Consiste en tomar una muestra de tejido obtenido
de lesiones profundas, como masas en cuello originadas en glándula
tiroides o en ganglios linfáticos, en riñón,
mediastino, pleura, hígado, etc. Hay dos formas de practicar
las biopsias por punción: La primera con aguja fina (0.6
- 0.9 m.m. de diámetro) y la segunda con agujas especiales
de mayor diámetro (1.6 - 2.6 m.m.). Entre estas últimas
se encuentran:
Agujas de Vim – Silverman: para punción – aprehención.
Agujas de Menghini: para punción – aspiración.
Agujas de Trucut: para punción – sección.
Trocar – aguja de Schajowicz: para biopsias óseas especialmente
de vertebras.
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Es una técnica que se utiliza cuando se
sospecha contenido líquido dentro de la lesión.
Se realiza bajo anestesia local, con jeringa hipodérmica
y aguja número 18. Si se va a aspirar una lesión ósea
central, la aguja debe penetrar la cortical o entrar por una dehisencia
del tejido.
Si al aspirar se obtiene sangre se puede pensar en una lesión
vascular o en un quiste aneurismático. Si encontramos aire,
estamos dentro del seno maxilar o en una lesión traumática
que permite la salida de aire a los tejidos. Si lo que se aspira
es un fluido seroso, lo más probable es que sea una lesión
quística.
El producto de la aspiración debe ser sometido a estudio citológico o bacteriológico.
Consiste en el raspado con cureta, de ciertas cavidades como el útero, los senos paranasales y la médula ósea.
Las biopsias de lesiones óseas representan cierto grado de dificultad, por ello es necesario diseñar colgajos adecuados para su abordaje. Si el hueso muestra cambios osteolíticos de más de un centímetro es necesario realizar una aspiración antes de la biopsia. Las biopsias óseas pueden ser practicadas por incisión, por punción y por curetaje. Durante el procedimiento se toman fragmentos representativos de la cortical, de la medular y de los tejidos blandos adjacentes si estos han sido infiltrados por la lesión.