PROLOGO
Después de leer la erudita, deliciosa y refrescante introducción que los autores han escrito, queda poco por agregar en un prologo.
Se trata de una obra de categoría didáctica que tiene el mérito de llenar, entre otros, un vacío constituido por la falta de un entrenamiento semiológico paralelo a la docencia de la cirugía y de sus especialidades.
La cirugía ha sido el área de la medicina que más se ha beneficiado de los asombrosos progresos tecnológicos que se han dado en el mundo científico y particularmente en la medicina, donde la tecnología ha dado más exactitud al diagnóstico y ha permitido avances asombrosos a la terapéutica para la recuperación de la salud.
Indudablemente este hecho ha venido determinando, de manera progresiva e insensible, un desplazamiento de los métodos clínicos y en particular, de la semiología, en el diagnostico quirúrgico. Esta obra textual tiene el merito de recuperar los métodos semiológicos para el diagnostico quirúrgico.
De otro lado, prepara al médico para reducir la exigencia tecnológica, y abaratar los altos costos de la atención quirúrgica, por cuanto la buena orientación y la exactitud del diagnostico clínico reduce apreciablemente la necesidad de la demanda diagnóstica.
Sín faltar a la verdad, tenemos que reconocer que los últimos métodos de la pedagogía médica han terminado exagerando el componente tecnológico del diagnóstico y relegando apreciablemente el uso de los procesos del racionalismo clínico hasta el punto de que ya el diagnostico no lo realiza el médico sino el imagcnólogo, le laboratorista o el patólogo, lo cual hace que un 90% o más del costo de la atención médica corresponda a inversión tecnológica, que en honor a la verdad, resulta negativa o normal en un 90% y positiva en un 5 o 10%. Estos métodos son de alto costo y afectan mucho el patrimonio del paciente, para quien una enfermedad es, además del detrimento biológico, una seria calamidad socio económica. También estos costos hacen quebrar IPS y EPS que, para sustentarse, deben adoptar conductas administrativas injustas y peligrosas.
Sí la demanda tecnológica reposa sobre la base de diagnósticos clínicos certeros, los costos se reducen mucho.
Los cirujanos, como todos los médicos, reciben un entrenamiento de semiología general del adulto, como lo establece en forma universal el programa de estudios de la carrera, que luego debe recordar en forma pálida, desteñida, y de manera somera durante la docencia de las diferentes clínicas y particularmente de la cirugía.
Este libro llena ese vacío y vuelve por la apología de la esencia del diagnóstico, la semiología que es el componente central, el eje del quehacer profesional médico.
EL CIRUJANO
En su altar, el quirófano, completamente aséptico, lleno de majestad, asido de la mano de Dios, prudente y sereno, apoyado en su saber exacto, en su experiencia, en su habilidad y técnicas sutiles, y acompañado por un equipo humano de alta precisión, sin
ignorar la gran altura de la responsabilidad que afronta, hunde su escalpelo con maestría y penetra en el recinto sagrado del cuerpo del enfermo para erradicar el mal con sus manos; para reparar el daño accidental del órgano, o el daño causado por otra herida que pretendía matar... y, a veces, para reemplazar el órgano irreparable por otro en buen estado, o como ultimo recurso, para descubrir lo que pasa, o en fin, para subsanar el defecto que Dios no tuvo tiempo de dejar bien.
Para llegar a esto el camino es largo, tortuoso, fatigante, cuidadoso y requiere de esfuerzos ingentes que doten al cirujano del conocimiento anatómico profundo y preciso, de la capacidad para diagnosticar rápidamente y con precisión y de la habilidad manual para actuar, hacer, operar rápida, delicada y eficientemente en busca de la perfección orgánica y de la garantía fisiológica del sistema. Por eso el cirujano debe ser un buen semiólogo también.
Cirugía significa curar con la mano y con los instrumentos que la suplementan.
Es un arte cruento, lleno de riesgos grandes y temibles. La cirugía produce temor e implica peligro de muerte; se debe acudir a ella como último recurso; cuando ya no quedan más opciones y cuando se convierte en la última alternativa para luchar con la muerte, por la vida. El cirujano y el paciente comparten esta sensación; la entienden como el último chance; por ello el acto quirúrgico debe asumirse con sabiduría, con respeto y con valor. Muchas veces la vida sigue solo por el coraje del cirujano, que hace de salvavidas.
LA SEMIOLOGIA
Pese a todo lo que se ha dicho de la tecnología, la semiología sigue siendo tenida en cuenta en el programa de todas las escuelas de medicina, antiguas y modernas. Esto se debe a que ella es la disciplina que da la forma al médico.
La semiología es una disciplina propedéutica que aporta los procesos prácticos que entrenan al estudiante para un desempeño eficiente en las actividades clínicas de los estudios médicos y del ejercicio profesional.
Tradicionalmente ha sido poco apreciada debido a que existe la creencia equívoca de que ella es, tan solo, una semiotecnia, que adiestra en técnicas de información, como el interrogatorio y el examen físico, y enseña a elaborar la historia clínica. Este concepto atenta contra la esencia de la naturaleza semiológica y le quita interés e importancia.
Además de técnica, la semiología es una semántica; una ciencia que enseña el significado de los fenómenos clínicos y de sus manifestaciones. La semiología es la ciencia de los signos y de los significados. No es un patrimonio privativo de la medicina, porque el significado esta presente como un núcleo en todos los actos del conocimiento. Son semiólogos los lingüistas, porque los signos, los códigos verbales, las palabras, tienen significados; son semiólogos los investigadores policiales, porque los indicios o señales implican significados de duda, sospecha o certeza que le permiten descubrir al culpable, y al medico a capturar la enfermedad.
El acto semiológico esta identificado con el método científico como lo concibió Descartes. El contacto de la conciencia con la realidad a través de los sentidos, cuando detectan la señal o signo, genera el hecho divino del conocimiento. Este efecto será procesado por un acto analítico y sintético que conducirá a la hipótesis de certeza y será convertida en un hecho anamnésico e histórico que puede ser definido y recordado; pero tiene que ser comprobado y demostrable a través de un proceso crítico, o juicio de valor, que evalúa su grado o cantidad de certeza, el metro, criterio o elemento de juicio le dará su valor de verdad. Si el científico no hace este proceso racional el conocimiento será vago, indefinido aproximado o falso.
Finalmente el acto semiológico debe completarse con el proceso de la verbalización, mediante el cual, se asigna un código, palabra o nombre verbal, que al ser decodificado en la conciencia, desencadena la imagen o la idea del significado. La semiología es una comunicación entre el universo y la conciencia; usa el lenguaje simbólico, verbal y el lenguaje semiótico o de las manifestaciones cualicuantitativas de las apariencias de la realidad.
Este libro ofrece la ventaja de estar escrito en un lenguaje sencillo y científico, que realza el mensaje, la lectura y la comprensión. Prescinde de neologismos estrambóticos y de siglas que dificultan la comunicación y asume el lenguaje científico medico construido por Hipócrates, Aristóteles, Galeno, Descartes y Pasteur y las demás glorías del universo medico.
Aquí se podrán nutrir apropiadamente, estudiantes de pre grado, de post grado y podrán recrearse con deleite inclusive profesores y maestros de la medicina.
El merito de esta obra se basa en el gran esfuerzo, en el amor y en el celo que han puesto sus autores para contribuir a la buena formación del medico, y sobre todo en el vacío que llena.
Por: Héctor Alejandro Reverend Pacheco, MD
Internista – Profesor de Semiología.