La mayoría de los traumas dento-alveolares son causados por accidentes, en los que los mayores aportes están dados por caídas y colisiones. Estas lesiones no son muy frecuentes en el primer año de edad, pero su frecuencia aumenta cuando el niño comienza a caminar y a correr con mínima coordinación. Estas lesiones también se producen por maltrato infantil en un 0.6%.

La vida escolar está ligada a la presencia de accidentes entre los que se produce con mayor frecuencia las fracturas coronales de los incisivos superiores permanentes. En nuestro medio son muy frecuentes las caídas en bicicleta, especialmente cuando niños mayores o incluso los padres llevan a los niños más pequeños en la barra o en la parrilla y ellos colocan un pie en los radios de la bicicleta produciendo el accidente. En el caso anterior se producen múltiples lesiones en tejidos duros, en estructuras periodontales, en piel y mucosas.

Los niños discapacitados con problemas de coordinación en la marcha, especialmente los que sufren síndromes convulsivos, pueden sufrir traumas a repetición. Las mal-oclusiones clase II división I con protrusión de incisivos superiores representan mayor riesgo al trauma dental que las otras mal-oclusiones. El tratamiento temprano de dicha maloclusión ayuda a prevenir estos traumatismos.

Las anomalías de la estructura dental como la hipoplasia, amelogénesis o dentinogénesis imperfecta, la caries u otras condiciones pueden predisponer al diente a ser fracturado.



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