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TEORIAS Y MODELOS GENERALES DE DESARROLLO (continuación...) La gran crisis de finales de los años veinte y comienzos
de los treinta puso en duda las bondades de las libres fuerzas del
mercado. En efecto, por aquellos años el mercado produjo
un enorme desempleo, acompañado de recesión, inflación
y problemas cambiarios, por lo cual el papel del Estado empieza
a aparecer como inminente en el escenario macroeconómico
y dentro de este el crecimiento como cuestión central. Emerge entonces el paradigma Keynesiano como gran ruptura con el
mundo neoclásico. Plantea que las fuerzas económicas
por sí solas no conducen al óptimo social; reconoce
la necesidad de que el Estado asuma la orientación de algunos
campos de la actividad económica, sin sustituir la iniciativa
privada. Busca la modificación del comportamiento de los
consumidores mediante políticas de salarios, políticas
fiscales, decisiones de inversión a partir de la orientación
del gasto público. En esta perspectiva, la acción
gubernamental se constituiría en el motor de la dinámica
económica. En América Latina las economías se estructuraron
de manera diferente a como lo hicieron las de los países
en los que ocurrió la gran revolución industrial.
Los sectores exportadores de bienes primarios se consolidaron a
costa de otros sectores de la economía, como el industrial
(valor agregado), pese a que ya antes de la depresión de
los años treinta, países como Chile, argentina, Brasil,
México y aún Colombia habían alcanzado un cierto
grado de industrialización y modernización heterogénea.
Gran parte del excedente generado en el sector exportador, en lugar
de reinvertirse en el resto de la economía, se transfería
nuevamente en los países centrales debido a: la presencia
de la inversión extranjera, sobreexplotación de la
mano de obra, ausencia de infraestructura interna, falta de un sector
empresarial, ausencia de participación y control estatal,
deterioro en los términos de intercambio para los productos
primarios típicos de los productos en desarrollo en relación
con los bienes producidos por las economías desarrolladas. Surge el pensamiento de la CEPAL que considera la industrialización
deliberada como medio ineludible para dar empleo a la fuerza de
trabajo y elevar su productividad, para evitar el desequilibrio
externo y para impedir que se produzca el deterioro y pérdida
de los frutos del progreso técnico. En los años setenta, el debate entre crecimiento y desarrollo
cobra más fuerza. El desarrollo presentó tres opciones:
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