
Instalación que produce energía eléctrica a partir de la combustión de carbón, fuel-oil o gas en una caldera diseñada al efecto. El funcionamiento de todas las centrales térmicas, o termoeléctricas, es semejante. El combustible se almacena en parques o depósitos adyacentes, desde donde se suministra a la central, pasando a la caldera, en la que se provoca la combustión. Esta última genera el vapor a partir del agua que circula por una extensa red de tubos que tapizan las paredes de la caldera. El vapor hace girar los álabes de la turbina, cuyo eje rotor gira solidariamente con el de un generador que produce la energía eléctrica; esta energía se transporta mediante líneas de alta tensión a los centros de consumo. Por su parte, el vapor es enfriado en un condensador y convertido otra vez en agua, que vuelve a los tubos de la caldera, comenzando un nuevo ciclo.
El agua en circulación que refrigera el condensador expulsa
el calor extraído a la atmósfera a través de
las torres de refrigeración, grandes estructuras que identifican
estas centrales; parte del calor extraído pasa a un río
próximo o al mar. Las torres de refrigeración son
enormes cilindros contraídos a media altura (hiperboloides),
que emiten de forma constante vapor de agua, no contaminante, a
la atmósfera. Para minimizar los efectos contaminantes de
la combustión sobre el entorno, la central dispone de una
chimenea de gran altura (llegan a los 300 m) y de unos precipitadores
que retienen las cenizas y otros volátiles de la combustión.
Las cenizas se recuperan para su aprovechamiento en procesos de
metalurgia y en el campo de la construcción, donde se mezclan
con el cemento.
La descripción anterior se refiere a las centrales clásicas,
ya que existe, aunque todavía en fase de investigación,
otra generación de térmicas que mejoran el rendimiento
en la combustión del carbón y disminuyen el impacto
medioambiental: son las Centrales de Combustión de Lecho
Fluidificado. En estas centrales se quema carbón sobre un
lecho de partículas inertes (por ejemplo, de piedra caliza),
a través de las que se hace circular una corriente de aire
que mejora la combustión.
La última generación de térmicas son las GICC,
Gasificación de Carbón Integrada en Ciclo Combinado,
que parten de una tecnología con la que se consiguen gases
combustibles a partir de la gasificación del carbón
con una inyección de oxígeno. El gas combustible obtenido
se depura y pasa a una turbina en cuyo alternador asociado se produce
energía eléctrica, como en el ciclo de una térmica
convencional. La obtención de gases combustibles a partir
del carbón es un proceso conocido desde hace más de
cien años, y fue impulsado en Alemania durante la II Guerra
Mundial. Las ventajas medioambientales que ofrecen estas centrales
se fundamentan en los bajos valores de emisión de óxidos
de azufre y otras partículas. Es una tecnología todavía
en desarrollo, de forma que en Europa, a finales de la década
de los noventa, sólo existían cinco plantas GICC,
una de ellas en Puertollano, España. La potencia media de
estas centrales viene a ser de 300 MW, muy inferior todavía
a la de una térmica convencional.
España contaba a finales de la década de 1990 con
un parque de 160 centrales térmicas clásicas, con
21.029 MW de potencia instalada. La central de Puentes de García
Rodríguez, en La Coruña, es la de mayor potencia,
con 1.400 MW conseguidos con la combustión de lignitos que
se extraen de una mina situada a pie de central.
Una central nuclear también se puede considerar una central
térmica, donde el combustible es un material radiactivo,
que en su fisión genera la energía necesaria para
su funcionamiento (véase Energía nuclear); no obstante,
en la bibliografía industrial, en sentido estricto, sólo
se consideran centrales térmicas las antes citadas.