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LA REVOLUCIÓN moderna
de la tectónica global ha contribuido considerablemente al
cambio de la visión de los biólogos con respecto a
la evolución y distribución geográfica de los
organismos. Vimos hasta ahora que el proceso de tectónica
de placas puede unir continentes en un único supercontinente
(por ejemplo, Pangea), también puede fragmentar un supercontinente
en diversos bloques continentales menores, y generar grandes cadenas
de montañas por la colisión de placas litosféricas.
Las respuestas de la biota y sus organismos a esos procesos son,
en el primer caso, la dispersión y creación de simpatría,
esto es, la superposición de las áreas geográficas
de distribución de distintas especies; en el segundo caso,
la especiación, generada por la fragmentación de las
poblaciones antecesoras en poblaciones descendientes que están
incapacitadas para intercambiar información genética
y que divergen en consecuencia de ello, pues mantiene poblaciones
aisladas por barreras físicas. Veamos algunos ejemplos de
esos procesos.
ALTERACIONES EN LAS CONDICIONES DEL AMBIENTE
MARINO
Según Valentine y Moores
(1972), el proceso de la tectónica afecta directamente la
distribución geográfica de los organismos marinos
por medio del surgimiento de barreras, alteraciones en el patrón
de temperatura de las aguas, y modiflcaciones en las corrientes
oceánicas y en la estabilidad vertical de las columnas de
agua. Las alteraciones en el nivel del mar (transgresiones/regresiones)
también son un importante reflejo de los procesos de la tectónica
de placas, debido a las modificaciones en la capacidad volumétrica
de las cuencas oceánicas o al desplazamiento de los continentes
hacia posiciones más cercanas a los polos. Normalmente, los
acontecimientos regresivos están asociados a la coalescencia
de los continentes, mientras que los transgresivos están
ligados a su fragmentación (Windley, 1978). Por ejemplo,
durante los episodios de expansión acentuada del piso oceánico,
el surgimiento de las dorsales meso-oceánicas, que poseen
un volumen considerable, condujo a la formación de máximos
topográficos. Como respuesta, las aguas oceánicas
fueron desplazadas, causando transgresión en los continentes.
Contrariamente, cuando el proceso de expansión cesa, las
dorsales entran en subsidencia, lo que aumenta el volumen de las
cuencas oceánicas -hay entonces una "ascención"
de los continentes por la regresión de las aguas. De acuerdo
con Valentine y Moores (1970), el volumen actual de las dorsales
meso-oceánicas es de aproximadamente 2.5 x 10 ^8 km³,
suficiente para afectar el nivel del océano en casi 0.5 km
alrededor de todos los continentes. Durante episodios de regresión
habría eliminación de hábitat de aguas rasas,
con el consiguiente aumento en la competencia por espacio y nutrientes,
y la disminución de formas diversas o incluso, en algunos
casos, la extinción de muchos organismos marinos. Por supuesto,
un patrón opuesto se verifica en casos de episodios de transgresión.
Es curioso señalar que la extinción en masa al final
del Pérmico coincide con la coalescencia de los continentes
en Pangea (figura 46). Por otro lado, la diversificación
de las faunas marinas del Mesozoico y Cenozoico coincide con la
ruptura de ese supercontinente (figura 46).
ALTERACIONES EN EL AMBIENTE TERRESTRE
En el ambiente terrestre, la
unión de placas tectónicas a veces permite un intercambio
entre faunas antes aisladas. Un ejemplo clásico de ese fenómeno
se encuentra en la ligazón de Sudamérica y Norteamérica,
al final del Plioceno, a través del establecimiento del istmo
de Panamá, probablemente debido al desplazamiento de la Placa
de Cocos, en el Pacífico. Según la hipótesis
tradicional, los mamíferos sudamericanos se habían
mantenido aislados durante casi todo el Terciario, mientras que
los de Norteamérica mantenían intercambio con los
de Eurasia a través del estrecho de Bering. Cuando se estableció
la comunicación entre Norteamérica y Sudamérica
hubo gran intercambio de especies, estableciéndose simpatría
entre ellas en toda América, con la subsecuente competencia
y eliminación de diversas formas. Muchas familias y órdenes
enteros de ambas faunas se extinguieron, de tal manera que el número
total de especies disminuyó extraordinariamente. Tales extinciones
parecen relacionarse no sólo con la competencia, sino también
con grandes cambios físicos que ocurrieron en el ambiente.

Figura 46. Correlación entre
los índices de diversidad de la fauna con los patrones de
coalescencia y fragmentación continental, durante el Fanerozoico
(Valentine y Moores, 1970).
ISLAS DEJADAS DETRÁS:
EL CASO ESPECTACULAR DE LA LARGA JORNADA DE LAS TORTUGAS VERDES
(CHELONIA MYDAS)
Un caso espectacular de cómo la moderna teoría de
la tectónica de placas puede iluminar ciertos aspectos de
la biología es el de la migración de ciertas tortugas
marinas. Normalmente, las tortugas continentales (lacustres o terrestres)
ponen sus huevos en nidos situados en las áreas donde viven.
Sin embargo, las áreas de alimentación y anidación
de las tortugas marinas se encuentran muy distantes de su domicilio
habitual. Dicen Pough et al. (1993) que: "...la capacidad que
tienen las tortugas de navegar por miles de kilómetros de
océano y encontrar su camino hasta sus playas de anidación,
que pueden consistir en sólo un poco más que estrechas
ensenadas de una pequeña isla, es un fenómeno extraordinario."
El ejemplo más notable
de ese fenómeno lo brindan las tórtugas verdes (Chelonia
mydas) que anidan en la isla de la Ascensión, cuya superficie
es minúscula (cerca de 90 km²) y se encuentra perdida
en medio del Atlántico, a 2 200 km al este de la costa de
Brasil y próxima a la línea del ecuador (figura 47).
La población de tortugas de la Ascensión se alimenta
en la costa de Brasil, pero gran parte de los mecanismos de orientación
que utilizan para encontrar sus zonas de anidación son desconocidos;
esto ocurre en los meses de diciembre a marzo, cuando cruzan fuertes
corrientes ecuatoriales y evitan los promontorios y las escarpas
rocosas que protegen la costa de la pequeña isla.
Si en la costa de Brasil existen
centenares de playas, ¿por qué esos animales eligen
las playas arenosas de la isla de Ascensión para hacer sus
nidos? ¿Cómo pueden saber que existe esa islita
a medio Atlántico de distancia? El hecho de que la hayan
elegido es intrigante (Pough et al., 1993) y ha sido, por
más de 30 años, objeto de la investigación
del geólogo Archie Carr, de la Universidad de Florida. Según
Carr y Coleman (1974), las tortugas verdes de la isla de la Ascensión
heredaron un comportamiento que ha evolucionado desde hace casi
70 millones de años, cuando el Atlántico sur se originó,
luego de la separación de las placas de Sudamérica
y África. Posibles antecesores mesozoicos de la actual tortuga
verde se encuentran en los depósitos sedimentarios de Brasil.
Los continentes se han separado
a una tasa de 2 cm por año y la cresta oceánica central,
localizada entre ellos, ha generado una sucesión de islas
volcánicas. La Ascensión, que tiene alrededor de 7
millones de años de edad, es la más reciente de esas
islas. Una montaña marina, ubicada cerca de 15 km hacia el
oeste de la isla de la Ascensión y que ahora se encuentra
sumergida a una profundidad de 1 500 m, probablemente representa
un remanente de la isla anterior. De acuerdo con la teoría
de Carr, las tortugas verdes habían empezado a anidar en
las primeras islas volcánicas desde 70 millones de años
atrás, cuando ese comportamiento exigía una jornada
de apenas unos 300 km a través del mar. A medida que la separación
entre Sudamérica y África proseguía las islas
viejas se erosionaron y hundieron en el mar, y nuevas islas se generaron
a partir de la cresta oceánica. [...] Obviamente, cada isla
nueva ha estado más distante de la costa brasileña
que las islas anteriores, porque el Atlántico sur se ha ensanchado;
hoy día, las tortugas emprenden una jornada de más
de 2 000 km desde sus regiones de alimentación hasta las
playas donde anidan (Pough et al., 1993).
Figura 47. Movimientos migratorios de las tortugas
verdes marinas (Chelonia mydas)en el Caribe y en el Atlántico
Sur. La población que anida en las playas del Caribe es atraída
a las regiones de alimentación del Caribe y el Golfo de México.
Las tortugas que lo hacen en la isla de la Ascención se alimentan
a lo largo de la costa norte de Sudamérica (según
Pough et al., 1993).
Si la hipótesis de Carr es correcta, el proceso de migración
de esos animales es la confirmación viva de la expansión
del piso oceánico (Eicher y McAlester, 1980).
LA BIOGEOGRAFÍA POR VICARIANZA
El postulado fundamental de
la biogeografía por vicarianza es que Tierra y vida evolucionan
juntas. En la figura 48 vemos cómo se procesa esta idea teóricamente.
Supongamos que en un horizonte
de tiempo T1 existiera cierta especie de organismos
bisexuados de fecundación cruzada, que nombraremos G, ocupando
cierto supercontinente S11. Supongamos en
seguida que ese supercontinente S11 se dividió,
generando los continentes S10 y S1.
La población de la especie G se divide simultáneamente
en dos poblaciones descendientes, A (que ocupa el continente S1)
y H (que ocupa el continente S10). Como A
y H quedan aisladas por el surgimiento de una barrera física
que no les permite intercambiar información genética,
cualquier mutación que ocurra posteriormente en A (y que
no sea eliminada por la selección natural) no podrá
transmitirla a H, y viceversa. Con el tiempo, por la acumulación
de mutaciones, las dos especies A y H se diferenciarán morfológicamente.
Supongamos que el continente Sl nunca más volvió a
dividirse, llegando hasta el presente (horizonte de tiempo T6);
la especie A, en consecuencia, continúa como una sola entidad,
pero pueden continuar ocurriendo mutaciones y así acentuarse
la diferenciación morfológica. A su vez, la especie
H, en un tiempo posterior T2 se dividió
al partirse el continente S10 en otros dos
continentes, S8 y S9.
Así, H genera dos poblaciones descendientes, J (que ocupa
el continente S8) e I (que ocupa el continente
S9); con el tiempo también pueden adquirir
diferencias morfológicas que las distingan una de otra. El
proceso puede continuar indefinidamente -toda vez que se divida
un continente, la población de organismos que lo ocupa se
divide con él y se diferencia. Así, J, en el horizonte
de tiempo T4, respondió a la partición
de S8 en dos continentes, S7
y S4, por especiación, generando las
especies K y D. La especie I, en el horizonte de tiempo T3,
se dividió junto con la partición del continente S9
en los continentes S3 y S2
resultando las especies descendientes C y B. Estas llegaron
hasta el presente sin subdividirse, ya que sus respectivas áreas,
S3 y S2, permanecieron
íntegras. En el horizonte de tiempo T5,
finalmente, el continente S7 ocupado por la
especie K, se dividió en otros dos, S6 y S5; así,
con base en K, por especiación, se generaron las especies
F y E.
Figura 48. Esquema teórico de la coevolución
de la Tierra y de la vida.
La figura 49 representa la distribución de las especies A,
B, C, D, E y F en el presente. Es obvio que, cuando miramos esa
figura, sólo vemos el patrón de distribución
geográfica actual, pero no hay que olvidar que es el resultado
final de un largo proceso evolutivo. ¿Cómo, a partir
de ese resultado final, podemos recuperar la historia de la evolución
de ese grupo y compararlo con la historia de la Tierra? Con la ayuda
de otros conceptos y métodos.
Figura 49. Distribución geográfica
de las especies A, B, C, D, E Y F.
Estudiemos inicialmente cómo se establece la genealogía
de un grupo, o sea, las relaciones de parentesco entre especies.
Examinemos las figuras 50 y 51. Supongamos una población
P que desde hace cierto tiempo (T) existe en un área S (figura
50 (a). Supongamos también que un determinado carácter
de los organismos pertenecientes a P cambie de estado, por mutación,
y que pase al patrimonio genético de todos los organismos
P, por ejemplo, que pase de un estado c a un estado c'. Al estado
c, que antecede a c' en el tiempo denomina estado plesiomórfico;
al estado c', que sucede a c en el tiempo, estado apomórfico.
Nótese que c' (el estado apomórfico) representa una
novedad evolutiva para P; como pertenece sólo a P
(y, supongamos, a ninguna otra especie) lo denominamos entonces
una autapomorfía de P. El estado c' caracteriza necesariamente
a P, después de que se establece. Podemos representar la
misma idea por medio de un diagrama, como en la figura 51(a). Ahí
están representados tres caracteres, a, b y c'; c' es una
autapomorfía de P; a y b están en el estado plesiomórfico.
Imaginemos ahora que el área S se modifique -puede partirse
en dos, o puede surgir una novedad evolutiva (como en el ejemplo
de la figura 50, una cadena de montañas). Sea por partición
del área S en otras dos, o por el surgimiento de cualquier
otra barrera física (ocasionada por el magma o por razones
meteorológicas), la nueva barrera ocasionará que la
población P se divida en dos poblaciones descendientes P1
Y P2 (ninguna de las cuales será más la población
antecesora total P). Eso representa un evento de vicarianza. La
nueva barrera impedirá el flujo génico entre las poblaciones
P1 y P2; c' fue heredado de P tanto por P1 como por P2; c' ahora
se denomina como una sinapomorfía estricta de P1 y
P2, pues provienen del antecesor inmediato de P1 y P2. Una sinapomorfía
estricta indica que dos (o más) especies son estrictamente
monofiléticas, o sea que provienen de un único
antecesor común inmediato. La figura 50(b) representa
la partición de la población P en dos poblaciones
descendientes P1 y P2, separadas por el surgimiento de una montaña.
La figura 51(b) muestra diagramáticamente la situación
de las ramas y la sinapomorfía c'. Nótese que, desde
el punto de vista morfológico, en esta fase, P1 y P2 son
idénticas; sólo las diferenciamos por ocupar áreas
disyuntas (respectivamente S1 y S2) Postulemos ahora que, en la
población P1, un determinado carácter cambie de estado;
por ejemplo, que a pase al estado a'; a es el estado plesiomórfico
(anterior en el tiempo) y a' el estado apomórfico; a' representa
una autapomorfía para P1; como existe una barrera física
interpuesta entre P1 y P2, esa mutación quedará restringida
a P1, pues tal barrera le impide pasar hacia P2. Imaginemos que
una cosa semejante ocurra con P2 -un determinado carácter
pasa del estado b al estado b' que será una autapomorfía
de P2, y será exclusivo de esa población, por no poder
pasar a P1, debido a la barrera (figura 50(c)). Tenemos entonces
que P1 y P2, después de esos procesos, serán diferentes
desde el punto de vista morfológico. La figura 51 (c) ilustra
dos especies terminales, P1 y P2, cada cual con su autapomorfía
(respectivamente a' y b'), y ambas con la sinapomorfía c'.
Figura 50. Un caso simple de especiación
por vicarianza, con la subsecuente diferenciación morfológica
de las especies resultantes.
A la oposición de por lo menos un par de autapomorfías
se le da el nombre de heterobatmia ("diferentes peldaños",
en griego). La heterobatmia nos permite reconocer dos especies como
morfológicamente distintas. Ya hemos visto que una sinapomorfía
estricta de dos o más especies nos indica que son estrictamente
monofiléticas, o sea, que descienden de un único antecesor
inmediato. Si dos (o más) especies presentan heterobatmia
y son estrictamente monofiléticas las llamamos especies
hermanas. En el caso de la figura 51(c), P1 y P2 son claramente
especies hermanas. Estos son, de manera muy general, los fundamentos
de la teoría de la sistemática filogenética,
propuesta por Willi Hennig (1968).
Supongamos ahora que P1 ocupe en la actualidad el área S1,
y P2 el área S2, como se muestra en la figura 52(b). Al estudiar
su morfología determinamos que presentan heterobatmia y que
son estrictamente monofiléticas (figura 51(c)). Entonces
podemos proponer la hipótesis de que sus áreas de
distribución fueron separadas en el pasado por alguna barrera
física. En consecuencia postulamos que su antecesora, P,
ocupó un área que es la unión de S1 y S2, o
sea, una única área antecesora S (figura 52(a)), si
es que el proceso de especiación fue por vicarianza (aislamiento
geográfico). Nótese que P1 y P2 reemplazan o sustituyen
a P, así como S1 y S2 reemplazan o sustituyen a S (en el
tiempo); por eso la teoría se llama vicarianza (del latín
vicarius, sustituto).

Figura 51. Representación
diagramática de un caso simple de especiación, con
diferenciación morfológica.
Hagamos un ejercicio hipotético con el caso de la figura
49. Ya estudiamos las especies a, b, c, d, e y f, y determinamos
sus apomorfías (caracteres derivados). Transformemos ahora
esas especies en conjuntos de apomorfías:
Haciendo operaciones con esos conjuntos podemos recuperar la historia
evolutiva de las especies correspondientes.
Así, a' es una sinapomorfía de A, B, C, D, E y F.
Era, pues, una autapomorfía del antecesor común hipotético
de todas esas especies, o sea:
A n B n C n D n E n F = {a'}
Postulamos, pues, que en el pasado existió un antecesor hipotético,
al cual denominaremos M, que poseía una autapomorfía
(a') y todos los otros caracteres estaban en estado plesiomórfico,
o sea, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m (figura 53).
Como M (el conjunto unitario
de a') está propiamente incluido en todas las especies terminales
A, B, C, D, E y F, lo eliminamos de todos esos conjuntos:

Figura 52.
A - M
B - M
C - M
D - M
E - M
F - M
Y obtenemos así los nuevos conjuntos:


Figura 53. El antecesor hipotético M
de las especies actuales A, B, C, D, E Y F.
La siguiente operación es hacer intersecciones de esos conjuntos,
tomándolos de dos en dos, para ver cómo están
relacionados. Es obvio que A1 es diferente de cualquier otro y que
B1 n C1 n D1 n E1 n F1 = {d'}. Una gráfica de esta se encuentra
en la figura 54.
El diagrama de la figura 54
se interpretaría de la siguiente manera: el antecesor hipotético
M, que poseía la autapomorfía a', se dividió
(especió), originando las especies descendientes A (que llegó
hasta el presente) y N /hipotética). A y N son especies hermanas,
pues presentan heterobatmia (dada por las autapomorfías b'
y c' de A, y d' de N) y son monofiléticas (estrictamente,
en este caso), ya que presentan la sinapomorfía a' (de aquí
en adelante queda sobreentendido que toda autapomorfía de
un antecesor resulta en una sinapomorfía para sus descendientes).
Como el antecesor hipotético
N, entendido como el conjunto unitario de d', está propiamente
incluido en B1, C1, D1, E1 y F1, lo eliminamos de esos conjuntos:
Salta a los ojos que B2 n C2
= {e'} y que D2 n E2 n F2 = {h', i'}. Llamemos a esas intersecciones
no nulas (esto es, con elementos), respectivamente, como O y P (O
= {e'}; P = {h', i'}). La representación gráfica de
esto se encuentra en la figura 55.

Figura 54.
Obtuvimos las especies hermanas (hipotéticas) O y P. Nótese
que A es también especie hermana de O y P (pues presenta
heterobatmia con cualquiera de las otras dos) y es monofilética
(pero no estrictamente) con O y P, pues las tres presentan la sinapomorfía
a'.
Figura 55.
En seguida eliminamos O de B2 y C2. Obtenemos así que B2
y C2 presentan heterobatmia, o sea que son especies hermanas.
Eliminamos P de D2, E2, F2.
Vemos que D2 es disyunta de E2 y F2. Estas dos últimas tienen
intersección no nula (Q = {k'}) y presentan heterobatmia.
Resulta entonces el diagrama de la figura 56, con lo cual termina
nuestro análisis filogenético y tenemos así
la historia evolutiva de nuestro grupo.
Es la única historia
verdadera a la luz de los datos (conjuntos de apomorfías).
Pero hay otras historias posibles. ¿Cuál es la probabilidad
de que sea verdadera esa reconstrucción de la historia evolutiva
de esos taxones? Consideremos lo siguiente: para dos especies terminales
tenemos una sola posibilidad (figura 57).
Es equivalente poner A, B como
B, A. En ambos casos tenemos que A y B son especies hermanas (estrictamente).
Pero en el caso de tres especies terminales tenemos tres posibilidades
de representar su historia evolutiva, si el cladograma incluye
secuencias dicotómicas (figura 58).
Las tres historias son distintas
pues postulamos diferentes antecesores, según se consideren
B y C, A y C, o A y B como especies hermanas estrictas (respectivamente
X, Y y Z).
Si adicionamos una cuarta especie
terminal, D, y mantenemos secuencias dicotómicas, obtenemos
15 posibilidades de hacer cladogramas (representaciones gráficas
de las relaciones entre las ramas o clados). Así, para la
configuración A (B, C) podemos poner una cuarta especie D
en cinco posiciones distintas.
Figura 56.
Figura 57.
Figura 58.
Como para cada una de las tres configuraciones de la figura 58 la
adición de una cuarta especie genera cinco configuraciones
(figura 59), obtenemos así 3 x 5 = 15 configuraciones posibles
para cladogramas de cuatro especies terminales, con secuencias dicotómicas.
El número de cladogramas
posibles aumenta de manera extraordinaria a medida que se añaden
especies terminales. La tabla 2 nos da el número de cladogramas
posibles para n especies terminales (n varía de 2 a 22);
los cladogramas siempre están representados por secuencias
dicotómicas.
Por lo tanto, la probabilidad
de que nuestro cladograma de la figura 55 sea verdadero es de 1/945.
Ahora podemos reconstruir la
historia biogeográfica de nuestro grupo. Hacemos esto remplazando
los nombres de las especies terminales del cladograma por sus áreas
de distribución. Reconsideremos el mapa representado en al
figura 49. Sustituyendo los nombres de las especies terminales por
sus áreas de distribución obtenemos el cladograma
de áreas de la figura 60.
TABLA 2. Número de
cladogramas dicotómicos posibles para n especies terminales.
| Número de especies terminales |
Número de cladogramas dicotómicos
posibles |
| ________________________________________________________
|
| 2 |
1 |
| 3 |
3 |
| 4 |
15 |
| 5 |
105 |
| 6 |
945 |
| 7 |
10 395
|
| 8 |
135 135
|
| 9 |
2 027 025
|
| 10 |
34 459 425
|
| 11 |
654 729 075
|
| 12 |
13 749 310 575
|
| 13 |
316 234 143 225
|
| 14 |
7 905 853 580 625 |
| 15 |
213 458 046 676 875
|
| 16 |
6 190 283 353 629 375
|
| 17 |
191 898 783 962 510 625
|
| 18 |
6 332 659 870 762 850 625
|
| 19 |
221 643 095 476 699 771 875
|
| 20 |
8 200 794 532 637 891 559 375
|
| 21 |
319 830 986 772 877 770 815 625
|
| 22 |
3 113 070 457 587 988 603 440 625
|
| |
También ahora podemos proponer la hipótesis de
que la historia del grupo fue por vicarianza. Como áreas
hoy disyuntas, ocupadas por especies hermanas (en el sentido estricto),
constituían sólo un área antecesora; ocupada
por el antecesor único inmediato de las especies que han
derivado a partir de ese antecesor procedemos de la siguiente manera:
unimos las áreas ocupadas por dos especies hermanas en una
sola área, que atribuimos al antecesor inmediato de esas
especies hermanas y, bajo ese procedimiento, llegamos hasta el área
ocupada por el antecesor de todo el grupo monofilético. Para
nuestro grupo de la figura 49, "volviendo al pasado" tendríamos
la historia que aparece en la figura 61.
Figura 59.
Aquí termina el trabajo del biólogo. Pero quedan cuando
menos dos problemas por resolver:
- ¿Cómo podemos demostrar que la historia fue
realmente ésa, y que se debió a vicarianza? El
patrón actualmente formado por las especies A, B, C,
D, E y F podría deberse al puro azar.
- Si la historia es debida a vicarianza, ¿cuáles
fueron los cambios ocurridos en la Tierra que causaron los eventos
de especiación biológica y cuáles sus fechas?
Es tarea del biólogo
responder a la primera pregunta. El geólogo responde a la
segunda. Veamos cómo. Ilustremos con un ejemplo semihipotético.
Consideremos las aves Ratitae que aparecen en la figura 62.
Supongamos, para facilitar nuestra tarea, que sólo existen
estas especies terminales:
Figura 60. Cladograma de áreas.
B) el Aepyornis (extinto) en Madagascar;
A) el Dinornis (extinto) en Nueva Zelanda;
D) el casuar en Nueva Guinea
C) el emú en Australia y Tasmania.
E) el ñandú en Sudamérica;
F) el avestruz en África;
Lo primero que debemos averiguar
es la filogenia del grupo, como ya vimos antes. Supongamos que la
filogenia resultó como el diagrama de la figura 63. Lo que
sigue es transformar el cladograma de especies en un cladograma
de áreas. En nuestro ejemplo obtenemos el diagrama de la
figura 64.
Entonces proponemos la hipótesis
de que Y el antecesor inmediato de A y E, habitaba un área
única, formada por la unión de los bloques actuales
llamados Sudamérica y Nueva Zelanda. Que X, el antecesor
inmediato de D y C, habitaba un área formada por la unión
de Australia y Tasmania y Nueva Guinea. Que W, el antecesor inmediato
de X y Y habitaba un supercontinente formado por la unión
de los actuales bloques de Nueva Guinea, Australia, Tasmania, Nueva
Zelanda y Sudamerica. Y finalmente, que U, el antecesor inmediato
de V y W, habitaba un supercontinente formado por la unión
de África y Madagascar (en donde vivía V, el antecesor
inmediato de F y B) con el continente en donde vivía W.
Figura 61.

Figura 62. Diferentes especies de Ratitae ysu procedencia geográfica.
Figura 63.
¿Cómo poner a prueba esta hipótesis?
Recordemos que, en un mismo
lugar de la Tierra, hay muchísimos grupos de animales y de
vegetales que están en simpatría. Los grandes eventos
de vicarianza deben haber afectado simultáneamente a muchos
de esos grupos. Entonces podemos someter a prueba nuestra hipótesis
buscando otros grupos monofiléticos que ocupen las mismas
áreas actuales que las especies de nuestro grupo y que tengan
la misma historia evolutiva. Hay varias posibilidades:
A) Nuestro grupo constituye un patrón único
de distribución geográfica; cartografiando otros grupos
distintos, sus respectivas especies nunca estarán en simpatría
con las primeras. En este caso abandonamos la hipótesis de
la vicarianza y adoptamos el azar (dispersión) para explicar
el patrón de distribución de nuestro grupo.
Figura 64.
B) Supongamos que existen otros grupos monofiléticos
que, al ser trazados en un mapa, muestran que existe simpatría
con las especies del grupo que queremos. Por ejemplo, tomamos nuestro
grupo A, B, C, E, F que queremos poner a prueba; y otros dos grupos
más: M, N, O, P, Q, R, y U, V, W, X, Y, Z. Hacemos su localización
en un mapa en forma separada y sobreponemos los tres mapas para
comprobar que hay simpatría entre las especies. Obtenemos
así un patrón generalizado (figura 65).
Podemos continuar nuestro análisis
y hacer la filogenia de los tres grupos. Pueden resultar dos cosas
distintas:
a) Los tres cladogramas
tienen el mismo dibujo (como el ejemplo de la figura 66). Entonces,
el cladograma de áreas sería igual.
b) Los tres cladogramas tienen diferentes dibujos (como,
por ejemplo, en la figura 67)

Figura 65.
En el caso (a) proseguimos con nuestro análisis (ver C, en
el párrafo siguiente). En el caso (b) queda claro que los
tres grupos monofiléticos tienen distintas historias evolutivas,
y, obviamente, distintas historias biogeográficas. El hecho
de que sus especies estén en simpatría se debe, por
lo tanto, al azar y no a la vicarianza.
C) En caso de que todos
los cladogramas de los grupos comprendidos en un patrón generalizado
de distribución sean idénticos en su forma, continuamos
el análisis transformando los cladogramas de especies en
cladogramas de áreas. Pueden resultar dos cosas:
Figura 66.

Figura 67.
Figura 68.
a) Que los cladogramas resulten idénticos (por ejemplo,
véase la figura 68; compárela con la figura 66).
b) Que exista un patrón
generalizado formado por los distintos grupos monofiléticos,
pero que, una vez transformado en cladogramas de áreas, los
cladogramas de especies resulten distintos (figuras 69 y 70).
En el caso (b), está claro, los tres grupos tienen historias
biogeográficas totalmente distintas. El patrón generalizado
que forman (figura 69) fue debido al azar.
Figura 69.
Figura 70.
En el caso (a), finalmente, tenemos una probabilidad de que el patrón
formado por los tres grupos se deba a vicarianza. Decimos probabilidad
porque nunca podemos descartar el azar (la dispersión). Por
otro lado, podemos calcular cuál es la probabilidad de que
estos cladogramas de especies transformados en cladogramas de áreas
resulten idénticos por azar. Utilicemos la fórmula:
1/x es la probabilidad que tiene cada cladograma de ser verdadero
(consúltese la figura 59); n es el número de cladogramas
de especies transformados en cladogramas de áreas que resultaron
idénticos. En nuestro caso hipotético, pues, cada
cladograma tiene la probabilidad de 1/945. Como estamos utilizando
tres cladogramas, la probabilidad de que hayan resultado idénticos
los cladogramas de área única y exclusivamente debido
al azar es de:
Podemos aumentar nuestra probabilidad
incrementando el número de cladogramas (si resultan idénticos
transformados en cladogramas de áreas). Si utilizamos, por
ejemplo, 10 cladogramas, la probabilidad de que resulten idénticos
debido al azar (y no por vicarianza) se elevará a:
Cuantas más especies terminales haya en nuestros cladogramas,
mayores serán las probabilidades de que su concordancia,
una vez transformados en cladogramas de área, sea debida
a vicarianza. Si trabajamos con tres cladogramas de 22 especies
terminales que, una vez transformados en cladogramas de áreas
resultan idénticos, la probabilidad de que el patrón
generalizado no sea debido a la vicarianza, y sí al azar
(o sea, a la dispersión), es de exactamente
La debilidad de la hipótesis filogenética se transforma
ahora en una fuerza extraordinaria de la hipótesis de vicarianza.
Llega entonces el momento en
que el biólogo tiene que pedir a su colega geólogo
que le prepare un cladograma geológico del área con
la cual trabajó. Si el geólogo puede hacer ese cladograma,
es posible que sucedan tres cosas:
1) El cladograma del
geólogo es más completo que el del biólogo.
Supongamos que para nuestro caso de las aves (figuras 62-64) hayamos
obtenido muchos más cladogramas que, reducidos a cladogramas
de áreas, resulten como el de la figura 64, y que el geólogo
nos da un cladograma tal como el de la figura 44. Como ya dijimos
el cladograma geológico es más completo que el biológico,
pero este último se "acopla" como un subconjunto
propio del primero. Así, podemos interpretar la historia
conjunta de la Tierra y la vida y completar la historia de esta
última. Nótese que nuestro grupo de aves tenía
su antecesor en Gondwana, por lo tanto, podemos decir que es necesario
que haya habido una especie hermana (estricta) en Laurasia. El ancestro
de ambos grupos estaba en Pangea. Esto apoyaría la hipótesis
de que nuestro grupo tiene por lo menos 180 millones de años;
que por esa época, al dividirse Pangea en Laurasia y Gondwana,
la especie antecesora de los Ratitae especió, con lo cual
apareció una especie en Laurasia y otra en Gondwana; la primera
aún no ha sido encontrada como fósil. El antecesor
que ocupaba Gondwana también especió cuando ese supercontinente
se dividió en Afroindia y el resto, hace unos 80 millones
de años. Después, Madagascar se separó de África
(ese hecho no está representado en el diagrama de la figura
44), y la especie que ocupaba todo ese continente se separó,
originando (en nuestro caso semihipotético) el avestruz de
África y el Aepyornis de Madagascar, que son (en nuestro
ejemplo) especies terminales (el Aepyornis hoy está extinto).
Pero vemos en el diagrama de la figura 44 que India estaba unida
a África en ese tiempo, por lo cual debemos esperar encontrar
también en la India un representante fósil de ese
grupo de aves. El resto de Gondwana era entonces ocupado (hace 80
millones de años) sólo por una especie, que se fragmentó
posteriormente con la división de ese supercontinente, generando
una especie en Australia (que según nuestra hipótesis
sería el actual emú, y una especie hermana que ocupaba,
hace 70 millones de años, el bloque constituido por Nueva
Zelanda, Antártida occidental y Sudamérica. Con la
partición de ese bloque en dos la especie se separó
y surgió el casuar de Nueva Zelanda y su especie hermana,
que debería estar en Antártida occidental y Sudamérica.
Finalmente, esta especie dio origen al ñandú en Sudamérica
y su especie hermana (desconocida) en Antártida occidental
(si es que no estaba congelada por ese tiempo). Esa última
especiación ocurrió hace 40 millones de años.
Claro que todo esto es hipotético, pero necesario a la luz
de la teoría de la vicarianza. Así, gracias al cladograma
geológico podemos "completar" la historia de lo
vivo" y, también, "predecir" la existencia
de especies fósiles (con todos sus caracteres apomórficos)
antecesoras en todas las uniones de bloques continentales pasados.
Gracias a la teoría de la vicarianza tenemos ahora, con muchos
detalles, la historia de la coevolución de la Tierra y la
vida, las fechas de los acontecimientos de especiación (de
la Tierra y la vida), podemos saber cuáles fueron las barreras
físicas que los causaron, cuántas especies antecesoras
han existido, cuáles fueron sus caracteres, dónde
vivían y durante cuál periodo geológico. Y
podemos igualmente conocer el número mínimo de especies
terminales que, o se extinguieron y aún no han sido encontradas
como fósiles, o que viven pero no han sido recolectadas u
observadas.
2) El cladograma del
geólogo es idéntico al cladograma de áreas
de los biólogos. En este caso sabemos que no hubo extinciones
en los grupos de organismos y podemos poner fechas a todos los eventos
de especiación y saber cuáles han sido las barreras
causantes de la especiación.
3) El cladograma de
áreas obtenido por los biólogos tiene una altísima
probabilidad de ser verdadero (superposición de muchos cladogramas
de áreas idénticos), pero está en total desacuerdo
con el cladograma del geólogo. En este caso, el geólogo
es quien está equivocado y tiene que rehacer su cladograma
pues, estadísticamente, si distintos grupos, con distintas
ecologías y biologías, tuvieron la misma historia
biogeográfica (tal como lo revela el cladograma de áreas),
la probabilidad de que esa identidad sea debida al azar (dispersión)
es astronómicamente baja. Es el geólogo quien tiene
que reexaminar sus datos pues trabaja con un solo sistema, la Tierra.
Los biólogos podemos trabajar con muchísimos sistemas
que están en simpatría.
La vicarianza es la teoría central de la biología,
una nueva ciencia que engloba todas sus ramas, desde la morfología
hasta la ecología. Es una síntesis revolucionaria,
la mayor revolución surgida en la milenaria historia de la
biología. Sobre ella se apoya el análisis de las relaciones
históricas de sus distintas entidades.
La elegancia suprema de la
teoría de la vicarianza es que la historia de la Tierra se
encuentra escrita en los cromosomas de los seres vivos.
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