INTRODUCCIÓN

El sueño es un fenómeno complejo y frágil que consume gran parte de la vida humana e influye de manera determinante en la vigilia. Se puede decir que una buena calidad de sueño es condición necesaria de una vida sana y feliz. No es sorprendente entonces que ante los problemas personales o médicos, el sueño sea una de las primeras variables que se afecta y aparezca el insomnio. La falta de tratamiento de los problemas de sueño o la resolución inadecuada pueden llevar a un problema crónico, aunque ya la causa inicial asociada haya desaparecido.

Sin embargo, algunos artículos muestran que si el insomne llega a solicitar ayuda para su problema, posiblemente no recibirá la suficiente atención clínica o se le formulará cualquier medicamento sin un diagnóstico completo y adecuado (1-2). Esto eventualmente lo llevará a desarrollar un problema de sueño mayor y una serie de problemas personales y sociales asociados.

Además, existen cifras que indican que muchas personas padecen trastornos del sueño y que los profesionales de la salud tendrán que ofrecer alguna respuesta en su práctica clínica. Si se analiza porqué la gente acude al médico y los motivos de consulta, las quejas sobre alteraciones del sueño, son un porcentaje muy bajo. Sólo el 5% de las personas que van al médico general consultan por insomnio. El paciente casi siempre llega solicitando una "píldora milagrosa" que le quite el insomnio y lo haga dormir. Un porcentaje mayor consulta a las farmacias donde les venden drogas para dormir sin mayor problema. La gran mayoría de pacientes se acerca al médico con otras quejas además del insomnio y con frecuencia no discuten este problema (3).

El insomnio se define como la incapacidad para iniciar el sueño, para mantenerlo, la mala calidad en el dormir o la poca cantidad de tiempo para dormir. La falta de sueño se refleja al día siguiente en una jornada diurna de mala calidad, se está de mal genio o irritable, con dolor de cabeza y dificultad para concentrarse y recordar cosas sencillas (2, 4).

La prevalencia del insomnio a lo largo de la vida es aterradora. El 40% de las mujeres se quejan de insomnio y un 30% de los hombres. Si se evalúan personas mayores de 65 años, una de cada dos se queja de insomnio y una tercera parte de los adultos tiene insomnio crónico. Esto es bastante importante ya que un 10% presenta un insomnio de tipo grave que requeriría de una valoración en un Centro de Sueño (5,6).

Este artículo presenta algunas alternativas complementarias al tradicional manejo farmacológico del insomnio. Se hace una revisión crítica de las alternativas terapéuticas y los casos en los que podrían ser útiles. Se presenta un balance sobre la efectividad del uso de estas técnicas y sus resultados en comparación con el manejo farmacológico. Además, se espera motivar en los profesionales de la salud, su conocimiento y uso, como una alternativa práctica, eficaz y versátil para el manejo del insomnio crónico.

 



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