Prevención:

Debido a la etiologia multifactorial y a la relación tan estrecha entre el crecimiento y el desarrollo del niño con trauma dentoalveolar, la aplicación de medidas preventivas resulta compleja, sin embargo, el conocer los factores de riesgo en cada niño y el educar a las personas que lo rodean (padres, maestros, profesores de educación física, etc.) proporcionándoles información sobre qué hacer de forma inmediata en caso de suceder un accidente con implicaciones de trauma dental, puede ayudar a prevenir lesiones mayores.

Protectores bucales:

Actualmente el medio más apropiado para proteger los dientes y la boca, así como para reducir la probabilidad de fracturas en los maxilares, lesiones cervicales, concusiones o lesiones cerebrales durante las prácticas deportivas, son los protectores o "guardas" intrabucales.

Los protectores bucales se recomiendan en niños que tienen factores anatómicos como protrusión de incisivos superiores e incompetencia labial, que los predisponen o aumentan el riesgo de sufrir lesiones traumáticas, y con mayor razón si estos niños son deportistas, casos en los que se deben remitir al ortodoncista para su tratamiento.

Estos protectores son especialmente recomendados por la American Dental Association en deportes como el fútbol americano, baloncesto, fútbol, bicicros, patinaje y otros, que en la adolescencia son muy violentos.

Elaboración:

Se toma una impresión superior y se corre el modelo en yeso III, para posteriormente llevarlo al "omniback" con láminas de etilvinilacetato de 3 a 6 m.m. de espesor, que con calor y al vacío copia los dientes y tejidos blandos dando una óptima retención, evitando que el protector sea expulsado durante el ejercicio.

 

Este protector es el más utilizado y protege los incisivos superiores, sin embargo, generalmente durante el ejercicio se mantiene la boca abierta para facilitar la respiración oral, lo que puede poner en riesgo las estructuras faciales al producirse un golpe en la mandíbula por la posición de respiración jadeante.

Para proteger la A.T.M. y minimizar riesgos de trauma facial, Chandler recomendó en 1987 agregar un plano de mordida posterior para abrir la mordida y dar un apoyo a la mandíbula. Chandler sugiere que se realice calentando tiras de 1.5 a 3 m.m. del mismo etilvinilacetato para cubrir las superficies oclusales de los dientes posteriores distales al canino.

Se ha observado que con el uso de estos protectores, de cascos y protectores faciales, se ha reducido la frecuencia y gravedad de lesiones traumáticas cráneo-faciales e intrabucales en deportistas cuyas organizaciones obligan a su uso. Desafortunadamente, en nuestro medio en general, el uso de estos protectores es muy limitado o nulo en los deportes a nivel aficionado.



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