La complejidad de los sistemas dinámicos y abiertos, y en la mayoría de los casos, la imposibilidad ética, operativa y económica de manipularlos, con el fin de analizar y tomar decisiones sobre los cambios que sufren, hace necesaria la simulación de sistemas utilizando herramientas tecnológicas informáticas.
Como recursos poderosos y hasta ciertos puntos flexibles, teniendo en cuenta las restricciones técnicas y la cantidad de variables que se pueden tener en cuenta sobre los modelos, las herramientas tecnológicas permiten implementar y utilizar aplicaciones que se “parecen” y se “comportan” como el sistema.