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En este texto se busca analizar las figuras más
persistentes de una conflictualidad latente , que a pesar de ello,
permite la convivencia abierta de dos comunidades afrocolombianas:
la raizal, originaria de las islas, de religión predominantemente
protestante, y anglófona, y una comunidad negra inmigrada
originaria de la costa Caribe, de religión predominantemente
católica y lengua española, que tiene muy poca unidad
interna a pesar de su gran identidad Caribe. Al margen de estas
comunidades, existen grupos de inmigrados del país de diferentes
departamentos especialmente del Valle, Antioquia y Cundinamarca,
con muy poca cohesión interna Y frente a estas comunidades
nacionales aparece una comunidad de origen libanés (muchos
nacionalizados colombianos), que habla árabe y de religión
musulmana, (aunque también hay católicos), dedicada
al comercio, que maneja prácticamente la economía
de la isla y que se ha integrado desde el punto de vista político
y social, pero que tiene como característica principal no
mezclarse con la población de cultura Caribe
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