. Igualmente el francés Paul Botta inició excavaciones a orillas de río Tigris y paralelamente el inglés Henry Layard competía en la excavación por hallar grandes monumentos antiguos de Mesopotamia. Tras grandiosos hallazgos, se inicio sistemáticamente la traducción del cuneiforme con los trabajos del francés Eugene Burnouf y el inglés Henry Rawlison. De esta manera se abrió una nueva disciplina: la Asirología. La competencia por las excavaciones y hallazgos de civilizaciones antiguas, tesoros, riquezas y fama, también se trasladó a América; África Tropical y Oceanía. De la misma manera, los estudiosos de EE.UU. comenzaron a demostrar interés por la excavación tanto en Mesopotamia como en Grecia.

Así, mientras la Biblia fue el libro guía para hallar los reinos antiguos de Mesopotamia, la Iliada lo fue para que el alemán Heinrich Schliemann encontrara las ciudades de Troya y Micenas en Grecia. Con esto, se crearon escuelas arqueológicas europeas y estadounidenses para el estudio de esa civilización y las de Mesopotamia.

Con tantos hallazgos arqueológicos, tanto en Mesopotamia como en Grecia y Roma el interés por el estudio de la antigüedad se incrementó y fortaleció académicamente. Los estudios de la historia antigua se vieron enriquecidos, aun más, gracias a los aportes tanto metodológicos, teóricos y científicos de la arqueología, la filología y la antropología ente otras disciplinas.

Desde comienzos de siglo XX, las excavaciones tanto en Mesopotamia como en Grecia e Italia continuaron. Excavaciones importantes fueron las de Athur Evans en Creta, Howard Carter en Egipto, Leonard Wooley y Robert Koldewey en Mesopotamia entre muchísimas otras. Sin embargo, la atención por la excavación se detuvo a causa de las guerras mundiales, y el interés se dirigió al ordenamiento de los lugares donde estaban depositadas miles de piezas, materiales y textos arqueológicos: los museos, para su respectivo estudio.

El estudio de la historia antigua tuvo en, Fustel de Coulanges, T. Mommsen, Edward Meyer entre muchos, a insignes investigadores, Meyer analizaba a las culturas grecolatinas en interrelación con las de Asia, englobando así bajo el concepto de antigüedad a Europa y Asia. El historiador soviético y marxista B.B Struve concluyó que las sociedades de Mesopotamia y Egipto no tuvieron ningún modo de producción asiático, y que al igual que las sociedades grecolatinas, su modo de producción fue esclavista, de tal manera que las antiguas Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma hicieron parte del modo de producción esclavista. Esta interpretación tuvo adeptos y contradictores, iniciándose así una de tantas discusiones que aun continúan sobre la antigüedad.

A lo largo del siglo XX las áreas de conocimiento de la sociedad humana como la historia, en particular la de la antigüedad, la arqueología, la filología y la antropología se consolidaron como disciplinas independientes. (Cabe anotar, que en EE.UU. la arqueología es parte integrante de la antropología, mientras que para Europa, es una ciencia histórica) No obstante, han sido fundamentales para la ampliación y profundización del estudio de la prehistoria como de la historia antigua.

La historia antigua de Grecia y Roma se comenzó a interpretar como una parte más de la historia de la antigüedad. El incremento de estudios arqueológicos e históricos de Asia Central, Meridional y Oriental, de África Tropical y de América, ampliaron el panorama geográfico y cronológico de la antigüedad, antes restringida a Grecia y Roma. Un factor importante en la ampliación y certeza cronológica lo ofrecieron los avances en la datación arqueológica con el C14 y otros métodos desarrollados a lo largo del siglo XX.

Son muy numerosos los investigadores de la historia antigua como de la arqueología a lo largo del siglo XX y abarcarlos en esta introducción es imposible, empero debemos resaltar que durante este siglo se ampliaron las temáticas de investigación, así como también las técnicas arqueológicas de excavación. Esta situación ha hecho que el estudio de la antigüedad se vuelva muy complejo y de alta exigencia para quienes desean abordarlo.

Como pudimos observar a grandes rasgos, el curso Arqueología e Historia de la Antigüedad es complejo y estudia el origen, desarrollo y transformación de la antropogenia, de la prehistoria y de las civilizaciones mesopotámicas, griega y romana. (Las demás sociedades antiguas por razones de extensión y tiempo no se estudiarán). De estas civilizaciones se identificaran sus estructuras sociales, políticas, económicas y valores aportados a la humanidad. El curso cronológicamente abarca una gran etapa histórica, desde los cinco millones a. C. hasta el 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y el fin de la antigüedad en Europa. Geográficamente el curso comprende una extensa región compuesta por Asia Occidental y Central: Mesopotamia, Norte de África: Egipto y Europa del Mediterráneo: Grecia y Roma.

 

 



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