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Pero de qué manera la comunidad académica
puede contribuir, en primer lugar a entender el conflicto, puesto
que entender y explicar es su misión fundamental, y en segundo
lugar a superarlo, puesto que la Universidad también es sociedad
civil.
Creemos que inicialmente es necesario ser consciente
de que los términos en que se ha planteado tanto la problemática
de la comunidad raizal como la de los inmigrantes, no admite solución.
Que se requieren otros términos diferentes, incluso diferentes
al del sistema clásico, "aquí hay un problema,
esta es la solución". Que se requiere, por ejemplo entender
la soberanía tanto la que reinvindica la comunidad nativa,
como la de los que la interpretan del lado del Estado, de otro modo.
Y estar de acuerdo en que la solución de los problemas étnicos
pasa por la igualdad para los ciudadanos viviendo legalmente en
la isla. Pero evidentemente teniendo como eje de cualquier acuerdo
el de la aceptación del carácter central de la cultura
nativa para los demás grupos étnicos, pues así
lo ordena la Constitución de 1991, que define un país
multiétnico y multicultural..
Para las ciencias sociales este es un tema actual.
El despertar de los grupos étnicos especialmente en Europa
con la guerra de la exyugoeslavia, los balcanes, o de los misma
ETA en España y de los corsos en Francia, o el caso de los
kurdos en Turquía e Irak, ha permitido a la filosofía
política repensar el tema de los derechos "comunitarios"
dentro de las sociedades nacionales de carácter multicultural.
Este viejo debate fue promovido en Estados Unidos por la antropología
cultural y la black sociology en los años 60 buscando la
igualdad racial y por esta vía la igualdad política.
Pero no solo de los grupos negros sino de los diferentes grupos
étnicos que conformaron "las comunidades históricas"
que construyeron la nación americana, lo que generó
un debate de filosofía política entre "comunitaristas"
y liberales "republicanistas" por los años 70,
especialmente en Berkeley, y que aún continúa en otros
países.
En los últimos años el debate se
ha renovado en Francia especialmente a raíz de las demandas
de inserción en la sociedad de las comunidades de inmigrados
y de orígenes étnicos (judíos, "pied noirs",
criollos del caribe y polinesia, etc), ante la extrema presión
y estigmatización a que los había sometido la extrema
derecha de Le Pen en 1998. Pero también es el tema central
en Colombia que a partir de la Constitución de 1991 da un
pie de igualdad política a las diferentes comunidades indígenas
y negras del país, reconociéndolas no solo como partes
de ella, sino como "comunidades históricas" a partir
de las cuales ésta se ha fundado . Por eso, este debate teórico
no es extraño a la situación que viven las islas y
su conocimiento contribuye a esclarecer los caminos de la convivencia.
No insistimos en las tesis de este debate, pues
no son el tema de esta corta intervención en el simposio.
Pero es en ellas en donde se espera enmarcar el conocimiento empírico
y directo, además de las vivencias que se tienen en las islas,
pues lo que aparentemente es fácil de percibir en el discurso
filosófico-político, es muy difícil de reconocer
en la práctica, y al final como sucede actualmente, no sabemos
de que se está hablando cuando el "comunitarismo"
(reconocimiento de los derechos étnicos y de las minorías),
emerge contra el "republicanismo" (reconocimiento de una
ciudadanía para todos en lo público, y de unas pertenencias
comunitarias en lo privado).
En lo que sí queremos insistir en al menos
dos formas, el respeto mutuo de las comunidades de base étnica
y religiosa y las uniones interétnicas, de entre las muchas
a través de las cuales emerge la figura de la convivencia
abierta . Estas formas siempre se han dado en la realidad de las
islas a través de los mecanismos que el Caribe ha estructurado
para hacer convivir lo múltiple y lo diverso en un esfuerzo
por aceptar la diferencia. Es lo que hemos llamado la matriz étnica,
o sea el proceso por el cual las diferencias se encuentran finalmente
reconocidas por la pertenencia a un área cultural común:
el Caribe. Y ello a pesar de las diferentes pertenencias que la
persona tiene con sus comunidades de origen étnico, político
o religiosos. Que es lo que ha permitido que las diferentes comunidades
de Curazao, de Trinidad, de Haití y Santo Domingo vivan actualmente
sus conflicto latentes, temperados por una convivencia abierta.
Conflictos que en el caso de la isla se atenúan
también por las relaciones interétnicas a través
de la familias mixtas, o lo que en las islas se llaman los fifty-fifty.
Este intercambio permanente de sangre es otra de las características
principales del Caribe, pues son aún sistemas de parentesco
"elementales" en el sentido de Pitt-Rivers , o sea las
que aceptan el intercambio de mujeres, a diferencia de las sociedades
complejas como las del Mediterráneo que el estudió,
que rechazan el intercambio y cuya idea del honor es completamente
diferente de la del Caribe.
Estas estructuraciones sociales comunes en el Caribe,
funcionan también en el Archipiélago, haciendo que
las reinvindicaciones comunitarias y étnicas, que engendran
diferencias sean atenuadas por la uniones interétnicas, que
si bien no son una solución a la problemática étnica
y racial como lo demuestran los estudios de la black sociology.
,si permiten la convivencia con la diferencia en el núcleo
familiar, con todos los problemas de identificación que la
situación puede engendrar.
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